Ignacio Kovarsky, presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP), se refirió al anuncio gubernamental que suspende hasta el 31 de octubre las retenciones a los granos. A pesar de valorar cualquier reducción en este tipo de gravámenes, el dirigente ruralista destacó que la medida responde más a la necesidad de dólares por parte del gobierno que a un impulso a la producción.

En declaraciones públicas, Kovarsky afirmó que desde CARBAP siempre han considerado las retenciones como un “impuesto dañino”, que, según él, ha “puesto un techo de producción” en el sector agropecuario. En este sentido, cualquier quita o baja de las retenciones es vista como positiva por la entidad, aunque con un matiz cauteloso sobre sus efectos reales.
Sin embargo, Kovarsky fue claro al señalar que la suspensión de las retenciones no debe entenderse como una medida destinada a fomentar la producción a largo plazo. «Evidentemente esto, en una medida temporaria, no es algo que incentive más producción, sino que es una cuestión de necesidad del gobierno de dólares», expresó. Para el presidente de CARBAP, la medida es una respuesta coyuntural a la situación fiscal del Estado, no una estrategia de desarrollo para el sector agropecuario.

El impacto de la medida, explicó Kovarsky, dependerá de diversos actores del sector. En primer lugar, de los exportadores, que deberán decidir si liquidan o no los granos que tienen en stock. También de los productores, quienes, según el dirigente ruralista, podrían aprovechar o no la medida dependiendo de sus circunstancias particulares.
A pesar de reconocer que toda baja de retenciones es bienvenida, Kovarsky subrayó que la medida no debería considerarse como un incentivo real a la producción, dado su carácter temporal. «Hay que ver cómo repercute en el resto de los negocios, que se va a ir viendo cómo se desarrolla», agregó.