Mientras en la región, para esta campaña 2023/2024, los productores aguardan con las mejoras expectativas la cosecha del maíz de segunda, fundados en las heladas que lo maduren, la recolección de la soja, también de segunda o tardía, recién ha comenzado, en un porcentaje estimado entre un 10 y 15% del total sembrado, según información que aporta a DataTrenque, el acopiador y consignatario Néstor Loza.
Agrega que la soja de primera sufrió la falta de lluvias, y por eso las precipitaciones que se sucedieron más adelante están favoreciendo un mejor desarrollo en la tardía, estimándose, entre ambas, que pueden alcanzar un promedio de 2900/3000 kilos por hectárea. En cuanto al maíz, el rendimiento oscilaría entre los 7000/8000 kilos por hectárea.

Felizmente en la región, salvo unos pocos lotes, consigna Loza, no fue afectada por la presencia inusual de una plaga conocida como la “chicharrita” , un insecto que provoca el denominado “achaparramiento del maíz”, y que ha originado graves pérdidas en los rendimientos, sobre todo en las provincias norteñas del país.
Se estima que la aparición del ataque al área maicera vino de la mano de los tres años de duración del fenómeno de “La Niña” que sufrió la Argentina con los elevados calores veraniegos combinados con una severa sequía, en momentos en que una mayor proporción del cultivo se encontraba todavía en las etapas vegetativas, y por lo tanto más susceptible al ataque del insecto.
En tal caso, las plantas pueden quedar completamente estériles o afectar la calidad de los granos, lo que genera mermas en el valor de la cosecha obtenida, con el perjuicio adicional que se trata de una plaga para la que no existen híbridos resistentes. Según la Bolsa de Comercio de Rosario la chicharrita le ha quitado a Argentina un poco más del 20% de la producción maicera.

En cuanto a la soja, la misma entidad señala que a nivel nacional podría obtenerse una cosecha y media más que en la campaña pasada. Es de recordar, según datos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, que la de 2022/2023 terminó con un derrumbe histórico, finalizando con una recolección de 21 millones de toneladas, esto es 22,3 millones de toneladas por debajo de la 2021/22.
Por la menor producción, el complejo de la oleaginosa, que comprende el grano, el aceite y la harina de soja, entre otros subproductos, vio mermadas en un 50% sus exportaciones, lo que obligó al anterior gobierno a implementar en cuatro ocasiones el llamado “dólar soja”, un tipo de cambio diferencial al que podían acceder productores y de ese modo incentivarlos a la liquidación de divisas.