HOMENAJE A LAS OBRERAS BERUTENSES: UNA ESCULTURA QUE REIVINDICA EL TRABAJO FEMENINO

Con motivo de la reciente celebración del 136 aniversario del nacimiento de la localidad de Beruti, se realizó un acto que reivindica el trabajo femenino, fundamental durante el período de mayor prosperidad del pueblo, cuando la economía de él giraba especialmente en torno a la fábrica GIAT (Grandes Industrias Argentinas de Trenzado), a la que luego se añadió BAT (Barnices Aplicados a Transición).

El establecimiento fundado en 1935 por Carlos Guazzone, que, aunque nacido en Olavarría, se enrola en el ejército italiano para participar de la primera guerra mundial, y a su regreso, junto a su padre, se dedica a la atención de campos propios, pero luego ve en Beruti un escenario fértil para el desarrollo industrial. Así nace la fábrica de tejidos mencionada, hoy lamentablemente sin actividad y abandonada.

Allí, la mujer tuvo un rol decisivo, en épocas en que el prejuicio de la época indicada que sólo debía atender su hogar y abocarse al cuidado de sus hijos.

En su época de mayor esplendor, la fábrica ocupó, en cifras que difieren, entre 500 y 600 operarios, de los cuales se estima que la mitad eran mujeres.

Sin embargo, el trabajo femenino cobra aún mayor relevancia, ya que debieron enfrentar un trato de desigualdad, antes de estar agremiadas, como recibir salarios inferiores a los de los hombres, a pesar de realizar las mismas tareas, tal es así que mientras los primeros percibían un peso veinte por día que se incrementaba a 1,60 durante el trabajo nocturno, le mujer cobraba 0,70 y 1 peso respectivamente.

El movimiento era incesante, abarcando tres turnos que se iniciaban a las 6,14 y 22 horas, convocados previamente por el sonido de una sirena. Las mujeres que vestían un delantal azul, constituyeron uno de los pilares de la fábrica, y una colorida estampa, que se reflejaba en el hormigueante desplazamiento de estas obreras por las calles del pueblo, en cada cambio de turno.

La fábrica que fue “la vida de Beruti” como se consigna en el libro “Huellas”, comenzó su decadencia en la década del ’70, registrándose despidos y el abandono de la localidad de numerosas familias en busca de otros horizontes, ante la pérdida del empleo.

En el momento de mayor brillo de GIAT, Beruti registró su estado de óptimo bienestar: se constituyeron familias, pudieron acceder a viviendas, automóviles, vacaciones, y educar a sus hijos, muchos de los cuáles hasta pudieron obtener diplomas universitarios.

La escultura, realizada por el arquitecto Javier Núñez, también vinculado a otros aspectos del arte, rinde este justo y demorado homenaje a estas mujeres, algunas hasta niñas al comenzar su tarea de fabricar elásticos, trencillas, cordones, y cintas, para contribuir con su decisiva participación al crecimiento de esa época de la localidad.

Como señaló el autor de la escultura confeccionada en acero que erige a una mujer que levanta sus brazos sosteniendo un ovillo representa “la memoria de tantas manos que tejieron la historia, reivindicando el valor de ellas en el mundo del trabajo, como acto creativo y emancipador, en una figura que no solo sostiene hilos, sino también sueños, comunidad y futuro”.