El cuento del tío… *

De tanto en tanto, el tío esboza pensamientos. Un día, no hace tanto, mientras yerbeaba tranquilo observando algún recuerdo me contaba que en sus tiempos mozos, él sabia arrear, entre tanto que fue, fue resero, y que solían al terminar, tomarse una cañita frente al embarcadero, en el boliche de Fuentes.
¿Dónde era eso? ¿Dónde fue a parar?… Aquel lugar que hoy pertenece a otro tiempo se emplazaba frente a corrales, muelles y embarcadero del complejo ferroviario de los 60.
– Veníamos del campo con la hacienda, por calle Lagos hasta la Ugarte, de ahí a los corrales. Y después el agua.

Corría la década del 60 y el rol del ferrocarril seguía aún siendo vital para las economías del interior del país. Por ese entonces, el ferrocarril sufriría su primer desmantelamiento, el “Plan Larkin”.
Sí, claro, nuestra estación, nuestro complejo ferroviario era mucho más completo de lo que hoy vemos.
Ya en la década del 80, donde se alzó parte de aquel complejo, se ergió una calesita. Sin lugar a dudas muchos de nosotros nos hemos dado alguna vuelta en los giros del tiempo al evocarla.
La misma perteneció a la familia Ávila, que la mantuvo en esa esquina hasta albores de la década del 90, donde pasó a posicionarse en las instalaciones del Club Barrio Alegre hasta su designio de obsolescencia.

Todo aquello, los talleres…los silos…el embarcadero…el boliche…los vagones…la calesita… hoy habita en los recuerdos, aún sin saberlo, como parte indisoluble del tiempo que sustenta al mismo tiempo. Y de vez en vez, salen en el esbozo de algún padre, tío o abuelo, o ya en el haber consciente de quienes somos “cazadores recolectores de historias”.
*Gracias a David Ibañez por el texto, fotos y la investigación histórica.