Falleció ayer, a los 47 años, en Palma de Mallorca (España), el trenquelauquense Juan Manuel Oros Petro, protagonista de una conmovedora historia de pelear por la sobrevivencia, junto a su familia, profesionales que lo acompañaron, y el sostenido apoyo de sus incondicionales amistades, todos con enorme devoción y esperanza por la recuperación de su salud

Su historia quedó expresada en el emotivo relato, por momentos estremecedor, que compartió con su madre, en su libro ”Estar de vuelta”, que presentó en Trenque Lauquen, en un esporádico regreso a su ciudad desde España, ocasión en la que además recibió el reconocimiento del Concejo Deliberante.
Hijo de Luis Oros, mecánico de oficio, y de María Luisa Petro, ama de casa, Juan Manuel, en 1993, a los 15 años, cursando el tercer año de la Escuela Técnica, sufrió un desmayo, y los estudios posteriores determinaron que se hallaba afectado de un maligno tumor cerebral. Vivían, por entonces, en calle Derqui, entre Belgrano y Dorrego, y posteriormente en una quinta de la calle Tala. La familia la completan sus hermanos César, Celeste y Victoria.

El mal detectado lo condujo a una verdadera odisea en procura de salvarle la vida, con internaciones en la Capital Federal, insufribles tratamientos, casi dos años en coma, y los pronósticos más agoreros, como que en dos ocasiones los médicos que lo atendían avisaron a sus padres que nada se podía hacer y que sus horas de vida estaban contadas.
Pero los milagros existen, y su corazón siguió latiendo para iniciar un dilatado tratamiento, con su consiguiente rehabilitación, completado en Trenque Lauquen, con sensibles profesionales, y otro proveniente de Buenos Aires, que viajaba periódicamente, los que se abocaron a su caso como enorme humanidad. Todos ellos están mencionados en su libro “Estar de vuelta”, como igualmente aquellos que los acompañaron en ese adverso peregrinaje. La obra arranca con una agradecida dedicatoria: “Para mi familia”.

Así, “Juanma”, como todos lo reconocían, y aún con las secuelas de su enfermedad, incluyendo la imposibilidad de caminar y tener que desplazarse en una silla de ruedas, pudo obtener el bachillerato en Ciencias Sociales en el entonces Centro Polivalente de Arte, y posteriormente realizar estudios de informática en el Instituto de Formación Docente.
En febrero de 2002, la familia, agobiada por la crisis económica, decidió apuntar a nuevos horizontes, y cruzó el Atlántico para establecerse en Palma de Mallorca, a orillas del Mediterráneo, en España. Desde allá nos llega la infausta noticia de la muerte de Juan Manuel, un ejemplo de que luchar por la existencia vale inclaudicablemente la pena. Como en la fantástica letra de “Honrar la vida” Eladia Blázquez lo transmite: “Merecer la vida es erguirse vertical, más allá del mal, de las caídas…”.