LA CUOTA ALIMENTARIA SE PAGA TODOS LOS MESES… PERO ¿ALCANZA?

“Me paga todos los meses, pero hace años que recibo lo mismo”, es una frase que escucho con frecuencia en las consultas por alimentos.

Cuando hablamos de cuota alimentaria solemos pensar inmediatamente en el progenitor que no paga. Sin embargo, existe otra situación mucho más silenciosa: la cuota se paga, pero quedó desactualizada y ya no responde a las necesidades actuales de los hijos.

Esto ocurre especialmente con acuerdos celebrados hace algunos años, en los que se estableció una suma fija de dinero —por ejemplo, determinado monto mensual— sin incorporar ningún mecanismo de actualización.

El tiempo pasa, los precios cambian y, fundamentalmente, los hijos crecen y sus necesidades también cambian.

Una cuota que pudo resultar adecuada cuando un niño tenía cuatro o cinco años puede dejar de serlo cuando comienza otra etapa de su vida. Aparecen nuevos gastos de alimentación, vestimenta, educación, transporte, actividades deportivas o recreativas, tecnología, vida social y, en algunos casos, mayores necesidades relacionadas con su salud.

Por eso, que una cuota se esté pagando regularmente no significa necesariamente que siga siendo suficiente.

EL PROBLEMA DE LAS CUOTAS FIJAS
Cuando una cuota se establece exclusivamente en una suma de pesos y no se prevé una forma de actualización, con el paso del tiempo puede perder considerablemente su valor.

Por eso es importante que los acuerdos o resoluciones contemplen mecanismos que permitan que la cuota acompañe las variaciones económicas. Dependiendo de cada situación, puede establecerse un porcentaje de los ingresos del progenitor obligado o utilizarse un parámetro objetivo de actualización.

No existe una fórmula única que sirva para todas las familias. Lo importante es que la cuota no quede congelada mientras todo lo demás cambia.

¿Y LOS GASTOS EXTRAORDINARIOS?
Este es otro de los grandes problemas de muchos acuerdos de alimentos. Se fija una cuota mensual, pero nadie establece qué ocurrirá cuando aparezca un gasto extraordinario.

Una ortodoncia, determinados tratamientos médicos, anteojos, una intervención que no estaba prevista, ciertos gastos escolares excepcionales o alguna otra necesidad importante pueden generar un desembolso que exceda los gastos habituales contemplados al fijar la cuota.

Y entonces empiezan las discusiones: ¿quién lo paga?, ¿se divide?, ¿en qué porcentaje?, ¿había que consultarlo previamente?, ¿cuánto tiempo tiene el otro progenitor para reintegrarlo?

Lo que no se prevé cuando existe acuerdo suele convertirse después en motivo de conflicto.

Por eso es importante determinar claramente qué gastos quedan comprendidos dentro de la cuota ordinaria y cómo se afrontarán aquellos que, por su naturaleza, resulten extraordinarios.

LOS ALIMENTOS NO SON UNA FOTOGRAFÍA
Las necesidades de un hijo no permanecen iguales durante toda su infancia y adolescencia. Tampoco necesariamente permanece igual la situación económica de sus progenitores.Puede cambiar el trabajo, los ingresos, la escolaridad de los hijos, sus actividades, su estado de salud o la organización familiar.

Por eso, una cuota alimentaria no debería pensarse como una fotografía tomada el día en que se firmó un acuerdo y destinada a permanecer igual durante años.

Cuando las circunstancias que fueron tenidas en cuenta al momento de establecerla se modifican, puede resultar necesario revisar nuevamente esa cuota.

Y esto es importante: pedir una revisión no significa necesariamente que el otro progenitor esté incumpliendo. Puede estar depositando puntualmente todos los meses exactamente aquello que se acordó y, aun así, ese monto haber quedado desactualizado frente a la realidad actual del hijo.

REVISAR ANTES DE QUE EL MONTO DEJE DE ALCANZAR
Muchas veces se consulta recién cuando la diferencia entre la cuota y los gastos reales de los hijos se vuelve insostenible.

Por eso, si existe una cuota fijada hace tiempo, es conveniente preguntarse: ¿continúa siendo adecuada?, ¿tiene algún mecanismo de actualización?, ¿acompaña el crecimiento y las necesidades actuales de mis hijos?, ¿están contemplados los gastos extraordinarios?, ¿está claro cómo deben abonarse?

Porque cumplir una cuota desactualizada no necesariamente significa cubrir adecuadamente las necesidades actuales de un hijo. Los alimentos se fijan teniendo en cuenta una realidad determinada. Y cuando esa realidad cambia, la cuota también puede necesitar ser revisada.

¿TE SENTÍS IDENTIFICADA?
¿La cuota alimentaria de tus hijos quedó desactualizada? ¿Es un monto fijo que ya no alcanza? ¿Hace años que recibís la misma suma? ¿Nunca se contemplaron los gastos extraordinarios?

Podemos revisar tu situación particular y evaluar si corresponde solicitar una actualización.

Mandame un WhatsApp y coordinamos una entrevista personal.

Dra. Paola Piqué
Abogada – Diplomada en Derecho de Familia
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