JAVIER LUX: FUE CAMPEÓN CON EL RACING DE MOSTAZA Y HOY ES CONTRATISTA RURAL EN TRENQUE LAUQUEN Y LA REGIÓN

El 27 de diciembre de 2001, Argentina se desangraba con una crisis política, económica, social e institucional… pero la pelota siguió rodando. Había que terminar el campeonato nacional de fútbol que finalmente consagraría a Racing de Avellaneda campeón después de 35 años (el último título local había sido en 1966) dirigido por Reynaldo “Mostaza” Merlo, que había acuñado la famosa frase “paso a paso”, para tranquilizar a hinchas y periodistas ansiosos.

En ese plantel, que quedó en la historia del club, estaba Javier Lux, un hijo de contratistas rurales de Carcarañá, que siendo adolescente se fue del pueblo a la gran ciudad para cumplir el sueño de jugar al fútbol y cuando terminó su carrera volvió a subirse a la cosechadora.

“Carcarañá, donde nací y vivo hoy, es sinónimo de campo, y el campo es mi vida, pero cuando era adolescente se me cumplió el sueño que tenía en ese momento, ser jugador de fútbol profesional, y para cumplirlo tuve que luchar, porque a los 15 años me tuve que ir de casa a una pensión con chicos de todo el país que vivíamos abajo de la tribuna de la cancha de Racing”, contó Lux.

Así repasa sus dos pasiones, el campo y el fútbol, Javier Alejandro Lux, hijo de Juan Carlos Lux, y uno de tres hermanos varones (Sebastián -que falleció en 2006- y Germán -arquero de River Plate hasta 2021-) que de chicos acompañaban a su padre a cosechas que sembraron hermosos recuerdos.

“Somos contratistas rurales desde siempre, te quedan los recuerdos de los viajes que hacíamos a Tres Arroyos ¡tres días tardábamos con las máquinas!, mi viejo nos había tirar en la banquina a ver las cubiertas de los carros tolveros que se pinchaban dos por tres… no llegábamos más… hoy en un carretón llegás en 10 horas, cómo cambió todo”, recordó Lux.

CRECER DE GOLPE
“Yo estaba en el campo pero mi pasión era jugar a la pelota”, disparó Lux consultado sobre cómo fue que terminó siendo jugador de Racing de Avellaneda. Pero cumplir ese sueño le costó, no fue un camino de pétalos de rosa.

Javier Lux jugaba en el Club Atlético Carcarañá, el club del pueblo que por entonces tenía 15.000 habitantes (hoy cerca de los 18.000). “Vinieron de Racing y seleccionaron a diez chicos para probarse en Buenos Aires, después de esa prueba quedamos tres, y así fue como terminé viviendo con otros 50 pibes en la pensión”, contó Lux.

Pero al mes y medio se volvió. No soportaba estar lejos de la familia, la tranquilidad del pueblo, los amigos y el campo. “Extrañaba una locura, no me acostumbraba a vivir con 15 años lejos de todo lo que conocía y me hacía sentir seguro, la verdad la pasé mal”, recordó.

“La pensión no era lo que son ahora”, advirtió Lux. Y contó: “En el campo tenía para comer y en la pensión a veces nos faltaba la comida, además estaba con 50 pibes de todo el país y no era fácil convivir, me acuerdo que mi viejo me dijo que me dejaba ir pero con la condición de que termine el secundario, así fue y se los agradezco, pero yo acá iba a un colegio privado, me ponía el uniforme y estaba a tres cuadras de casa, allá de los 50 pibes que éramos en la pensión sólo tres íbamos al colegio público, así terminé 4to y 5to año”.

Cuatro años estuvo en la pensión. Debutó en primera el 3 de marzo de 1997 con 19 años. “Hay que luchar y trabajar por los sueños, si no es difícil que se cumplan”, compartió Lux, que tuvo una carrera deportiva como profesional de 15 años. Jugó entre 1995 y 2002 en Racing, luego en Talleres de Córdoba, Estudiantes de La Plata, Instituto de Córdoba, Banfield, Arsenal de Sarandí y Belgrano de Córdoba.

