
“Cada vez que uno va a un nuevo destino, Dios nos prepara el lugar… Dios nos espera en cada persona, y es ahí a donde puedo llevar mi vocación”, explica con voz profunda y amigable el Padre Juan de Jesús Flores, el sacerdote que llegó a Trenque Lauquen el pasado 7 de enero para sumarse a las actividades pastorales de la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores junto al cura párroco Juan Pellegrino.

Salteño, de 44 años de edad, con su madre en su tierra originaria y su padre recientemente fallecido, con un hermano mayor y otro mellizo, el Padre Juan de Jesús resalta a las figuras de Padre Pío y San Agustín como horizontes de su vocación sacerdotal. “Padre Pío se ofreció a Dios con obediencia y siempre supo servir, nunca le esquivaba al bulto y siempre se entregó. Y San Agustín es un ejemplo tremendo porque nos muestra que es posible la conversión”, comenta pensativo, con voz pausada y serena.
La palabra punzante y auténtica en cada frase, con la “r” arrastrada al estilo de la tonada de la tierra salteña que lo crió y conserva como marca de identidad, la intercala con inflexiones simpáticas, algún chiste al pasar, y un muy buen sentido del humor.
“Sufre menos el que más ríe”, asegura con una sonrisa. Y explica que “es algo que aprendí de tantos años de acompañar a personas enfermas y a sus familias, el buen humor ayuda mucho incluso, y especialmente, en los momentos más dolorosos de la vida, en el dolor de la pérdida”.

El cura ha dedicado gran parte de sus años de ejercicio sacerdotal a recorrer las salas de los hospitales en el norte y en el sur de nuestro territorio nacional para acercar una palabra de aliento y contención a las personas enfermas y a sus familias. “Siento vocación por acompañar a los enfermos”, revela en la charla con DataTrenque.
“Siendo adolescente, me movió mucho un retiro espiritual que se hizo organizado por el Colegio Franciscano a donde iba. Encontré allí que Dios me amaba. Luego fui a otro encuentro de jóvenes donde fui confirmando mi vocación y tomé la decisión definitiva un día que me quise ir a confesar y no había cura. Ese día me di cuenta cuánto hacían falta los sacerdotes”, relata con detalle el Padre Juan de Jesús.

Con cierta complicidad y remarcando el acento salteño en su expresión se confiesa: “Voy a decir que en esa época de joven, de adolescente, tenía novia, pero realmente me sentía más cómodo estar cerca de Dios, me llenaba más el espíritu rezar, participar de las celebraciones, sentí el llamado de Dios con mucha claridad”.

En 1997, cuando termina la escuela secundaria en Salta inicia sus estudios sacerdotales en la congregación de los “Discipulos”. Los primeros años de filosofía en nuestro país y luego viaja a México para continuar sus estudios de teología en Guanajuato, donde se convirtió en Diácono. Como Diácono llega nuevamente a la Argentina para ser destinado a un pequeño paraje salteño y allí ordenarse sacerdote. Entre 2005 y 2012 lleva sus servicios sacerdotales a la comunidad de Comandante Luis Piedra Buena, en nuestra Patagonia, luego vuelve a la ciudad de Salta como párroco durante 5 años, para más tarde recalar en la provincia de Buenos Aires. Pasa 2 años en el distrito de Carlos Tejedor, los últimos dos en Pehuajó y desde el 7 de enero pasado en Trenque Lauquen, ya incorporado definitivamente a la Diócesis de 9 de Julio, hoy a cargo de monseñor Ariel Torrado Mosconi.

“Elegí la Diócesis de 9 de Julio porque vi la calidad de las personas en cada pueblo, son ciudades que no son grandes ni son chicas, donde uno puede estar cerca de los vecinos y puede trabajar”, comenta el sacerdote que llega a Trenque Lauquen para acompañar al padre Juan Pellegrino en la actividad pastoral.
“Estoy para servir y hacer el bien, ese es mi objetivo”, concluye, contundente, convencido y con corazón generoso y dispuesto.