A diferencia de lo que se manifiesta en la elección de Presidentes argentinos y gobernadores bonaerenses, en elevado porcentaje de profesión abogados, el municipio de Trenque Lauquen, desde la instauración del cargo de intendente, en 1887, apenas registra dos casos, y uno de ellos, de carácter interino y escasa duración. Además, hubo un par de intendentes, que lo fueron de nuestra ciudad y de otros partidos de la provincia. Pero hay más particularidades.
El más notorio de los abogados fue el platense Víctor José Roberts Alcorta, que ejerció la función de alcalde local en carácter de Comisionado, durante el período 1936/7, siendo una de sus obras trascendentes el embaldosamiento de la plaza central de la ciudad, entonces denominada “General Villegas”; hoy, y desde 1948, “General José de San Martín”.
La obra fue relevante por dos circunstancias: una, porque vino a saldar una deuda de casi 30 años, cuando ya en 1909 fracasó el primer llamado a licitación, en la que hasta una de las oferentes, una empresa metalúrgica, ofreció realizar el trabajo empleando baldosas de hierro fundido, fundamentándola en su mayor durabilidad, y otra, porque ese embaldosado, inaugurado hacia fines de 1937, perduró, con todos sus remiendos, durante más de 80 años hasta nuestros días, cuando la plaza está siendo objeto de una profunda remodelación que incluye naturalmente un nuevo y moderno embaldosamiento.
Según se desprende de la Memoria de la Comuna, demandó una inversión de 20 mil pesos moneda nacional exponiendo como justificativo que se trataba de algo “impostergable por cuanto los vientos que azotan esta zona provocan inconvenientes que arrojan polvo sobre las casas linderas”. El croquis fue trazado por Eduardo Pérez Azumendi, que luego sería Comisionado en 1968/73 y en 1976/7, bajo la dirección del inspector de Obras Públicas Ricardo Carabelli.
UN IMBATIBLE PENALISTA
Roberts Alcorta con el tiempo se convirtió La Plata en un destacado penalista, y el estudio jurídico por él fundado, junto a su hermano Luis María, es continuado en la actualidad por otros miembros de la familia. Intervino en los más notorios casos, muchos de ellos dilucidados en resonantes juicios orales. Su fama se extendía a la divulgada especie de que como abogado defensor era imbatible, por lo que la imaginación popular identificó con humor a su estudio con la expresión “mate y venga”, que Roberts Alcorta, que era también un apasionado de los caballos pura sangre, la adoptó para denominar con el mismo tono risueño al haras que poseía.

Fue presidente del club Estudiantes de La Plata, y entre algunos hechos salientes de su labor profesional, es recordado, por haber hecho desagotar, por pedido suyo, el lago ubicado en el paseo del Bosque de La Plata, en la búsqueda de un arma a la que se la vinculaba como prueba de un homicidio. En otra ocasión, le fue robado su vistoso automóvil Lincoln, pero al divulgarse la noticia, apareció de inmediato con una esquela en su interior donde se disculpaban con arrepentimiento: “no sabíamos que era suyo doctor”.
En un episodio local, contaba Aurelio Zurro, que el día que inauguró el Cine Monumental, Roberts Alcorta le había pedido que le reservara butacas en la primera fila, pero no pudo contener al gentío, y cuando el Comisionado llegó, se encontró que no tenía lugar, por lo que se retiró muy enojado, a tal punto que lo hostigó, hasta prohibirle que proyectara alguna película. “Me sacó carpiendo”, narraba Zurro sobre el desenlace de su pedido de disculpas. Finalmente, por mediación del Dr. Pedro García Salinas, pudo cerrar las heridas del entredicho. Roberts Alcorta murió en La Plata en 1977.

El otro abogado que ejerció el cargo de intendente en 1944 en condición de interino, por un espacio menor al año, fue el doctor José María Comesaña, que procedía de Pehuajó, y llegó inicialmente como letrado de la ya desaparecida Compañía de Seguros “La Primera”, seguramente por gestión de su suegro, el médico Eduardo Bogliano, también pehuajense, que fue el primer presidente que tuvo el directorio de la empresa. Comesaña estaba casado con Margarita, hija del facultativo.
En el último tramo de su existencia se incorpora al Poder Judicial, para integrar el Tribunal del Trabajo, en cuya presidencia se encontraba al momento de su trágica muerte, por propia determinación, en marzo de 1955, al dispararse sobre la cabeza con un arma de fuego.
Salvo esas dos excepciones, el resto de los intendentes trenquelauquenses estuvieron relacionados con ocupaciones agropecuarias o comerciales o ejercieron otras profesiones o actividades. Lo más cercano al mundo de la abogacía fueron los escribanos Enrique Alejandro Jonas (1942/3) y Horacio Raúl Irazu, Comisionado en 1963.

El primer gobierno local data de 1887 y fue un cuerpo colegiado denominado Corporación Municipal que presidió Eloy Baldovino, pero el primer intendente de carácter unipersonal fue Mariano Chaumeil, un platense que administraba un campo en el distrito. Por la Ley Orgánica de las Municipalidades, duraban sólo dos años en sus funciones, pero por sucesivas modificaciones a dicho instrumento legal, en 1949, los mandatos se extendieron a tres años, y a partir de 1973, a cuatro.
PADRES E HIJOS

Chaumeil volvería a La Plata, donde murió. Uno de sus hijos, Juan Carlos, seguiría sus pasos políticos, revistiendo un caso excepcional, porque fue brevemente Comisionado aquí en 1916 y al año siguiente, entre marzo y junio, intendente de La Plata, para repetirlo en el lapso 1930/31.
Sobre parentescos estrechos, Trenque Lauquen tuvo los suyos dentro de la cronología de la más alta jerarquía del distrito. Francisco Vignau Chrestía, Comisionado en 1917 e intendente 1920/1 fue el padre de Tito Vignau, que también ocupó el sillón de Villegas 555 durante el lapso 1958/62.