¿Y cómo quien jugabas, Javier?: “Era volante central, zurdo, muy táctico y con marca, me identificaba con (Fernando) Redondo… pero fallado -se ríe-, nunca me sobró nada, le metí mucho esfuerzo”.


EL LEGADO
“Con mis hermanos nos criamos en el campo, la vida de contratista la mamamos de chicos, una niñez viajando en las casillas y en la caja de la chata, de campo en campo a todas las provincias”, apuntó Lux.

“Volver me costó al principio un poco porque venía de una vida distinta de, varios años como futbolista, pero hoy estoy bien acá, es mi laburo, lo disfruto y lo sufro, hace más de diez años que volví”, recordó Lux.

“Mi viejo siempre nos inculcó el trabajo, es un gringo de campo que se la pasa laburando, nos educó, nos crió y me abrió las alas para que cumpla el sueño de jugar a la pelota, mis padres son leales, fieles y siempre con la palabra justa”, contó Lux.

La empresa viene de su abuelo, Don Edmundo, de hecho, así se llama hoy la empresa, y tiene grabado ese nombre en el costado de las cosechadoras. “Hoy la empresa está conformada por mi padre y mi primo Hernán y yo, el hijo de Hernán está estudiando agronomía, mi hijo está en la secundaria”, contó Lux.

La zona de trabajo como prestadores de servicios es en Leones, Córdoba hace 30 años; en Trenque Lauquen, Balcarce y Tres Arroyos. Justamente ahí en Tres Arroyos tienen dos clientes “longevos”. “Mi padre hace 42 años que va a las mismas estancias, ya somos familia con esa gente, conocemos al abuelo, al padre y a todos los hijos, hay una relación hermosa”, repuso Lux.

Tienen dos equipos completos y se dividen el trabajo. En total trabajan unas 1000 hectáreas como productores y alrededor de 20.000 hectáreas por año como contratistas.


EVOLUCIÓN
“Hemos crecido en capacidad de trabajo y en uso de tecnologías, siempre tratando de tener todo lo de punta para brindar un buen servicio”, dijo Lux, que está enfocado en buscar las mejores herramientas bancarias para mantener los equipos renovados. “Hoy tenemos la última tecnología en maquinarias, todas conectadas, con los datos monitoreados, nuestros clientes apenas salimos del lote tienen la información de lo que hicimos, es por donde creo que va hoy la cosa”, opinó Lux.

“Hay que capacitar a los operarios en el uso, pero también en cómo arreglar las máquinas, hoy eso ha cambiado mucho, antes se rompía un bolillero y lo arreglabas con un alambre de fardo y la tenaza, hoy tenés que tener señal de teléfono porque hay que solucionarlo de otra manera, conectarse con las concesionarias, servicio técnico, tutoriales, y todo eso”, dijo Lux.

 

SER CONTRATISTA HOY
Muchas veces, desde afuera de la actividad, uno se pregunta ¿Por qué siguen los contratistas? O ¿Cómo siguen? Una actividad con mucho de “liturgia” (la casilla, estar en medio del campo, el guiso o el asado a la sombra de algún árbol, esperar que el cultivo se entregue para trabajar), pero que depende demasiado de otros eslabones y contextos.

“El negocio del contratista tiene altibajos constantes, según el color político que esté como gobierno, no tenemos reglas estables, vivimos trabajando, invirtiendo en los fierros, es impresionante como el gringo, cada vez que tiene un mango reinvierte en fierros para que la cadena siga tirando, la inversión es tremenda, está muy distorsionado con los impuestos nacionales, provinciales y municipales que se pagan, el gringo depende mucho del factor climático, cuando hay recaudaciones record todos miran, cuando vienen dos años de seca nadie se acuerda”, dijo Lux.

