DÍA DE LA MEDICINA SOCIAL: RENÉ FAVALORO Y SU EJEMPLO DE VIDA

La reconstrucción de los últimos días de la vida de René Favaloro cuentan que el 27 de julio de 2000 – 48 horas antes de acercar a su pecho el Magnun 357 y destrozarse el corazón, curiosamente el órgano por cuya cura se había obsesionado en su carrera – recorrió las calles del barrio El Mondongo de La Plata, donde había nacido.

rene favaloro

Luego ingresó a la parroquia San José, en la que fue bautizado, para retirar su fe de bautismo que necesitaba como trámite previo a su inminente matrimonio con Diana Truden, una joven a la que el cardiocirujano llevaba 46 años de diferencia, que era la encargada de traducir publicaciones y trabajos científicos en la Fundación Favaloro.

El sacerdote se la entregó, y recibió al mismo tiempo en su otra mano, de regalo, un ejemplar de un libro “que le puede gustar”, le insinuó el médico, aclarándole que hablaba de sus doce años como médico rural en Jacinto Aráuz, una población que ubicó “al borde del desierto pampeano”. Enseguida calificaría ese tramo de su existencia como “los más felices de mi vida”.

RENE

El cura, agradeció y se quedó asombrado por la sencillez de Favaloro, abrigado con su infaltable poncho marrón. Lo acompañó hasta la puerta de la iglesia y lo vio irse en su Peugeot usado. Quedó aún más pasmado: “ni chofer tiene y anda en ese coche pudiendo manejar un Mercedes”, reflexionó.

Se había recibido de médico en 1949, cuando un tío que vivía en esa localidad al sudeste de la provincia de La Pampa, de apenas 3 mil habitantes, y a 200 kilómetros de la capital Santa Rosa, le pidió que se instalara para ocupar el lugar del doctor Dardo Rachou Vega, que había enfermado gravemente. En principio iba a ser sólo por tres meses. Al final, acumuló 12 años, en su mayor parte acompañado de su hermano Juan José, según narra en su libro “Recuerdos de un médico rural”, el mismo que le obsequiara al párroco.

rene jacinto arauz

En Jacinto Aráuz lo dejó un tren el 25 de mayo de 1950, y se quedó hasta mediados de 1962 para desarrollar una labor médica y de docencia, explicando elementales consejos como el de hervir el agua de pozo antes de consumirla, de no ingerir la factura casera sin previo análisis para evitar la triquinosis, y la inconveniencia de preparar las mamaderas de los bebés con harina, ya que los empachaba. En la iglesia solía congregar a las madres para transmitirles las mejores enseñanzas en la crianza de sus hijos. Esa sabiduría casera resultaba más útil que el conocimiento científico.

Lo demás es historia conocida: su residencia en los Estados Unidos, donde puso la piedra fundamental en la cirugía cardíaca al realizar una operación conocida como “by-pass”, una técnica quirúrgica que consiste en reemplazar arterias taponadas a través de rutas alternativas. De regreso a Buenos Aires, su obra mayor: la Fundación Favaloro, un centro médico de excelencia.

Agobiado por la falta de respuestas a sus solicitudes de ayuda para saldar deudas del complejo sanitario, que además aconsejaban despidos de personal, y hasta pedidos de “retorno” se sintió derrotado y asqueado de tanta corrupción, y el tiro del final llegó pleno a su corazón, un 29 de julio de 2000. En el Día de la Medicina Social, en coincidencia con su fecha de nacimiento, su ejemplo en todo un espejo.