FIN DE UNA HISTORIA Y COMIENZO DE OTRA. EL ANTIGUO BOLICHE DE FUENTES SERÁ UN EDIFICIO DE CUATRO PISOS

En la ochava de Ameghino y Ugarte, en diagonal a la plazoleta Almirante Brown, donde se realiza en verano la Feria Ecofines, habitó uno de los tradicionales “boliches” con los que contó la ciudad, propiedad de Honorio Fuentes, “un boliche como tantos, una esquina como hay muchas”, en la exacta reproducción de la letra de un conocido tango.

El boliche de Fuentes, cuando estaba en pié

Su casi derruida fachada permaneció en estado de abandono durante largos años, producto del implacable paso del tiempo, y la vandalización a la que fue sometido el lugar.

Hoy, ya ni el polvo queda de ese pasado, ya que la esquina fue demolida hace muy poco íntegramente, y allí se levantará un innovador edificio de cuatro plantas, que modificará sustancialmente la escenografía del sitio. Replicará una vez más el renovado decorado que impone el avance de la modernidad.

Hace más de medio siglo los “boliches” en Trenque Lauquen florecieron como hongos dispersos en la ciudad, término que hoy también los jóvenes han bautizado sus lugares de diversión. Pero los primeros, como cuenta un viejo habitué de aquellos, fueron para “beber alguna cañita, vino o ginebra, jugar a los naipes, escuchar a algún guitarrero que solía aparecer, y organizarse para asar en el patio algo de carne en la parrillita asentada precariamente sobre unas pilas de ladrillos”.

Tampoco faltaron las trifulcas, fruto de alguna discusión que de trivial pasó a mayores, o por un exceso en la ingesta de alcohol de algún parroquiano. Fueron sitios para el esparcimiento y la bohemia, incluso de referencia cuando alguien preguntada por una dirección, y se le indicaba el rumbo, a partir de alguno de estos “boliches”.

Suenan nombres de los mismos, ahora bajo el cobijo de lo remoto: Ríos, Frutos, “El Pingüino”, Barella, Badino, “El Sapo”,La Enramada”, Airolde, Candia, “El Rincón de los Amigos”, Solito, Márquez, Suárez, “La Estancia”, donde luego se instaló el “Bar Quique”, quizá el último exponente bolichero, origen de nuestros “Indios Tacunau”.

Cacho y Nelson, aún pequeños, acompañados de su padre Domingo, también guitarrero, tuvieron su bautismo de fuego en ese ambiente. Una suerte de escultura con el contorno de una guitarra lo atestigua sobre la rambla de la calle 9 de Julio, casi Vignau.

UBICACIÓN ESTRATÉGICA
El de Fuentes, contó con un enclave estratégico, ya que enfrente se hallaba el embarcadero de hacienda, al que llegaban las tropas desde el campo, para luego ser transportadas en los vagones del ferrocarril hacia el Mercado de Liniers. Qué programa mejor entonces para solaz de los reseros que el acudir, finalizada su tarea, al boliche a completar la dura jornada del arreo de los animales.

En un principio, lo de Fuentes fue almacén y despacho de bebidas. En su etapa final, fue sólo esto último, luciendo como advertencia un visible rótulo que muy criolla y risueñamente señalaba: “El que dentre aquí, debe hablar poco, beber mucho, y no dirse sin pagar”.

La esquina, ya demolida

Ahora, sólo destaca unas lonas para cubrir el lugar demolido, y allí la Desarrolladora Inmobiliaria de Ruben Bottini, levantará un edificio de cuatro pisos, que albergará ocho departamentos, un amplio local en planta baja, cocheras para los propietarios de los inmuebles, además de una terraza con parrilla y otros amenities, los que serán comercializados bajo la modalidad de “venta en pozo”.

El edificio que se levantará en el lugar

Está previsto para principios del año próximo, el comienzo de la excavación para armar los cimientos, y el refuerzo de las paredes de las propiedades lindantes. La finalización de la obra ha sido calculada en dos años. Otra historia suplirá al antiguo boliche de Fuentes, derrotado por el progreso, tal cual alude, en una vuelta al tango, cuando la letra explica que “borró de un manotazo la vieja barriada que me vio crecer”.