HACE 70 AÑOS, LA SEQUÍA Y LA CAÍDA DE LA COSECHA DE TRIGO OBLIGARON A UN EXPERIMENTO: NACIÓ EL PAN NEGRO EN ARGENTINA

La teoría del “corsi e ricorsi” fue expresada por el filósofo italiano Giambattista Vico. En síntesis, expuso que la historia no avanza de forma lineal, sino a través de ciclos que se reiteran. Dicho sencillamente, se trata de avances y retrocesos, una suerte de péndulo que se mece de un extremo a otro.

Podría vinculársela a una seria preocupación por estos días en el país y otro proceso de casi análogas características sucedido siete décadas atrás. En principio se relaciona con el curso sostenido del alza de los precios, manifestada entre otros productos, por uno esencial en la mesa de los argentinos: el pan. La situación se interconecta a un contexto de sequía y sensible reducción de la cosecha de trigo, revelando que el pasado siempre está dispuesto a aproximarse al presente.

Procurando roturar la tierra en medio de la sequía

Como hoy, pero en 1952, Argentina sufría los coletazos de tres años continuos de sequía, lo que había afectado seriamente a los cultivos, fundamentalmente al trigo, neurálgico para la fabricación del pan.

Actualmente, la Bolsa de Comercio de Rosario, pronostica que, de los 23 millones de toneladas de trigo de la campaña pasada, este año esa cantidad se reduciría a 11,8 toneladas, o sea, prácticamente un 50% menos.

En el cotejo de datos, más de la mitad del país se encuentra afectado por la falta de lluvias, y este 2022 ya está entre los 18 años más secos desde 1961, siendo uno de los escenarios con mayor complejidad el de la provincia de Buenos Aires, con casi 40% del territorio en sequía extrema.

Como un dato de color, tiempo atrás, un productor de la zona de Bragado, comentó que un hornero comenzó a levantar su nido sobre la tranquera de ingreso a su campo. El ave desde hace algunos meses da vueltas por el lugar, pero no reactiva la construcción, y lo atribuyó a la falta de barro por la sequía. Además, lo interpretó, para añadirle más dramatismo, como una señal que suelen dar algunas especies de que “se viene una seca importante”.

MEZCLA DE MOLIENDAS
Para enfrentar la crisis de la falta de trigo con su consecuente incidencia en la elaboración del pan, el entonces Presidente Juan Domingo Perón ordenó avanzar con la idea de un muy joven Antonio Cafiero, abuelo del actual Canciller Santiago Cafiero, a quien también como este, por su mocedad, solían llamarlo “Cafierito”.

Un joven Antonio Cafiero con el general Perón

Se había recibido de contador, y se apasionó por el estudio de la economía. Esos antecedentes lo decidieron a Perón a designarlo ministro de Comercio Exterior en 1952. Aún no había cumplido los 30 años, edad prematura para ocupar un ministerio. Por eso, con humor, el general le sugirió: “Cafierito, usted por las dudas, no le muestre la Libreta de Enrolamiento a nadie”.

Trigo (arriba) y mijo, la fórmula del pan negro

La solución consistía en mezclar parte de la molienda de trigo, con lo cual se reducía su proporción para el amasado, y se compensaba el faltante con la harina de mijo. Así se buscaba controlar la profundidad del problema y que el pan no faltara en ningún hogar del país.

Esto duró alrededor de un año, ya que al año siguiente las condiciones meteorológicas comenzaron a modificarse, pero la reacción inicial de la sociedad no fue la mejor. Las piezas perdían su habitual color blanco por uno más oscuro. Se lograba además otro objetivo beneficioso para el bolsillo: el pan obtenido de ese modo era más barato.

Pan negro

El investigador Santiago Chelala en su libro “La era de la inflación” califica como “el arquitecto del pan negro peronista” a Cafiero quien no tuvo ningún fastidio en reconocerlo. “Que otra cosa se podía hacer, si nos quedamos sin trigo”, repetía ante las críticas y añadía “A mí me tocó afrontar lo del pan negro. La oposición decía que era producto de la política, pero fue por la sequía”.

Y explicaba “comenzamos a importar una gran cantidad de toneladas sólo para cubrir el consumo interno. Aparecieron grandes titulares en los diarios, ‘Argentina ex granero del mundo, ahora importa trigo’. Nos reunimos con mis funcionarios y les pregunté si no había una forma de frenar la importación de trigo. Entonces, a uno se le ocurrió que se podía mezclar una parte de la molienda de trigo con una parte de la molienda de mijo, que sobraba. Como resultado teníamos la harina necesaria para seguir produciendo sin importar”.

En una feria, la venta de pan negro

Cuentan que cuando le llevan la idea a Perón, éste preguntó con cierta desconfianza: “Ese pan, un poquito más oscuro ¿lo van a poder comer todos?”. Cafiero se lo aseguró, porque él mismo se iba a ocupar de controlar la distribución de la molienda. “Bueno – le advirtió Perón -, aprovechemos y hagamos de esto un símbolo de austeridad, pero quiero que lo coman todos los argentinos, no quiero que algunos coman pan negro y otros pan blanco”.

EL ANTECEDENTE ITALIANO
Pese a que la idea surgió de un funcionario de Cafiero, aunque la historia se la atribuye a este, tampoco era desconocida por Perón, ya que, durante su permanencia en Italia, al que había sido enviado por el Ejército, como parte de su formación militar, observó un fenómeno similar. La escasez de trigo determinó allí el lanzamiento del pan negro como alternativa.

En 1952 el remedio implementado en Argentina fue igualmente exitoso, al menos en cuanto a impedir un mayor drenaje de divisas, ya que se logró reducir drásticamente la importación de trigo, obligada por la escasa disponibilidad del cereal en el país, como consecuencia de la persistente sequía.

Evita aconsejando como cocinar

El pan negro contó con una herramienta adicional, y consistió con la edición de un folleto con recetas de cocina firmado por la propia Eva Perón, el que fue editado por la gobernación de la provincia de Buenos Aires.

Otro detalle de aquella época también nos acerca a la actualidad y la emparenta con los “corsi e recorsi” del italiano Giambattista Vico. Para mejorar los saldos exportables de granos, Perón estableció que en ese mismo 1952 el Banco Nación duplicara los créditos al sector agrario, para prefinanciar las cosechas y mecanizar el campo, pagándoles a los productores precios más altos que los depreciados valores de granos del mercado internacional.

Esto era así, porque entonces funcionaba el IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio), que había desplazado a las empresas privadas, en su mayoría extranjeras, entre otros rubros, de la comercialización granaria, ocupando el Estado ese rol. El IAPI compraba los cereales con destino a la exportación, asegurando al productor un precio sostén y tomaba a su cargo la colocación de la producción en los mercados internacionales

Fue cuando Antonio Cafiero se impuso la tarea de lograr que algunas exportaciones contaran con un dólar preferencial en beneficio del productor. Lo que hoy parece una novedad con la creación de distintos tipos de dólar para incentivar determinadas producciones, ya Cafiero lo había inaugurado hace 70 años.