Se celebran los días de los Santos y Fieles Difuntos. Reunían multitudes en la ciudad. Fueron feriados, pero los militares los declararon laborables.

Aunque hoy pasen más desapercibidos, los días 1 y 2 de noviembre de cada año alcanzaron una alta significación en Argentina, con presencias masivas en iglesias y cementerios.
El primero recuerda a “Todos los Santos”, y se celebra desde el año 835, establecido por el papa Gregorio IV, para recordar las innumerables persecuciones contra los cristianos, especialmente cuando los emperadores romanos ampliaban el número de víctimas y la crueldad de los castigos.
Entonces, la Iglesia consideró que cada mártir debía ser venerado y comenzó a pensar en un día en común para todos, que finalmente fue fijado en el día de la fecha, primero de noviembre.

En tanto, mañana 2 de noviembre, se conmemora el “Día de los Muertos o de los Fieles Difuntos”, y es una celebración enfocada en aquellas personas que ya no están y son recordadas en esta jornada para honrar su memoria. Tiene como finalidad orar por los fieles que han fallecido y por aquellos que se encuentran en estado de purificación en el Purgatorio, de acuerdo a la religión católica.
Hace algunos años, ambos días, fueron consagrados como feriados nacionales, y señalados con el clásico número en rojo en los almanaques, pero la dictadura militar nacida del golpe de estado de marzo de 1976, les quitó ese carácter, y en la actualidad son días laborables.

Sendas celebraciones reunían a multitudes en Trenque Lauquen, como en otras ciudades, dentro de las iglesias, pero, sobre todo, en caravana hacia el cementerio. Aquellos que no podían concurrir por sus propios medios, el municipio se encargaba de poner a disposición de la comunidad, colectivos que partían permanentemente desde la Plaza San Martín, para transportarlos y traerlos de regreso.

Todavía existía el antiguo camino de tierra – hoy acceso Perón – con su particular escenografía rodeada en sus laterales de hileras de añejos ejemplares de eucaliptus, que fueron talados, cuando se pavimentó dicha vía, uno de los ingresos y salidas de la ciudad con destino a la ruta 33. Incluso, en dichas fechas, era habitual ver a muchos transitándolo a pie.
Entonces la comunidad local visitaba a sus seres queridos, que ya habían partido del mundo terrenal, para depositar flores en su ofrenda, arreglar sus sepulcros, y orar por ellos. No obstante que la tradición se ha atenuado, especialmente, porque al ser descartados como feriados, muchos deben trabajar, son días de regular asistencia a misas y cementerios.