ABEL ESTÉVEZ: EL CAUDILLO QUE A LOS 86 AÑOS REAFIRMA SU LEALTAD PERONISTA CON EL VOTO

Es una figura emblemática de la “justicia social” en Trenque Lauquen. Concejal, presidente del PJ y diputado provincial, con 86 años y problemas de salud fue a las urnas este domingo con el compromiso de siempre

abel vota

Uno de los hechos salientes en lo anecdótico de la jornada electoral de este último domingo, fue la presencia del viejo caudillo peronista Abel Estévez concurriendo a votar, pese a que a sus 86 años podría no hacerlo, ya que desde los 70 no existe esa obligatoriedad, Más aún, hace pocos días lo afectó un problema de salud, y también hubiera sido un motivo para excusarse y quedarse en casa. Pero antepuso a la comodidad la íntima necesidad de reafirmar su compromiso y lealtad peronista, y fue a depositar su sufragio.

Abel desde pequeño, comenzó a hacer germinar una pasión que se agigantaría con el correr de los años: su identidad ideológica con el peronismo. Siendo cadete de una escribanía, aún de pantalones cortos, pidió permiso para salir, y marchar como tantos cuando el 19 de febrero de 1946 hacía una parada en la estación del ferrocarril de Trenque Lauquen el tren que conducía a Juan Domingo Perón en los finales de la campaña electoral que días después lo llevarían a triunfar en las elecciones y erigirse por primera vez como presidente del país.

Militó en sus filas, llegando a ocupar cargos expectantes, como presidente del partido en el distrito, concejal y diputado provincial, aunque fracasaría en su pretensión más deseada: la de ser intendente. Quizás, una gran injusticia, porque en su cabeza rondaban mil proyectos para hacer felices, sobre todo, a “sus descamisados”.

De bolsillo generoso para todos aquellos que se acercaban a él con una necesidad, valorado con afecto por la oposición, expresó como pocos sus sentimientos por el peronismo cuando en el ’83, en el comienzo de la nueva aurora democrática, cantaba con sus seguidores a voz en cuello la marcha partidaria alzando el brazo con los dedos de su mano en “v”, mientras las lágrimas le surcaban el rostro curtido de tantas batallas en defensa de su ideario.

Ayer, pese a sus años y su salud, fue a reafirmarlo, expresándolo con su voto en la urna y seguir alimentando su leyenda.