Escribe Hernán Sotullo
La historia de los balcones – las más significativas – son recurrentes en la simbología política. Sin embargo, otros se reconocen en el romanticismo, la poesía, y la iconografía religiosa. La primera categoría nos remite como antecedente más próximo a la aparición de la líder opositora venezolana María Corina Machado, recientemente consagrada Premio Nobel de la Paz, desde un hotel de Oslo (Noruega), luego de su azarosa clandestinidad.

También se manifiesta en la propiedad que ocupa Cristina Kirchner en el barrio porteño de Constitución, donde cumple la condena impuesta por la justicia, y se ha convertido en lugar de concentración de sus seguidores. Desde ese balcón la expresidenta acude para saludarlos.
Pero en la Argentina, quien inauguró esta saga, fue el entonces coronel Juan Domingo Perón, quien el 17 de octubre de 1945, se encontró con una Plaza de Mayo enfervorizada reclamando su presencia. Era “el subsuelo de la patria sublevada”, como lo definió Raúl Scalabrini Ortíz, que irrumpió desde distintos rincones de la periferia con la única consigna de encontrarse con su naciente líder.

El mismo lugar, el 31 de agosto de 1951, registra el renunciamiento de su esposa Eva a integrar lo que se denominó “la fórmula de la patria”. Allí declinó “en forma irrevocable y definitiva” a la candidatura que se le había propuesto, aunque el rasgo más conmovedor lo muestra la foto con su rostro apoyado en el hombro de su marido presidente.
Este regresaría allí, tras su exilio de 18 años, y el 1 de mayo de 1974, ya en el ejercicio de su tercera presidencia, confrontaría con una corriente de su movimiento. Tras calificarlos de “estúpidos e imberbes”, generó el retiro de gruesas columnas, en señal de desaprobación.
Días después, el 12 de junio, Perón salió al balcón y habló por última vez a la multitud que se había congregado para manifestarle su apoyo frente a la compleja situación que transcurría. Ese momento quedó inmortalizado en su frase de despedida: “Llevo en mis oídos la más maravillosa música, que para mí es la palabra del pueblo argentino”.

Evita volvería al balcón en marzo de 1996, esta vez encarnada en la cantante y actriz Madonna para la película que dirigió Alan Parker interpretando “No llores por mí Argentina”. Abajo, ya no había pueblo, eran unos 4 mil extras contratados.
LA CASA ESTÁ EN ORDEN

Nueve años antes, en la Semana Santa de 1987, en uno de los episodios más dramáticos que atravesó la recuperada democracia, el entonces presidente radical Raúl Alfonsín, celebró con un “Felices Pascuas, la casa está en orden”, el fin del levantamiento carapintada, que había puesto en jaque la continuidad de la República.

Cruzando el Atlántico, el 13 de marzo de 2013, desde el balcón del Vaticano, en la Basílica de San Pedro, un cardenal anunciaría a la muchedumbre expectante “Habemus Papam” y emergió el argentino Jorge Mario Bergoglio, luego Francisco, como flamante pontífice, el que con humor se refirió a los purpurados que lo habían elegido: “me fueron a buscar al fin del mundo”.

Pero el más antiguo de los balcones surge de “Romeo y Julieta”, la obra que escribió William Shakespeare a fines del siglo XVI, que describe el intenso amor por sobre la profunda rivalidad de dos familias, Capuletos y Montescos. La relación concluiría trágicamente, aunque previamente, a escondidas allí, se habían jurado amor eterno y casarse en secreto. Hoy, ese lugar en Verona, en el norte italiano, es una concurrida visita turística.
Hubo alguien, sin embargo, que los multiplicó por 70. Fue el poeta Baldomero Fernández Moreno, quien, sentado sobre un banco de plaza, observando un edificio de enfrente, dejó para la historia de las letras sus célebres versos a los que tituló “Setenta balcones y ninguna flor”
En ellos se pregunta “Setenta balcones hay en esa casa / setenta balcones y ninguna flor / ¿a sus habitantes, Señor, que les pasa? / ¿odian el perfume, odian el color?”, para añadir en otro tramo: “¿Ninguno desea ver tras los cristales una diminuta copia de jardín? / ¿en la piedra blanca trepar los rosales, en los hierros negros abrirse un jazmín?”