A su vez, Felipe Arrastúa, intendente en los períodos 1922/25 y 1928/9, antecedió en igual cargo a su hijo, el médico veterinario Horacio Arrastúa, el primero de la restaurada democracia, que se desempeñó en el ciclo 1983/87. Una relación de abuelo a nieto, se dio, en tanto, en los casos de Tomás Davis, que gobernó en 1902 y en 1907/08, y Armando Davis, Comisionado 1981/83.
EN DOS PARTIDOS
Un caso singular es el del peronista Francisco Larraza. Elegido en 1952, no sólo fue desalojado por la autodenominada Revolución Libertadora en 1955, sino que, de resultas a ella, fue detenido, junto a otros funcionarios de la comuna, entre ellos, el Secretario de Gobierno Eladio Merino, permaneciendo presos en la cárcel de Mercedes durante un año.

Sin embargo, ni el rigor de la celda lo hicieron apartarse de su militancia política, y radicado en La Matanza, fue votado nuevamente intendente, ahora del partido más poblado del conurbano bonaerense, entre 1973 y 1976, cuando otra asonada castrense, el llamado Proceso de Reorganización Nacional, que sumió al país en una de sus etapas más oscuras, como la vez anterior, impidió que cumpliera con la totalidad de su mandato.

Otro peronista, Juan Jaime Ciglia, también sufriría en dos ocasiones la profanación de la voluntad popular. Intendente 1948/51 y ganador de los comicios de 1962, cuando el justicialismo proscripto concurrió con la sigla de la Unión Popular, aquellos fueron anulados por una nueva intromisión militar, y no pudo asumir, aunque sí pudo hacerlo al ser consagrado victorioso por tercera vez en las elecciones de 1973, pero otro golpe de las Fuerzas Armadas lo removió en 1976.

Fue el Dr. Jorge Alberto Barracchia, el intendente que más tiempo se desempeñó como intendente, 17 años a lo largo de cinco mandatos, entre diciembre de 1987 y enero de 2011, aunque dos de ellos inconclusos, el primero por enfermedad (2001), y el último por su fallecimiento, ocurrido el 20 de enero de 2011. En los cuatro períodos iniciales representó al radicalismo y en el final al Frente para la Victoria, de gravitación peronista.

Lejos, le siguió Gregorio Rosales Cuello: 9 años, también en cinco ocasiones, aunque no consecutivas. El poder sólo se podía ejercer entonces por períodos de dos años, según la ley que regía el funcionamiento de los municipios, y los cumplió entre 1897 y 1915. Tuvo una estrecha relación con el dos veces Presidente de la Nación Julio A. Roca, a quien le administró la estancia “La Larga”, en el partido de Daireaux. Esa misma tarea la desarrolló posteriormente en la colonia agrícola Paunero, parte de cuyas tierras darían lugar al nacimiento de Beruti. Así, Rosales Cuello se inserta en la política del distrito, enrolado en el prevaleciente conservadorismo de la época.
MUERTOS EN SUS MANDATOS

Dos intendentes, a su vez, fallecieron en el ejercicio de sus cargos. Uno, el ya citado doctor Barracchia y el otro, Antonio Llambías, en el curso de su segundo paso por el municipio, en noviembre de 1903, y de modo trágico. Ocurrió durante un viaje, en el interior de un vagón del ferrocarril, a la altura de Pehuajó, cuando el martillero León Iriarte, producto de una acalorada discusión política, lo asesinó de varios tiros.
Antes Llambías había inaugurado el Hospital Municipal y el primer Palacio Comunal, construido con dinero que Eloy Baldovino, dos veces intendente, puso a salvo, huyendo a caballo hasta 9 de Julio, para depositarlos allí. Época de turbulencias políticas, evitó que se hiciera de las arcas municipales un grupo que lo persiguió, presuntamente para robarlo, y hasta matarlo.
Lo cierto es que, volviendo al inicio, mientras en la Nación, desde la renaciente democracia, en 1983, todos sus Presidentes fueron abogados, con la sola excepción del ingeniero Mauricio Macri, en Trenque Lauquen no hubo ninguno que ostentara esa profesión en el ejercicio del más alto cargo comunal en ese tramo.
Sí tuvo otros egresados de las aulas universitarias: dos médicos: Jorge Alberto Barracchia (UCR en 4 mandatos y uno con el FpV), y el actual, Miguel Ángel Fernández (Cambiemos, y en la reelección Juntos por el Cambio, en ambos casos una alianza UCR – Pro); un veterinario, Horacio Antonio Arrastúa (UCR); un ingeniero agrónomo, Juan Carlos Font (UCR), y un contador público, Raúl Feito (FpV).
Para seguir leyendo…
En la presente nota sólo se han destacado algunas particularidades respecto de la saga que involucra a las más altas autoridades del distrito. Quien desee ahondar en el tema, son recomendables las lecturas de “El viejo Trenque Lauquen” (I y II) de Francisco “Paco” Aznárez; un meduloso trabajo de investigación realizado por la profesora Miriam Barrios y la Licenciada Inés Maya, y la consulta a las siempre generosas fuentes de las profesoras Haydeé Merino y Cristina Goires.
