Nilda Haydeé Brúa, conocida por todos como “Koky”, murió dejando una huella imborrable en la cultura y, especialmente, en la danza de Trenque Lauquen y la región.
Durante más de seis décadas, su vida estuvo ligada al baile, a la enseñanza y a la formación de generaciones de alumnas que encontraron en ella no solamente una profesora, sino también una referente, una compañera y una verdadera apasionada por el arte.

Koky fue una mujer de escenario, pero sobre todo de aula. Su trayectoria comenzó cuando era apenas una niña y miraba desde la ventana las clases de danza que se dictaban cerca de su casa. Aquella fascinación inicial se transformó con los años en una vocación que nunca abandonó.
Comenzó bailando folclore con Herminda Pergolani en la Casa del Niño y luego continuó su formación con Marta De Virgilio. Más tarde viajó regularmente a Buenos Aires para estudiar en el Conservatorio Fracassi, en una época en la que cada viaje implicaba esfuerzo y dedicación.
Su pasión creció al mismo ritmo que sus conocimientos. Se perfeccionó en danza española, danza clásica, danza vasca, zapateo americano, gimnasia aeróbica y diferentes géneros y técnicas. También tuvo formación en el Teatro Colón y compartió instancias de capacitación con figuras reconocidas de la danza, entre ellas María Amuchástegui y Julio Bocca.

Todavía siendo muy joven comenzó a dar clases y rápidamente su nombre comenzó a trascender las fronteras de Trenque Lauquen. Enseñó en Pellegrini, América, Salliqueló y 30 de Agosto, y durante décadas formó a cientos de bailarinas.
Las academias Stylo y La Fontayn fueron parte fundamental de ese recorrido de casi medio siglo dedicado a enseñar. Por sus clases pasaron madres, hijas y nietas, muchas de ellas continuando luego sus propios caminos dentro de la danza y llevando consigo las enseñanzas de aquella mujer que hacía de cada clase una experiencia de aprendizaje y de vida.
“Me llena el corazón ver bailar a mis alumnas. Me han superado, y eso es lo más lindo”, había dicho durante el homenaje que recibió en 2025 por su extensa trayectoria.

En aquella oportunidad volvió a quedar expuesto el enorme cariño que generó entre distintas generaciones de alumnas. El reconocimiento reunió a mujeres que habían compartido sus primeros pasos con ella y que regresaron para celebrar a quien había marcado sus vidas.
Koky nunca entendió la danza como una simple disciplina. Para ella era movimiento, alegría, encuentro y una manera de sentirse viva.
Incluso en sus últimos años continuó enseñando a adultos mayores en el Centro de Jubilados, donde durante años llevó adelante clases de ritmo y gimnasia. Allí encontraba una nueva forma de transmitir aquello que había aprendido desde niña.
“Mientras el cuerpo me dé, voy a seguir enseñando”, había expresado con una sonrisa.

También siguió bailando. Participó de actividades y celebraciones especiales, como el acto del Bicentenario en la Plaza, la reinauguración del Teatro Español y distintas propuestas artísticas en las que volvió a subirse a un escenario.
A punto de cumplir 78 años, en 2023 se definía a sí misma con una frase que resume toda su historia: “Para mí el baile, la danza es todo. No sé qué haría si no pudiera bailar, si no pudiera mover los pies”.
Hoy, Trenque Lauquen despide a una mujer que hizo de la danza su forma de vida y que convirtió esa pasión en un legado que permanecerá en cada una de las personas que alguna vez aprendieron con ella.
Porque la música puede detenerse, las luces pueden apagarse y los escenarios quedar vacíos, pero las enseñanzas de Koky Brúa seguirán bailando en quienes tuvieron el privilegio de conocerla.