TRAVERSA, EL PIONERO DEL RECICLADO, MUCHO ANTES QUE TRENQUE LAUQUEN LO CONVIRTIERA EN POLÍTICA PÚBLICA

Alfredo Traversa, en su corralón

A Alfredo “El Loco” Traversa lo definen sin dudar su viuda Irma Cayzac y su hija Luciana como “el pionero del reciclado” en Trenque Lauquen, un proceso que implica acopiar material usado para ser reutilizado. Dio comienzo a esta actividad mucho antes que la misma se convirtiera en una política pública iniciada por el intendente Jorge Barracchia, y sostenida por los gobiernos que lo sucedieron y perfeccionaron hasta nuestros días.

El reciclaje prendió tanto en autoridades y vecinos que hasta este tipo de materiales es empleado para la elaboración ornamental de las distintas figuras que se exhiben en paseos y plazas con el objetivo de sumarlos a la celebración navideña y exponerlos en un fantástico atractivo ciudadano.

Pero esta historia se enlaza con otra anterior, que exterioriza, casi ya como una pieza de museo, un arco de hierro con la inscripción “Don Emilio” exhibido sobre el portal de lo que fue inicialmente el corralón de Emilio Ramos, sobre la calle Presidente Uriburu, entre Castelli y Almafuerte, vereda par.

Ramos fue un peculiar personaje que allí vendía disímiles objetos, que prácticamente sólo allí podían obtenerse. Don Emilio se regía por una implacable máxima, imposible de sortear para el eventual comprador. Cuando este le reclamaba que le parecía excesivo el precio pedido, Ramos pulverizaba sin clemencia la petición del cliente: “Dejalo, que eso no come pasto”.

Traversa, en tanto, era hijo de un vistoso danzarín de tango del mismo nombre, que en pareja con su esposa María Estévez, se cansaron de dibujar fintas en las pistas de baile y fueron parte de los espectáculos que organizaba periódicamente la entidad “Buenas Noches Tango” en el Teatro Español.

DE CASUALIDAD ALGO NUEVO
Como sus padres, oriundo de 30 de Agosto, su oficio inicial fue el de camionero, al que un hecho fortuito le torció el rumbo de su vida, cuando alguien se le acercó un día para que le realizara un viaje de vidrios molidos. Allí, con su esposa, vislumbraron el negocio de la comercialización de lo que la gente desechaba. Ya residía en Trenque Lauquen, justo frente al corralón de marras.

Irma Cayzac y su hija Luciana

De a poco, comenzaron con un lavadero de botellas, que luego eran trasladadas a Buenos Aires para venderlas a un mayorista. Enseguida repararon que el negocio podía ser más rentable si llegaban hasta las mismas fábricas donde las reutilizarían.

Para ello, recorrían pacientemente la ciudad en la búsqueda de los distintos envases, poniendo especial acento en las botellas del entonces muy popular vino Toro, y para la época de las fiestas de fin de año, se surtían de las de sidra Real, que posteriormente eran adquiridas por sus fabricantes como paso previo para retornarlas al mercado como un nuevo producto.

Ahí es donde se empalman las historias de Ramos y Traversa, ya que el primero había fallecido, y su hijo, les vende el primer lote del antiguo corralón. Ulteriormente les enajena las otras tres parcelas, que conforman unos 1400 metros cuadrados de superficie.

De ese modo la familia Traversa se hace total propietaria de “Don Emilio”, y que, como un homenaje, deciden preservar el nombre, que aún permanece enhiesto, aunque tal vez no por mucho tiempo más, atendiendo las ofertas de venta del predio que surgen de los afiches de un par de inmobiliarias destacados en el frente de la calle Presidente Uriburu y en la otra salida por Castelli.

CRECE EL NEGOCIO
Es cuando el negocio se prolonga a la etapa de su mayor expansión, y las compras se orientan a todo tipo de materiales: chapas, hierro, papel, cartón, bolsas, botellas, plásticos, corchos, huesos, trapos, y otros, que llegan desde toda la región y que tras clasificarlos parten en camiones hacia sus respectivos destinos. A su vez, desde Mendoza arriban para cargar botellas destinadas a envasar tomates triturados.

El camión transportando materiales

La empresa ya contaba con 28 empleados, algunos de ellos, por una cuestión de solidaridad social en la que se hallaba comprometida la familia, provenían de La Granja, una quinta perteneciente a la Iglesia Evangélica Menonita, de Alsina y Belgrano, que funcionaba para la rehabilitación de adictos, sumados a otros privados de su libertad de buena conducta de la Unidad Penal de Las Tunas, que cobraban puntualmente su día de trabajo.  

Una grúa cargando chatarra

Además, añadía a su inventario de bienes, cuatro camiones, más la incorporación de otros adelantos como una prensa hidráulica para compactar los variados materiales almacenados, y una grúa para escalar la chatarra a los vehículos.

Por la magnitud del trabajo hubo que diversificar el comercio. Mientras la febril actividad dominaba el universo de Don Emilio, todo lo concerniente a hierro y chapa hubo que trasladarlo a una quinta, y en su último tramo, a una parcela cedida por el municipio en el Parque Industrial.

EL FATAL ACCIDENTE
Pero al hiperactivo Loco Traversa, además de su pasión por los fierros, propio de su ocupación comercial, lo fanatizaban los otros, los del automovilismo y se calzó el buzo para competir en las categorías regionales, donde se destacó  conduciendo un Fiat 600, en su primera incursión, y luego al volante de un Fiat 125.

Traversa, con su 600 y publicidad de su comercio

En mayo de 2019, durante el desarrollo de una competencia en Coronel Suárez, el roce con otro automóvil, lo desestabilizó, y en su marcha descontrolada golpeó fuertemente contra un talud de tierra de contención. A pesar del grave accidente, Traversa sufrió sólo heridas de escasa consideración. No obstante, fue internado en el Hospital de la localidad, pero una inesperada infección generalizada que se manifestó un par de días después, les puso fin a sus días terrenales, a los 63 años.

Parte del corralón en la actualidad

También fue el de la expiración del lucrativo comercio, que comenzó a languidecer. Ya su viuda y su hija, dejaron de comprar para solamente vender a modo de liquidación lo que quedaba. Fue un breve proceso de un año, antes de clausurar definitivamente el portón de “Don Emilio”.

Hoy, en el lugar, invadido por pastizales, el olvido y el óxido de lo que permanece aún, con sus galpones vacíos, y los compartimentos a la vista, donde se separaba el material, espera sólo próximos compradores. Allí mismo, donde Ramos y Traversa, se conjuraron impensadamente, para escribir una crónica más y anexarla a la memoria pueblerina.