Este sábado 23 el popular cantante español Julio Iglesias celebró sus 80 años de vida en su actual residencia de Las Bahamas, y en poco más de dos meses se cumplirán 25 años de su presentación en Trenque Lauquen, en la que no dejó el mejor recuerdo, como veremos.
Fue el martes 8 de diciembre de 1998, en el escenario del campo de juego del club Barrio Alegre, que lo había contratado, previo pago de 200 mil dólares, que unos días antes directivos de la entidad celeste efectivizaron en una oficina en Buenos Aires. Les negaron llevarse una constancia del importe, aunque tiempo más tarde la recibirían insólitamente desde un banco brasileño.

Su actuación estuvo precedida de otros desconcertantes ribetes, casi como un anticipo de lo que sobrevendría posteriormente. Había avisado que aterrizaría en Santa Rosa, hacia donde partieron los vehículos fletados por el club para traerlo a la ciudad, pero en medio del trayecto debieron desviar su marcha, anoticiados que lo haría en General Pico, donde finalmente bajó del avión. Entrevistado por un periodista pampeano aseguró que también llegaba para comprar tierras en nuestro distrito. Lo cuenta abajo, en un video.
Ya en Trenque Lauquen desechó con desagrado alojarse en la quinta que la institución le había alquilado, y luego se supo de su paradero en un restorán céntrico, que debió cerrar sus puertas, al reservarlo en exclusividad para él y su comitiva.
La noche tampoco pintaba para el augurio. Negros nubarrones se cernían en lo alto y un fuerte chaparrón se descargó poco antes de que se iniciara el espectáculo. El público, calculado en unas 12 mil personas, se mantenía inconmovible en sus butacas, pese al pronóstico climático adverso.
Muchos, provenientes de la región y aún desde lugares más lejanos, atraídos por la fama del singular cantante, ya de 55 años, cuya voz se había paseado por la mayor parte de los países del planeta, incluso llenando el Madison Square Garden neoyorquino y el mítico estadio Maracaná de Río de Janeiro.

Pero, aquí, en Trenque Lauquen, nadie de la multitud reunida hubiera apostado que ofrecería tan indigente recital, yéndose decepcionada. Iglesias menospreció a su auditorio, burlándose inclusive cuando en algunos pasajes interpretó temas en inglés. Fue cuando se dirigió a un coro de tres bellas muchachas, instalado detrás suyo para decirles, entre risas, “no entienden un carajo, pero igual nos disfrutan”.
Tampoco cayó feliz su autoelogio: “aprovechen porque mañana estarán diciendo que les cantó Julio Iglesias”. Fue abucheado, recibió silbidos, y parte del público comenzó a retirarse antes en actitud de disconformidad, el más infrecuente comportamiento en la historia de los shows realizados por Barrio Alegre, que siempre recibió halagos por los enormes artistas que se subieron al escenario celeste, a partir del primero, en febrero de 1979, con la presencia de la orquesta típica de Héctor Varela, Los Indios Tacunau, Argentino Luna y Alberto Cortés, hasta el último, a días del inicio de la pandemia en marzo de 2020 con Abel Pintos.
En otro momento, hizo desalojar a fotógrafos y camarógrafos con un despectivo “televisión fuera”. Al cantar un par de tangos se atribuyó, con arrogancia, ser el artista que mejor difundió el género por el mundo “más que los argentinos”, agregó, un agravio a nuestra música popular y a sus cultores que la desparramaron universalmente desde remotos tiempos, aún antes de que él naciera.
Lo mejor de su concierto fue al acometer sus mayores éxitos como “Me va, me va”; “Bamboleo”; “Baila morena”; “Manuela”, y “Abrázame”, siempre acompañado de una sólida banda de teclados, guitarras, bajo, percusión y hasta una flauta traversa.
Un saldo negativo que solo alcanza al artista español, porque Barrio Alegre siempre ha impuesto un sello de seriedad y calidad en este tipo de emprendimientos. Precisamente procuró obsequiarle a la gente un espectáculo de jerarquía mundial, invirtiendo los fondos del primer premio del abono anterior, que no tuvo favorecidos. Podía haberse quedado con ese cuantioso dinero y volcarlo en nuevas obras, pero prefirió regalar un cotizado show a escala universal, sin imaginar tamaña defraudación.
Hacia el fin del recital el cielo se había despojado de las nubes amenazantes de lluvia, y ya brillaban las estrellas. La que cantó sobre el escenario no despedía los mismos destellos.
Las fotos corresponden a las publicadas por el diario La Opinión con la crónica del espectáculo de ese día.