No fue la archiconocida Yiya Murano dando muerte a tres amigas a las que invitaba a tomar el té y escondía cianuro dentro de las masitas que completaban el agasajo, ni tampoco el más cercano de Gladys Leal, en General Villegas, que asesinó a su esposo diluyendo dosis de estricnina en el jugo de naranja que consumía.
El episodio que tuvo como protagonista a la chaqueña Graciela Teresa Galarza, en un domicilio de la localidad de 30 de Agosto, tuvo un final distinto, al fracasar el intento de quitarle la vida a su pareja César Daniel Roldán tras mezclar veneno para ratas dentro de un guiso de arroz, caso del que diéramos cuenta en esta página días pasados, y que ahora ampliamos. El hecho se consumó en abril de 2011, pero tras largos planteos y apelaciones, la sentencia final se conoce recién ahora.

Galarza había dispuesto escrupulosamente la escena del crimen, al cenar previamente fideos con sus dos hijos provenientes de una relación anterior, uno de los cuales padece de esquizofrenia, y prepara aparte, para Roldán, el guiso de arroz en el que introduce el veneno. Es decir, no cocinó un alimento cualquiera, sino uno que permite disimular los granos que dispuso en él para lograr su propósito de dar muerte a su pareja sin que este lo advirtiera.
Y así fue, esperó a que Roldán regresara de sus labores como trabajador rural, para calentar el plato de comida, quien lo ingirió. La víctima al terminar de cenar, observó sobre el fondo del plato la presencia de granos compatibles con el veneno para ratas que habían adquirido junto a Galarza en una semillería, argumentando una invasión de lauchas en su casa.
Presagiando el peligro que corría su vida, Roldán se subió a su moto y se dirigió rápidamente al hospital de la vecina localidad, donde le brindaron la asistencia médica de manera urgente, siendo sometido a un lavaje de estómago y otras prácticas a fin de neutralizar el envenenamiento.

De ese modo, Galarza, supuestamente inducida por los celos que le provocaba una vecina, a la que veía como posible seductora de Roldán, no alcanzó a lograr la consumación de su propósito, que de cualquier modo no hubiera obtenido porque la cantidad de los granos dispuestos eran inidóneos para lograr el cometido, y por la veloz atención médica.
Avisada la policía, se realizó posteriormente un allanamiento en el domicilio, donde se constató la existencia del veneno en la olla en la que se había preparado el guiso y el envase que contenía todavía un resto del elemento tóxico arrojado a la basura, con la que la ahora condenada procuró ocultar la prueba de su accionar.
Galarza en su declaración refutó haber puesto los granos envenenados en la cena de Roldan de manera intencional, aunque no negó haber manipulado los mismos cerca de la comida, y que podrían haber caído eventualmente en la misma. Galarza tampoco desmintió ser quien tiró el resto del veneno a la basura, incurriendo en una contradicción, ya que la explicación no resulta compatible con la invasión de lauchas que manifestaba tener dentro del domicilio para lo cual debería haberlo conservado.
Roldan quiso excusar a su mujer diciendo que el veneno se pudo haber caído dentro del alimento accidentalmente pero luego reconoció, entre lágrimas, que tenía lástima de lo que pudiera pasarle a ella por el hijo que era enfermo mental, sumado a que él quería a los hijos de ellas como si fueran suyos. El tribunal calificó su relato como “conmovedor y veraz”.

Otro fragmento del fallo resulta muy significativo relativo a la pulsión de la mujer en la elección del veneno para matar. Textualmente puntualiza: “Las estadísticas han puesto preferentemente en manos de las mujeres el uso del veneno como medio para matar. Diferentes son las razones que respalda esta aseveración. En principio son las mujeres las que están comúnmente en contacto directo con los alimentos en la cocina, siendo que allí se encuentra un sitio y un momento ideal para llevar adelante la empresa criminal de envenenar alimentos que otros consumirán”.
Y agrega: “Por otra parte, la gran mayoría de las mujeres desconoce el uso normal de las armas de fuego, situación también que viene a cooperar para que el sexo femenino se incline por el uso del veneno al momento de decidir el homicidio. Esto puede observarse fácilmente observando las situaciones procesales de las mujeres detenidas en la Unidad 3 del Servicio Penitenciario Federal, cárcel de Ezeiza, en la Provincia de Buenos Aires”
Finalmente, el Tribunal Oral Criminal N° 1 del Departamento Judicial de Trenque Lauquen resolvió condenar por unanimidad a Graciela Teresa Galarza a la pena de cinco (5) años de prisión de efectivo cumplimiento por ser considerada autora del delito de tentativa de homicidio.