TRENQUE LAUQUEN CELEBRA SU SIGLO Y MEDIO DE VIDA. PRESENTE DE FIESTA Y FUTURO DE ESPERANZA

Amanece en Trenque Lauquen. Es un despertar distinto. La ciudad comienza a celebrar su siglo y medio de existencia, a partir del 12 de abril de 1876, cuando la calidad del agua de los pozos y jagüeles hicieron que el coronel Conrado Excelso Villegas la eligiera para establecer la Comandancia de la Frontera Norte, preludio de una ciudad que hoy todos los trenquelauquenses exhiben con orgullo.

Desde entonces, nuestra historia pueblerina se fue enhebrando sorteando permanentes desafíos. En sus comienzos, fue poblar sobre el desierto; con el correr de los años, edificar una ciudad que encerrara, a través de sus logros, el porvenir de quienes la habitaran. Hoy, el de continuar creciendo, apostando a un destino cada vez más ubérrimo para proseguir viajando en el tren del futuro.

A modo de epítome, es la tierra donde sobresalieron pioneros y visionarios que constituyeron la argamasa para anudar generaciones creativas. Así, muy atrás quedaron los ondulantes médanos convertidos en praderas fértiles por el obstinado quehacer de los técnicos del INTA.

Aquellos idealistas motorizaron el advenimiento de auspiciosos emprendimientos que generaron múltiples empleos, y como derivación, la felicidad de la familia trenquelauquense.

Por eso, la ciudad tuvo a “La Primera”, una compañía de seguros entre las líderes del mercado; una radio AM y un canal de televisión, adelantados en el contexto nacional; un banco propio, el “Edificador”; florecieron fábricas que convirtieron a Trenque Lauquen en un polo de desarrollo, que proveyó al campo de molinos y máquinas agrícolas, incluidas cosechadoras. Otras abastecieron a industrias nacionales de primera línea, de insumos para que pudieran elaborar otros productos de imprescindibles usos domésticos.

En esa retrospectiva, “Elelín”, de los hermanos Robles, que crearon un amortiguador, adoptado por la empresa de transportes “Chevallier” para sus unidades de pasajeros, además de las clásicas “cupecitas” que corrían en la popular categoría del Turismo de Carretera por duros trazados, donde no faltaban los azarosos caminos de tierra; los carburadores de Héctor “Cholo” Perego, rumbo a los Estados Unidos; una industria láctea – “Finaco” – que exportó la leche en polvo que salía de su planta, además de distribuir su producción al resto del país.

Un frigorífico regional y otro de faenamiento de equinos elaboradoras de manufacturas, también destinadas al exterior; la “Usina del Pueblo”, hoy prolongada en la Cooperativa Eléctrica, la creación de un cuerpo de bomberos, un orgullo ciudadano; el velódromo de avanzada, donde se disputaron varios torneos nacionales y la participación de los mejores pedalistas del país; y así podríamos multiplicarlas en infinitas alternativas que le dieron a la ciudad la impronta que refleja la leyenda de su arco de bienvenida: “Historia y Progreso”.

También atravesamos por tiempos difíciles. Erosionantes sequías e inundaciones, como las de 1986, cuando el agua amenazó a escasas cuadras de la plaza San Martín y pusieron a prueba la resiliencia y convicción de los vecinos de defender a su pueblo ejecutada en la épica del “Canal de la Pala Ancha”.

Añadimos en esa trama de oscuros períodos, el dramático tornado de 1984 que provocó una devastadora destrucción. Nadie se amilanó ante las dificultades, nacieron los mecanismos para superarlas, y las formidables energías para espolear la persistencia hacia la perdurable evolución. Ningún tropiezo orilló la decadencia o el retroceso. Por el contrario, la mira nunca dejó de apuntar a la jerarquía.

De ese aleph yermo, escrito entre lanzas y milicos; fortines y tolderías, emergieron nativos, junto a llegados de otras latitudes criollas con voluntad de arraigo, y de ultramar, inmigrantes convencidos de labrar una comunidad virtuosa, de robusta población e instituciones, que bajo las efigies de Villegas y Pincén está conmemorando hoy sus 150 años.

El desafío es seguir aportando a su engrandecimiento con sus administraciones eficientes y la excelencia de la inversión privada. Está en cada nueva generación responder a ese mandato.

Amanece en Trenque Lauquen. Es un despertar distinto. Presente de fiesta y futuro de esperanza.