“NADIE SE SALVA SOLO”, EL MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO EN LA PLAZA DE SAN PEDRO VACÍA POR LA PANDEMIA DEL CORONAVIRUS

Luego de la lectura del Evangelio y la homilia, brindó la “bendición urbi et orbi” o indulgencia plenaria de manera extraordinaria y expuso el Santísimo Sacramento del Altar en silencio para compartir en oración con los hogares de todo el planeta

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El Papa Francisco aseguró hoy que “nadie se salva solo” de la pandemia del coronavirus, durante un histórico rezo que realizó por primera vez ante una plaza San Pedro vacía.

“Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados”, aseguró el sumo pontífice durante uno de los tradicionales rezos que realiza en la plaza San Pedro, que por primera vez en la historia lució completamente vacía, por los estrictos protocolos de aislamiento que existen en una Europa diezmada por el avance de la pandemia.

En épocas de excepciones, Francisco brindó la “bendición urbi et orbi” o indulgencia plenaria, por primera vez fuera de las fechas estipuladas por la Iglesia: la Navidad y la Pascua.

“Desde hace algunas semanas parece que todo se ha oscurecido”, reflexionó el Papa de  83 años, quien en el inicio del avance de la pandemia en Italia se vio obligado a confinarse por una gripe, lo que alimentó rumores de que podía haber contraído coronavirus.

“Densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas llenando todo de un silencio que ensordece y un vacío desolador que paraliza todo a su paso: se palpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas. Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa”, dijo.

Durante el rito, Francisco criticó que “codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa”. El evento fue seguido por más de un millón de personas por streaming. “”No somos autosuficientes; solos nos hundimos. Necesitamos al Señor como los antiguos marineros las estrellas. Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza”, cerró.