Los delincuentes se apropian de la identidad de la víctima. Toman un préstamo bancario. Una vez que está depositado el monto llaman al cliente y le piden que le transfiera la plata. El préstamo es real y la víctima si transfiere se queda sin la plata y pagando el préstamo
La delincuencia virtual desarrolla ideas para estafar a sus víctimas a una velocidad asombrosa y con una creatividad que supera todos los límites, incluso parece fantasía. Pero es real.
Ahora surgió una nueva modalidad denunciada en Santa Fe que combina varios delitos. Por eso las autoridades policiales y judiciales de la provincia de Buenos Aires están alertando a la población para no caer en la trampa de estos embaucadores delincuentes.
La maniobra es la siguiente: la víctima recibe un llamado telefónico de un desconocido que le avisa que “por error” el Banco le depositó plata en su cuenta. La voz le informa que esos fondos le corresponden a él y que por favor le haga una transferencia a una cuenta que le nombra.
Efectivamente, cuando la víctima revisa su cuenta bancaria advierte que tiene un depósito de una plata que no había manejado. Y se lleva una tremenda sorpresa. Hay casos de depósitos de hasta 500 mil pesos.
La víctima se ve asombrada por la suma acreditada y “el cuento del tío” parece cerrar a la perfección por lo que se ve tentado de hacer la maniobra virtual y transferir los fondos a ese desconocido que insiste, casi hasta implora, que le gire la plata porque si no va a perder sus ahorros.
Pero es un engaño para estafar y robar a los vecinos. Una patraña sofisticada desde lo tecnológico y muy bien actuada en el teléfono.
Es que los ladrones virtuales que se hacen pasar por víctimas del sistema bancario en realidad lo usaron a su favor. De esta manera: estos delincuentes usurpan la identidad del cliente, hacen los trámites para sacar un préstamo por el máximo de los fondos que el Banco le puede otorgar y una vez depositado el crédito inician la llamada para convencer al verdadero titular que haga la cesión de una cuenta a la otra.
Si la transferencia prospera, se consuma el robo. El ladrón se queda con toda la plata del préstamo y la víctima deberá pagar a la entidad crediticia ese préstamo en la cantidad y monto de cuotas acordado por los usurpadores de identidad.
Por eso ante una situación de esta magnitud hay que cortar con el desconocido, no volver a atenderlo y comunicarse de manera urgente con el Banco que otorgó el préstamo (o ir personalmente) y con la comisaría o la fiscalía para radicar la denuncia.