HOY EN… EL MIRADOR… “25 AÑOS SIN PUGLIESE, LA BARRA LOCAL Y EL MURAL DE CAMPODÓNICO”

Las visitas del “maestro” a Trenque Lauquen. Su marca en nuestra ciudad. Los detalles íntimos de algunos de los encuentros y la influencia que dejó un rastro en una época

preso

Han pasado 25 años de la muerte de Osvaldo Pugliese, uno de los que moldearon al tango hacia sus niveles de excelencia. Fundó su orquesta en 1939 y la conservó por más de cinco décadas, hasta poco antes de irse de este mundo, el 25 de julio de 1995, a los 89 años. Autor de “Recuerdo” y “La Yumba”, uno de los himnos del tango, entre otras muchas composiciones líderes en el gusto popular.

san pugliese

Afiliado al Partido Comunista – carnet 108 – organizó su orquesta, fiel a ese pensamiento, como una cooperativa, y por expresar esa adhesión política, estuvo varias veces preso durante el primer peronismo, y los sucesivos gobiernos militares. El clavel rojo sobre su piano era la florida indicación de que estaba en una celda, mientras su orquesta seguía sonando. Es además, considerado como un amuleto, y hasta tiene una estampita como protector de los músicos y una oración.

Pero también tuvo su barra de seguidores, y según cuentan una de las más bravas. Muchos militaban en el comunismo, y llegaban en camiones al coro de ¡Arena…cemento…a Pugliese un monumento! A otro grupo los llamaban “los de la Curita”, porque sus miembros se pegaban un apósito en la cara para distinguirse, y hasta tuvo seguidoras femeninas. Recibieron el mote de “Las Negras”, por tratarse de muchachas de color, a las que Pugliese para agradecerles su lealtad les dedicó su tango “Negracha”.

LOS INCONDICIONALES
Esta simpatía a ultranza se desparramó por todo el país, y también Trenque Lauquen tuvo a sus incondicionales adeptos. Uno de ellos fue Omar Pedretti, a cuya vivienda de la calle Vicente López denominó “La Yumba”, en homenaje al maestro y su icónica creación, que fue compuesta en 1945, y bautizada con ese nombre, por su similitud con el sonido onomatopéyico que trata de expresar el compás de la orquesta, caracterizado porque el acento cae en el primero y en el tercero de los cuatro tiempos.

Allí se reunían con el dueño de casa, Heriberto Sierra, Carlos “Pichica” Venturi, Agapito Irureta, Roberto Pacheco, el Negro Roca, Buby Barbieri, y otros fervientes admiradores de don Osvaldo a escuchar sus discos, mientras en la parrilla crepitaba el fuego que iba poniendo a punto las tiras de asado y los chorizos.

Hasta a alguno como el “Gordo” Irureta improvisaba ensalzadores versos como aquellos que enunciaban “4 fueyes adelante / 4 violines detrás / un piano que es armonía / y un contrabajo compás / esta es la orquesta del pueblo / que a todo el mundo estremece / es la orquesta del maestro / don Osvaldo Pugliese”

Tampoco el grupo dejó de concurrir a las cuatro presentaciones del maestro en la ciudad. Una en la pista de Ferro Carril Oeste, incluida como estímulo de una rifa organizada por el ya desaparecido Club Carapachay, y las otras tres en el salón de Barrio Alegre, de la calle Almirante Brown. En una de estas  ocasiones la orquesta actuó en dos jornadas seguidas en un fin de semana, el sumun para los oídos pugliseanos.

la yumba

Ni siquiera faltaron cuando en diciembre del ’85, Pugliese, ya de 80 años, accedió al escenario del Teatro Colón, sorpresivamente abierto al tango y a un artista popular, ya que hasta entonces estaba reservado para otras manifestaciones como la ópera, el ballet y la música sinfónica. Y fueron testigos de la apoteosis del final cuando sonaron los compases de “La Yumba”, interpretada por una multiplicada orquesta formada por todos los músicos que pasaron por sus diferentes agrupaciones.

A aquellos encuentros en la casa de Pedretti, también concurría el pintor Rodolfo Campodónico, al que la dictadura del ’76 lo había empujado con su familia a abandonar Buenos Aires y recalar en Trenque Lauquen, donde sus murales en lugares públicos y privados, cincelados durante los años de residencia en la ciudad, configuran una obra impar, más allá de la imponente muestra histórica exhibida en uno de los galpones del ferrocarril convertido en museo, y  reproducidas en gigantografías al costado del Parque Municipal, sobre la calle San Martín.

mural va

Pero en lo de Pedretti dejó quizá su creación más desconocida, un mural que ocupa toda una pared del comedor del domicilio de la calle Vicente López pintado sobre una plancha de panelco de 3,50 metros de largo por 1,80 de ancho. Con una carbonilla dibujó el boceto en un par de horas y unos mates de compañía, y en una semana lo dejó terminado. Esa fecha quedó fijada en la misma pintura en la figura de un almanaque inclinado donde se lee: “sábado 23 de octubre de 1976”.

BULÍN MISTONGO

ruggiero
En primer plano Ruggiero, y en el fondo Pugliese

El mural reproduce el interior de un “bulín”, cuyo personaje central es un bandoneonista recostado sobre el instrumento, en una pose que el autor juzgó como propia de los músicos de Pugliese, especialmente la del “Tano” Osvaldo Ruggiero, que fue el emblema en esa fila de “fueyes” y que por momentos con su cabeza y abundante cabellera cubría el instrumento, a diferencia de los de Troilo que ejecutaban más erguidos y distantes.

Campodónico apeló a su propia nostalgia, ya que, a la izquierda, describe una visión de su infancia cuando habitó una casa en el barrio de Barracas. Una ventana abierta, que deja ver escasas plantas y flores en humildes macetas, da paso al patio del conventillo, mientras en lo alto se recortan las siluetas de una fábrica y del puente Barracas.

En la totalidad de la pintura, hay fotos de Gardel, Troilo y Pugliese, un banderín del ”Sportivo Barracas”, seguramente en las simpatías de Campodónico, la “catrera”, pava y mate, un cenicero de lata junto a un atado de cigarrillos “Particulares”, una botella de vino “Tomba”, un brasero, un perchero del que cuelga una toalla con la inscripción “Hotel Ritz”, que se supone ha sido prolijamente hurtada, y otros objetos que le dan vida a un “cotorro bien mistongo”. El artista remata la obra con su firma y la leyenda “A La Yumba ¡Siempre!”.

Días después, Campodónico, que por lo visto seguía atrapado por su obra, se encuentra con Pedretti, y afligido, reparando en una omisión, le dice: “¡Omar me olvidé de poner los fósforos Ranchera!”, la más famosa de las marcas de entonces.

visita

Pugliese con su esposa Lidia visitó el lugar en 1980, en ocasión de una de sus presentaciones en Trenque Lauquen, quedando retratado delante del mural, junto Pedretti, Venturi y Carlos Goñi.

Hace un cuarto de siglo Pugliese partió hacia otra dimensión. Ya había avisado: “todos los días le hago los cuernos al diablo, pero cuando llegue la hora del espiche diré: bueno muchachos, llegué hasta aquí, me las tomo, sigan ustedes”.
Osvaldo Pugliese, la hoz y el martillo / La Yumba, el piano y el clavel.