
Finalmente, y después de algún tiempo en el que había dejado de funcionar, el antiguo reloj, en lo alto del frente del templo parroquial, volverá a adquirir vida a partir de mañana miércoles en coincidencia con el sonar de las campanas del mediodía.
La paciente tarea de reparación estuvo a cargo de Roberto Mileo, un entusiasta en la preservación de los vestigios y símbolos del patrimonio histórico, junto a Gastón Solana.


Fundamentalmente, la labor consistió en el reemplazo de un buje gastado, el que fue sustituido por uno nuevo, mediante un trabajo de tornería que contempló la utilización de un bronce de alta calidad.
Mileo explicó que no fue nada sencillo el cometido por tratarse el resto de la maquinaria compuesta de piezas vetustas a las que era preciso armonizar con la nueva.

Se aprovechó, asimismo, para efectuar un trabajo de limpieza completo de la totalidad de la máquina, mediante el uso de kerosene, acompañado de una lubricación de cada una de las piezas, más un cerramiento de la cabina original para evitar que ingrese polvillo, y otras partículas que afecten el futuro movimiento del reloj. Requerirá, al mismo tiempo, en el futuro, de un frecuente mantenimiento para asegurar su funcionamiento correcto.
De este modo, el longevo reloj, cuya instalación data de 1928, recobrará el desplazamiento de sus agujas, a partir del mediodía de mañana miércoles en coincidencia con las habituales campanadas de esa hora.