DÍA DEL TRABAJADOR: LOS OFICIOS QUE YA NO ESTÁN: LECHERO, LUSTRABOTAS, SASTRE, COLCHONERO Y OTROS MÁS

Nuestra generación de mayores aún recuerda con nostalgia cómo el tiempo se fue llevando actividades, trabajos y oficios que ya no regresarán, y que marcaron hasta con pintoresquismo épocas pasadas. Aquí, algunos de esos casilleros que quedaron vacíos en la añoranza de la vida de los pueblos, y que el notable y cada vez más vertiginoso avance tecnológico, como las nuevas costumbres en el comportamiento de la sociedad, los fueron completando en otras direcciones inmensamente menos artesanales.

  • Lecheros
    Escuchar esas voces nos remiten al lechero que desarrollaba la venta ambulante del producto a una poblada clientela domiciliaria que lo esperaba diariamente. Venían de las quintas, donde poseían algunas vacas Holando a las que ordeñaban a mano de madrugada, y luego volcaban lo obtenido en grandes tarros, que hoy como dato de color son muy buscados como ornamentos para sumarlos a la decoración casera.
lechero
Cuando la leche se vendía suelta

Luego los subían a un carro tirado por un caballo, y comenzaban su recorrido por la ciudad para detenerse en los domicilios, separando del tarro con un jarro medidor la cantidad que el vecino le requería. La tarea, carente de los menores cuidados higiénicos, más allá que luego la leche era hervida en los hogares antes de ser consumida – con la nata de ella se elaboraba además manteca casera – motivó otras prácticas de mayor salubridad como la exigencia de la pasteurización, sumado al nacimiento de las industrias que dieron lugar al envasado del producto primero en botellas, y posteriormente en sachets y cajas de cartón.

  • Verduleros
    Igualmente, la ciudad contaba en su periferia con pequeñas chacras, donde se cultivaban con generosidad frutas y verduras, y abundaba la cría de gallinas fértiles en la producción de huevos. Mediante un procedimiento similar al de los lecheros, cargaban la producción del momento a un carro, y la vendían a sus clientes habituales, como también deteniéndose en las esquinas, donde los vecinos acudían a adquirir la mercadería, que era pesada en una rústica balanza romana.

El paso de los años motivó la apertura de locales, donde quedó concentrada la comercialización. Las quintas languidecieron, dejando de producir, y en la actualidad, esa fresca producción local fue reemplazada por otra refrigerada que llega desde afuera.

  • Lustrabotas
    Otros personajes singulares fueron los “lustrabotas” como se los conocía, es decir, lustradores de zapatos, habitualmente apostados en las esquinas céntricas de “la Galver”, “la Galli”, y otras. Se acompañaban de un modesto cajoncito, que les servía para guardar en su interior betunes, cepillos, y franela, además de unos cartones que colocaban a ambos lados del calzado, para no manchar las medias del ocasional transeúnte.
lustrabotas
El lustrabotas, personaje de una época

Este apoyaba alternativamente sus pies sobre el cajón para que el lustrador pudiera cumplir su tarea, que la realizaba inclinándose y sentado sobre un banquito de madera. Saturnino Salazar y Carmelo Petrone se anotan entre los reconocidos dentro de ese paisaje céntrico, como también el de un jovencito de rasgos gardelianos, que recorría las mesas de la confitería “Las Familias” para ganarse unas monedas. Se llamó Ismael Pérez y fue después uno de los históricos cantores pueblerinos de tango.

El cambio de hábitos derivados hacia el uso de la zapatilla y a otros tipos de calzado sintético, que reemplazaron al cuero, los obligaron a una paulatina despedida de la Villegas.

  • El hombre de la víbora
    Otra singular escena se manifestaba cada tanto en nuestra arteria principal con la llegada de vendedores callejeros que se instalaban preferentemente en la esquina de Villegas y 9 de Julio atrayendo al público con la excéntrica costumbre de enroscarse en el cuerpo una enorme, aunque inofensiva víbora. Hasta invitaba a quienes lo rodeaban a hacer lo propio, por lo que siempre había algún audaz aceptando el convite.

Luego, se desprendía del reptil, abría una valija, y ofrecía sus ofertas de medias, corbatas, pañuelos, y otros artículos. Mientras tanto, el animal se desplazaba libremente por la vereda, y era clásica su advertencia: “Por favor, no me pisen la víbora”. Quizá de allí partió aquel popular dicho endosado a quien es engañado: “Le enroscaron la víbora”.

