El gobierno nacional avanza con la puesta en valor de la obra de Francisco Salamone, un icónico arquitecto ítalo-argentino que desarrolló la mayor parte de sus monumentales proyectos en pequeños pueblos del interior bonaerense. En una primera etapa invertirán más de 350 millones de pesos para restaurar sus creaciones que incluyen palacios municipales, cementerios y plazas.
El contraste entre la llanura pampeana y la obra de Salamone no puede ser mayor. Sus moles de hormigón jamás pasan desapercibidas. Las torres de sus palacios municipales o mataderos superan la altura máxima de las iglesias y suelen ser los espacios más elevados de las localidades donde están implantados.

Por el momento Nación tiene en carpeta 12 intervenciones en 10 localidades como Alberti, Gonzales Chaves, Guaminí, Pringles, Adolfo Alsina, Balcarce, Rauch, Saldungaray y Las Varillas, en Córdoba.
Los trabajos están coordinados entre el Ministerio de Obras Públicas que conduce Gabriel Katopodis y el de Cultura, a cargo de Tristán Bauer.
La vida de Salamone es un misterio. En los 20 años posteriores a construir 72 obras con un estilo que mezcla el monumentalismo, el futurismo y el art decó en pequeñas localidades de la Provincia sólo levantó dos discretos edificios en Capital Federal y se dedicó la pavimentación de caminos.

Sus proyectos más importantes los realizó entre el ’34 y el ’38, la mayoría en pueblos alejados de la Capital, en una época donde los caminos asfaltados eran la excepción y no la regla. Si bien en su tiempo significaron la llegada del progreso y la integración a la Nación, los monumentales edificios fueron mirados de reojo por los vecinos hasta la segunda mitad de los ‘90.
Con el redescubrimiento de Salamone la percepción de sus diseños giró 180 grados. Miles de turistas llegan cada año para recorrer las obras y existen “rutas salamónicas”, aunque no estás diagramadas de forma oficial. La idea de darle una articulación desde el Estado aún está en estudio.
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