Escribe Hernán Sotullo
El reciente caso sobre controvertidos aspectos inherentes a la herencia derivada de la muerte de Beatriz Sarlo, una brillante intelectual de izquierda, refleja cómo la ausencia de planificación sucesoria puede afectar seriamente valiosos legados culturales que un país debe acopiar en el contexto de su historia.

Su vida, sin hijos, y enredada en un lejano matrimonio sin divorcio, otra larga convivencia, la última aparición de una prima, y un escueto y ambiguo testamento ológrafo, obligará ahora a la justicia determinar a quién corresponderán sus bienes, que incluye naturalmente su pródiga colección literaria.
Poseer esa llave, implica que las obras se preserven en lugares seguros y controlados, además de ejercer la autoría de los derechos intelectuales, que puedan republicarse, traducirla a otros idiomas, incluirlas en antologías, participar de ferias del libro, defenderla de plagios e impresiones ilegales, utilizarla en otros formatos, fílmicos y digitales, y demás secuencias propias de dicha tenencia.
LA IMPREVISIÓN BORGIANA

Algo similar sucede con la colosal obra de Jorge Luis Borges, nuestro supremo hombre de letras. A su muerte, quedó en manos de su viuda María Kodama, quien tampoco previó el destino de su excelsa creación, no obstante disponer del tiempo más que suficiente para hacerlo. Ambos fallecieron a los 86 años, y la mujer sobrevivió 37años al autor del “Aleph”.
Tampoco tuvieron hijos y ante la ausencia de un testamento o de algún acto de disposición conocido, la justicia declaró como herederos universales a los cinco sobrinos de Kodama, todos hijos de un hermano fallecido, ninguno de los cuáles tiene vinculación alguna con el mundo de la cultura, pero que ahora administran un legado de un valor incalculable.
LA BIBLIOTECA DE CARRIZO
Otro caso es el del conocido locutor Antonio Carrizo, nacido en General Villegas, que en sus jóvenes años recorrió las calles de Trenque Lauquen, como las de otros pueblos del oeste bonaerense y de la provincia de La Pampa con un vehículo sonoro de Mejoral, publicitando las bondades del analgésico. Después se consagró, con sabiduría y buen decir, como uno de los más trascendentes profesionales de la voz del país.

Pero más allá de su laureada tarea radial, fue un ávido lector y bibliófilo de fuste, que alojó en los anaqueles de su fecunda biblioteca algunos textos únicos, entre ellos, la primera edición de “El idioma de los argentinos”, de Borges, impresa en 1928, con un añadido que la hace aún más calificada: sus márgenes tienen anotaciones y hasta dibujos concebidos por el autor.
También incluía el inicial ejemplar del “Romancero gitano”, del poeta español Federico García Lorca, y otros dedicados por icónicos autores como “Horizontes de piedra”, de Atahualpa Yupanqui, en su traducción francesa.
Con un total menosprecio por ese universo de invalorables volúmenes, que con pasión Carrizo acumuló a lo largo de su vida, sus dos hijos, meses después de su muerte, ocurrida en enero de 2016, decidieron subastarlos públicamente, junto a otros apreciables recuerdos, como una chalina que perteneció al bandoneonista Aníbal Troilo, diluyendo así semejante caudal cultural.
Imaginemos, en el mejor de los casos, que algunos habrán caído en la protección de celosos coleccionistas, pero otros, en poder de inescrupulosos mercachifles sólo interesados en el lucro que podía generarles su reventa.
EL ENOJO DE MITRE
Bartolomé Mitre exteriorizó en su momento el dolor por la pérdida de un fantástico legado, cuando no ocultó su disgusto, que hizo público, al enterarse que Pedro De Angelis, un napolitano llegado al Río de la Plata, que se ocupó de organizar un archivo de manuscritos y otros documentos relativos a los primeros años de la organización nacional, extendidos a la geografía, etnografía, y lenguas indígenas, ante el desinterés de Urquiza en adquirirlo, vendió su biblioteca íntegra al emperador Pedro II de Brasil.
Ejemplos que expresan la importancia de prever el destino de estos legados. Hablar de la muerte incomoda, pero ignorarla pueden determinar quebrantos irreparables a nuestra cultura.