Después de cinco meses de recuperación y postoperatorio, Hilario regresó finalmente a su casa en Trenque Lauquen y su familia vive horas de profunda emoción. La noticia fue celebrada con alivio y amor por su mamá, Marina, quien compartió la felicidad de volver a tenerlo en casa, ya lejos de la internación y de la larga espera que atravesaron juntos.

“Ya terminé de desarmar los bolsos y armar todo en casa. Hila a las 18 hs, mientras hacíamos todo con Lu, se comió una polenta en casa re tranquilo, lo mediqué y ahora estamos con una paz que no se explica”, expresó Marina, todavía conmovida por el regreso de su hijo. “La heladera pelada de 5 meses, la casa sola, pero el corazón explotado”, resumió con ternura y emoción el momento tan esperado.
La historia de Hilario conmovió profundamente a Trenque Lauquen desde que se conoció que necesitaba un trasplante de riñón urgente. Su mamá, Marina, estaba dispuesta a convertirse en su donante para darle una segunda oportunidad de vida. “Si Dios quiere, el 19 de marzo estaríamos entrando a quirófano los dos para poder darle mi riñón. Y espero que lo reciba con mucho amor y que lo haga funcionar con mucha fuerza”, había señalado entonces.

Hilario, un pequeño de apenas 3 años, fue diagnosticado con insuficiencia renal crónica terminal. Durante el embarazo, en una ecografía, advirtieron que “tenía la vejiga muy llena de orina” y luego confirmaron la gravedad del cuadro. Desde entonces, su vida estuvo atravesada por tratamientos intensivos y largas horas de diálisis.
Marina también recordó que fue mamá de tres hijos. Dulce y Blas, mellizos que nacieron prematuros y con un problema congénito que nunca pudieron descubrir, fallecieron y hoy “son angelitos”, como ella los describe con dolor y amor. Siete meses después volvió a quedar embarazada y, ya con Hilario en camino, recibieron el diagnóstico que marcaría su vida familiar.
“Hilario se dializa 14 horas por día, lo hacemos casi siempre de noche. Está conectado a la bomba gran parte del día. Desde el momento que empezamos diálisis ya sabíamos que iba a tener que ser trasplantado porque sus riñones no funcionaban”, había explicado Marina, con la entereza de una madre que nunca dejó de luchar.

En medio de tanta angustia, también hubo momentos de esperanza. Hilario había sido convocado para un trasplante, aunque finalmente no pudo concretarse porque levantó fiebre. Aun así, la familia nunca perdió la fe y siguió adelante con la convicción de que llegaría la oportunidad de verlo mejor.
Hoy, con Hilario nuevamente en casa, la emoción supera a cualquier palabra. Después de meses de hospital, cuidados y espera, su regreso representa mucho más que una vuelta al hogar: es una señal de alivio, de amor y de lucha compartida. Marina lo resume con una frase que lo dice todo: el corazón, simplemente, explotó de felicidad.