“El campo es la rueda de auxilio de cada gobierno de turno, siempre que lo necesitan está ahí, el gringo tiene un peso en la mano y lo invierte en fierros o en producción, y como contrapartida recibe castigo con los impuestos que nunca vuelven al sector”, insistió Lux.

Al poner sobre la mesa el día a día, Lux reconoce que “cuando se rompe algo no puedo dormir”. “Una vez se me rompió la hidrostática de la máquina y la misma noche la hice desarmar, me fui de Trenque Lauquen a Rafaela (650 km), dormí arriba de la camioneta y volví al otro día para que la máquina siga andando… una locura, pero no podía dormir si no”, recordó.

OLIGARCAS Y “PATADURAS”
Los hermanos Lux (Javier y Germán) convivieron con las críticas en su paso por el fútbol. Ahora bien, ¿Cómo reciben las críticas que recibe el campo? “La idiosincrasia de los argentinos es así, vivimos un Boca-River permanente, si no tenés una contra no te alimentás, tenés que ser de uno u otro, Ford-Chevrolet, aborto-no aborto, vacuna-anti vacuna… vivimos así, es increíble, no sé si alguna vez va a cambiar”.

“El fútbol tiene un reglamento y un árbitro para hacer cumplir las reglas, en el campo las cambian según que color político que esté al poder”. Fin de la historia. Sin embargo, Javier destacó: “Mi viejo siempre nos enseñó que hay que estar siempre ahí, viendo la manera para seguir adelante”.

Porque para Lux, “me puede decir lo que quieran, pero las ciudades del interior viven alrededor de lo que pasa en el campo, acá, en Carcarañá, que venimos de dos años de seca y vamos para el tercero, al pueblo le cuesta caminar, el almacenero no vende, el camionero no hace fletes, el carnicero no vende kilos de carne”.

GOLES Y COSECHAS
“El desafío es siempre crecer, tener lo último en tecnologías, también el ida y vuelta con el dueño de los campos, y los ingenieros, mi padre ha forjado relaciones más allá de lo laboral en sí, de amistad, casi de parentesco con 40 años yendo a los mismos lugares, eso habla de buena gente”, contó, orgulloso, Javier Lux. Y agregó: “Ojalá podamos continuar el legado que él nos está dejando”.

“Mi viejo está muy activo en lo que es la máquina, se sube a las 8 de la mañana y se baja a las 10 de la noche, es increíble, nosotros le decimos que descanse, pero laburó toda su vida, es un ejemplo de trabajo para todos, ¡andá a bajarlo!”, bromeó Lux.

Como cierre, un recuerdo para su hermano Sebastián, que de los tres fue el que se quedó laburando con el padre en el campo. “No me quiero olvidar de Sebastián que laburó toda la vida con nosotros, también él ha sido un ejemplo de trabajo y estuvo al lado de mi viejo siempre”.

¿Hay alguna satisfacción parecida a meter un gol? “Para mí, es un placer enorme cuando termina una campaña y estás con la cosechadora y todos los equipos en el galpón, los fierros son cada vez más grandes y transportarlos es cada vez más difícil, no es la euforia de meter un gol, igual yo metí pocos en mi carrera (8), aunque sí una gran tranquilidad”.

Quizás por eso, si pudiera tener un súper poder, Lux elegiría tener la fuerza y los brazos para “agarrar la cosechadora en el galpón de Carcarañá y ponerla en Trenque Lauquen, y de ahí a Tres Arroyos… y así sucesivamente… los traslados son una pesadilla”.

Los Lux tienen en la sangre dos de las pasiones más fuertes de los argentinos. El campo y el fútbol. Desde su abuelo, pasando por su padre, ahora les toca a ellos y luego a sus hijos. “La base está”.

TEXTO Y FOTOS PUBLICADOS EN EL DIARIO CLARÍN