
En medio de la llanura pampeana, en oposición a su natural geografía rural, y a 120 kilómetros de Trenque Lauquen, en el acceso a la localidad de Quemú Quemú, se levanta una imponente estructura de hormigón construida en la década del ’60 en homenaje al asesinado expresidente estadounidense John Fitzgerald Kennedy, único en el país.
Muchos trenquelauquenses que transitan por esa ruta provincial 1, que conduce a General Pico, se encuentran de pronto con esa gigantesca obra de 40 metros de altura, que los arquitectos denominan de estilo brutalista, conformada sólo de líneas rectas hacia las alturas.

Despierta indisimulada curiosidad no sólo conocer la razón de erigirlo en medio de ese desolado paisaje, a la vera de un pueblo de un poco más de 3 mil habitantes, sino también el motivo de la ofrenda a un exmandatario norteamericano. Nada más alejado de la galería de nuestros próceres.

Como dato adicional, cobra relevancia una participación trenquelauquense el día de la inauguración del monumento. Fue la popular voz de Ismael Pérez, a quien, en 2019, el Concejo Deliberante le impuso la distinción de Personalidad Destacada, y en los fundamentos lo señaló como uno de los atributos de su trayectoria.
La formidable obra fue inaugurada el 29 de mayo de 1967, día en el que Kennedy hubiera cumplido 50 años, y por iniciativa de Fernando Demaría Madero, profesor de Filosofía y Letras, vinculado a acaudaladas familias de la aristocracia argentina, y cuyo abuelo fue el fundador de Quemú Quemú.

Pero ¿por qué John Kennedy? Todo conduce a la relación que Demaría Madero sostuvo con él y con su hermano Robert, luego también asesinado, compartiendo estudios en los claustros de la Universidad de Harvard, en los Estados Unidos. El día la ceremonia, ante una multitud jamás vista en el pueblo, el último hizo llegar un mensaje de salutación y agradecimiento al ideólogo de la obra.
Para la construcción fueron empleadas 700 toneladas de piedra triturada; otras tantas de arena de río; 29 de acero y 4500 bolsas de cemento. El diseño fue realizado por el arquitecto uruguayo Lincoln Presno y participaron para levantarlo una veintena de trabajadores de la región, pertenecientes a una empresa de construcción de General Pico.

Demaría Madero la financió vendiendo 2200 hectáreas de su estancia “La Sarita”, ubicada en las cercanías, aunque también se habla de otros aportes, provenientes de la gobernación pampeana, y vecinos del lugar.
La arquitectura, de líneas rectas, sin curvas, representa la vida en ascenso y la altura del legado político de Kennedy. En la base se lee una de sus frases: “Que la justicia de nuestra causa mantenga siempre nuestra fuerza”, y corona en la parte superior con la palabra “Ave María”, título de la oración perteneciente al culto católico que unían a Kennedy y al mentor de la obra. En 2019 fue declarado Monumento Histórico Nacional.
Capítulo aparte constituye la presencia de Ismael Pérez y cómo llegó hasta allí ese día. Según lo relatado por el propio cantor, Demaría Madero lo escuchó una noche en una confitería de Villa Epecuén, donde Pérez solía realizar su temporada veraniega.

El lugar, que en 1985 fue arrasado por la inundación, haciéndolo desaparecer, era muy visitado, aún por familias de abolengo, por las propiedades curativas de sus aguas, sobre todo para paliar dolencias reumáticas, que siempre se estimó superiores, incluso, a las afamadas del Mar Muerto, en Jordania.
Y allí estaba, en una de las mesas, Demaría Madero, cautivado por el encanto gardeliano que le devolvía el cantor. Rápidamente se convirtió en una suerte de mecenas.
Lo llevó a vivir a su estancia, donde animaba cumpleaños, fiestas familiares y de amigos que se desarrollaban en “La Sarita”, y al mismo tiempo lo hacía presentar en otros sitios de la región, siempre asegurándole una buena paga. Así llegó Ismael Pérez a ser figura del espectáculo artístico preparado para la inauguración del monumento.