HACE 25 AÑOS MORÍA JAIME CIGLIA, EL TRES VECES INTENDENTE QUE INFUNDIÓ UN ENORME LEGADO MORAL A LA VIDA PÚBLICA LOCAL

Se cumplen 25 años de la muerte de Juan Jaime Ciglia, uno de los intendentes que le aportó mayor caudal moral a la vida pública trenquelauquense. Fue un personaje central dentro de la historia del peronismo local, al punto de ser ungido intendente en tres ocasiones por el voto popular. La primera, durante el período 1948/52, y la última, iniciada en 1973, interrumpida por el golpe militar de 1976, pero en la de 1962, ni siquiera lo dejaron asumir, ya que aquellas elecciones del 18 de marzo fueron groseramente anuladas.

Como si el destino adivinara lo que sobrevendría en su existencia, nació un 17 de octubre de 1910, día icónico en la liturgia justicialista, pero además uno de los testigos presenciales de aquel histórico 17 de octubre de 1945, fecha en la que la multitud congregada fue definida por el escritor Raúl Scalabrini Ortíz como “el subsuelo de la patria sublevada”. Ciglia se mezcló con el pueblo trabajador que desbordó las calles de Buenos Aires para pedir la liberación del entonces coronel Juan Domingo Perón, ungido a partir de allí como el líder de ese naciente movimiento político.

Le tocaría presentarlo a Perón, oficiando de locutor, en el palco levantado en la estación del ferrocarril, cuando pasó por aquí en el final de la campaña política, que lo llevaría días después a ser consagrado por primera vez como Presidente de la República.

A la caída de éste en 1955, fue dejado cesante de su trabajo en la antigua Unión Telefónica, y pasó tres meses preso en la cárcel de Olmos, sólo por portación de ideas. Apeló a otros trabajos para su subsistencia, pero no abdicaría de sus convicciones.

A mediados de 1979, con el país hundido en la dictadura militar, Ciglia, abrumado por la falta de oportunidades laborales que le permitieran una vida más desahogada, decidió con su esposa Juanita emprender una suerte de autoexilio. Echaron una última mirada de tristeza al lugar al que él le había entregado toda su pasión política, y se radicaron en Necochea, donde los esperaba su hija Pilar, que ejercía allí – aún hoy – como médica.

El 22 de abril de 1999, la muerte lo fue a buscar, y entonces hizo el viaje final de retorno a Trenque Lauquen para que sus restos descansen para siempre en el cementerio local. Tenía 88 años. Una calle, y una plaza, en Paredes Oeste al 1300, llevan su nombre.

Pero por encima de cualquier homenaje, el mayor legado de Ciglia, en tiempos de fuertes cuestionamientos a la clase política, siempre será, el de haber sido un irreprochable y honrado funcionario que enalteció el cargo público del que salió con los bolsillos más flacos que con los que había ingresado, y concluyó sus días terrenales contando las monedas que le proporcionaba su exigua jubilación.