Al drepa le batimos mi viejo o mi papá.
Según las circunstancias o la edad.
Yo estaba en el apronte de rajar para el cole.
Él me pasó revista, supervisó mis uñas,
el guardapolvo blanco, me fichó la lustrada,
me peinó con gomina, me anudó la corbata.
Su paternal embroque fue siempre de caricia,
me miraba hacia ajoba, yo a él para arriba.
Hoy lo sigo junando y a pesar de su piro,
de arribeño me sigue revoleando sonrisas.
Por sus cosas de macho, mate amargo, tabaco,
su crema de afeitar y además el ruidito
de la yilé filosa raspando a contrapelo,
yo siempre quise ser igualito a mi viejo.
Mientras él se afeitaba, yo iba haciéndole muecas,
el cuello para un lado, la jeta para allá…
pungándole en secreto su colección de gestos,
yo me estaba afeitando, igual que mi papá.
Manyó que lo imitaba y ahí sí, me dio la cana
mi buen papá noel de la barba espumada
que bromeó: “¡que hacé mono!”, riéndose con ganas.
Yo también me reía -¡Uy que linda mancada!
Le dí un beso a lo bruto, me rajé para el cole.
Chau papá! dije y él que seguía riendo
¡Volvé!, que estás llevando mi jabón en tu ñata.
Yo me hice el sordeli y me olivé contento.
Me sentía feliz al entrar al colegio.
Tenía olor a mate y a su tabaco negro
perfumado de espuma del jabón de afeitar.
Tenía en la nariz, olor a mi papá.

Los versos, que adquieren relevancia en cada Día del Padre, pertenecen a Roberto Peregrino Salcedo, fallecido en Buenos Aires en agosto de 2000, a los 72 años. Fue un reconocido periodista, escritor, poeta, humorista y libretista.
De profunda fe cristiana escribió en varios libros “El Evangelio en lunfardo” (“Jesús chambuyaba en parábolas”; “Jesús, el dotor que cura de palabra” y “Sangre de Cristo, escabio de vida”, entre otros.
Gran amigo del actor cómico Juan Carlos Altavista para él creó el personaje Minguito Tinguitella, siendo su libretista durante más de 18 años tanto en cine como en radio y televisión.