  • El afilador
    Otro oficio en extinción es el del afilador, un incansable trashumante de recorrida por los pueblos en los que ofrecía sus servicios, movilizándose en una bicicleta y una suerte de flauta, cuya melodía característica era el anuncio de su cercana presencia.
afilador
El afilador, otro oficio desparecido

Entre el manubrio y el asiento adaptaba una piedra esmeril, accionada a través de los pedales de la bicicleta. De ese modo hacía girar la piedra para darle filo a cuchillos, tijeras, navajas y cualquier instrumento de corte. La modernidad con sus cuchillos dentados, la venta de piedras y de pequeños aparatos muy económicos para afilar en casa, contribuyeron a no depender ya del afilador.

  • El colchonero
    En tiempos de sofisticados colchones, con sus variantes “king size”, sommiers y otros, es difícil imaginar que a aquellos hace algunos años se los rellenaba con lana, algodón o crin, lo cual provocaba que, por un uso prolongado, se apelmazara, o se hundiera en los espacios más utilizados por quienes descansaban sobre ellos.
cardadora
El colchonero en plena tarea con su rústica cardadora

¿Cuál era la solución? El trabajo del hoy desaparecido colchonero que valiéndose de una máquina cardadora – tabla curva con clavos debajo de ella que se desplazaba en vaivén – después de extraer la lana del interior, la desenredaba, y así recomponía el colchón.

  • Vendedor de libros
    Otro viajero del tiempo fue el vendedor de libros a domicilio, cuando en la ciudad, a excepción de la Biblioteca Rivadavia, no contaba con otras, ni tampoco librerías, incluso algunas muy específicas, como las referidas al mundo jurídico u otras profesiones. Uno de esos históricos visitantes, con su particular bibliografía de izquierda fue Jorge Altamira, fundador del Partido Obrero, y en años más recientes, legislador porteño y candidato a presidente.
  • Sombreros y sastres
    Hoy es de uso común la gorra con visera, pero algunas décadas atrás, la costumbre del sombrero era la habitualidad, y Trenque Lauquen, tuvo una famosa sombrerería en la avenida Villegas al 300, propiedad de los hermanos Gigirín, que fueron además eximios violinistas de orquestas locales. Allí los trenquelauquenses podían adquirir ranchos y chambergos, entre las variantes que se ofrecían.
sombreros
Una sombrerería, y sus nutridos estantes

Hay que sumar a quienes vestían con elegancia a nuestros vecinos a los sastres, enormes artesanos que confeccionaban trajes a medida. Algunas tiendas de la ciudad, como Los Vascos y Casa Rojo, tenían el suyo, sumados a los que ejercían el oficio en sus domicilios. Suenan, entre otros, apellidos como el de los hermanos Álvarez, Olmos, Netri, Fisicaro, Canobbio, Staffa, Rodríguez, y Vallaud. Este alentaba un fervoroso peronismo, a tal punto que en su taller de costura no pasaba desapercibida por su tamaño la foto del general Perón. Su hija Raquel fue luego una destacada dirigente y concejal del PJ.

  • El relojero
    También quedó en ese rezago de la historia el avezado relojero moviéndose, provisto de un monóculo para aumentar su visión en medio de casi microscópicas piezas, para encontrar con precisión quirúrgica el tic tac perfecto. Entonces los relojes a cuerda sólo venían de Suiza, y no todos podían hacer acceder a ellos, hasta que los japoneses rompieron ese exclusivo mercado con relojes más económicos y otros adelantos técnicos y estéticos, que desplazaron la reparación.
relojero
El relojero: un trabajo manual que requería de gran precisión

Tampoco quedaron rastros del operador telefónico cuando los aparatos no eran automáticos. Había que dirigirse a una central para que el empleado le trasfiriera la llamada al destinatario. Al ser instaladas las redes que permitieron comunicarse sin esa intermediación también excluyó el trabajo del operador.

 

sastre
La ciudad tuvo a grandes sastres que vestían a sus clientes con ropa a medida

Cada uno de estos oficios y trabajos han dejado el querible recuerdo de sus huellas hundidas en el pasado, pero el mundo mira hacia adelante. Robots, inteligencia artificial, biotecnología, entre otros notables avances, decantarán rápidamente hacia otro escenario, muy alejados de aquel venerado lechero, verdulero, afilador, o colchonero a domicilio.