
Se trata de dos historias separadas por dos mil años que concluyen cruzándose. Una bíblica; la otra la reproduce a ésta en su celebración popular. En este último caso, Trenque Lauquen es seguramente la más antigua del país, como que este último 6 de enero acaba de cumplir 91 años.

La festividad de los Reyes Magos es una efeméride incluida en el calendario cristiano basada en el relato contenido en el Evangelio de San Mateo, cuando Jesús, recién nacido, es visitado por tres magos de Oriente, los que, montados sobre camellos y guiados por una estrella, son conducidos hacia el pesebre de Belén. Allí abrirán sus cofres para ofrecerle como dones, oro, incienso y mirra.
El jubileo sería calcado en la tradición popular con los tres personajes desfilando por las calles de la ciudad ante la ilusión expectante de los más pequeños, que previamente habían dejado pasto y agua, junto a sus calzados, con la consiguiente cartita y su insuperable encabezamiento: “Querido Reyes Magos”. A la mañana siguiente, como un remedo de aquellos dones depositados en la cuna de Belén, el manuscrito infantil mudaría al juguete solicitado.
Ese ensueño obturaba la capacidad de preguntar cómo los Reyes podían estar esa madrugada, simultáneamente en todos los lugares del planeta, o por el apetito y la sed insaciable de los camellos, que devoraban el pasto, y bebían agua en cada hogar, sin que ninguna cantidad los conformara.
EL COMIENZO
En Trenque Lauquen, el punto de partida nos remite a 1935, por iniciativa del entonces cura párroco Francisco Ulrich y de Raúl Claudio Mollard, uno de los más eminentes educadores con los que contó la ciudad, director durante largas décadas del Colegio Politécnico, una de las naves insignias de la enseñanza local. Hoy, ambos nombres han sido reconocidos con la denominación de sendas calles del trazado urbano.
El sacerdote, un entrerriano de Nogoyá, de innegable ascendencia alemana, fue el párroco de mayor permanencia entre nosotros, unas tres décadas y media. Bondadoso hasta la munificencia, despedía a los chicos que concurrían a las misas en el templo, con dos caramelos, que siempre tenía a mano: “uno porque sí y otro porque no”. Amante de la naturaleza, había instalado en el patio de la casa parroquial una enorme jaula, donde convivían las más variadas especies de pájaros, que ofrecían a cualquier hora un concierto gratuito de canto canoro.
Entre ambos, idearon hace 91 años la presencia de Melchor, Gaspar y Baltasar, encarnados ahora por un trío de trenquelauquenses, que eran preparados previamente – maquillaje y vestuario – en el interior del Colegio Politécnico, ubicado entonces en la calle Belgrano, entre Alsina y Pellegrini, y que lamentablemente años atrás cayó bajo las fauces de la piqueta, y tras ser demolido, en su lugar se erige en la actualidad un edificio de altura.

Desde allí partían sigilosamente, montados sobre caballos cedidos por la familia Pereda, propietaria de la estancia Nueva Castilla, y realizaban, más allá de su presencia en el templo, un acotado pero sensible recorrido, confortando a los internados en la hoy Cínica García Salinas, el Hospital Municipal, y juguetes que distribuían entre los chicos que asistían a la Casa del Niño.
Fue el envión inicial que con el tiempo iría creciendo despaciosamente hasta convertirse por estos días, en uno de los festejos populares de mayor masividad que la ciudad ofrece anualmente, con su avenida central colmada de familias enteras, sobre todo con sus ilusionados hijos más pequeños que se acercan al paso de estos replicados Reyes de Oriente para celebrar su paso, entregarles la esperanzada cartita, y hasta fotografiarse con ellos.
DE CABALLOS A CAMIONETAS
Durante años se transportaban en caballos, pero la pirotecnia asustaba a los animales, a lo que se añadía la cercanía extrema del gentío, que obligaba a los jinetes a agotar recursos para evitar algún incidente mayor. La seguridad, entonces, imponía otro modo para salvar esas posibles consecuencias, y en los años noventa los corceles fueron sustituidos por camionetas hasta la actualidad.

Ni siquiera al acontecimiento lo detuvo la pandemia de coronavirus que se desató sobre el mundo, la que disponía severas restricciones, entre ellas, la prohibición de circular en el espacio público. Con originalidad, se grabó un video de 40 minutos difundido por el canal 12 local, que procuró reproducir la gesta bíblica.
Otras cuestiones organizativas también fueron variando con el tiempo y se fueron aggiornando. Por ejemplo, los Reyes Magos eran recibidos en la Parroquia con fuegos artificiales, los cuales fueron prohibidos para preservar la salud de personas vulnerables, mascotas y medio ambiente, y debieron ser eliminados del programa de actividades.
Como toda manifestación cargada de simbolismo y encanto, el misterio y la magia también envuelve a estos modernos Reyes Magos. Se desconoce con precisión dónde hacen una pausa para acondicionarse tras el extenso viaje que los trae hasta la ciudad, antes de retomar su recorrido. Ese secretismo alimenta la ilusión mientras continúan su andar por las calles de Trenque Lauquen, llevando su presencia y su mensaje a cada rincón que visitan.
Hoy, todo el proceso se halla en manos de la llamada Cofradía, con la misión de sumar regalos, sorpresas y espectáculos que se arman en el escenario emplazado enfrente de la Parroquia para recibir a los Reyes, tras su recorrido céntrico. Encargados, también -sin ser una tarea menor- del sagrado cumplimiento de hacer perdurar una tradición nacida en la ciudad hace 91 años, quizás la más antigua del país.

