Tenía 64 años. Padeció una larga enfermedad. En sus últimos momentos fue la figura que propició el cierre de la histórica grieta en el radicalismo local. Propulsó a los jóvenes. Como jefe comunal hizo viviendas, el Hogar Castella y el Centro Cívico. Le tocó gobernar con patacones y trueque
El ex intendente de Trenque Lauquen, Juan Carlos Font, falleció hoy a los 64 años de edad en su casa rodeado de su esposa Patricia, sus hijos Manuel y Jeremías, y sus hermanos, tras padecer una larga y dolorosa enfermedad contra la que luchó con dignidad y entereza convirtiéndose en ejemplo de vida.
“Carlitos”, como todos lo conocían, sufrió cáncer de próstata que luego se convirtió en un cáncer óseo cuyo tratamiento exigió varias internaciones en Trenque Lauquen y el Hospital Alemán de Capital Federal y al cual le opuso la mayor resistencia física y anímica.
Su casa de la calle Mariano Moreno se convirtió en el último tiempo en una especie de “bunker” a donde los dirigentes radicales acudían a consultar sobre los principales temas de la realidad local, provincial y nacional. En especial, “Carlitos” se entusiasmaba al recibir y conversar con los más jóvenes a quienes intentaba transmitir los valores de ética y dignidad que él supo llevar en la función pública.
También solía pasar el intendente Miguel Fernández, muchas veces de paso rumbo a su casa ubicada a apenas dos cuadras de la de Font. “Carlitos” no ocultaba sus pensamientos sobre la realidad de la ciudad y esgrimía estrategias para mejorar el rendimiento de la gestión, que Fernández siempre consideró como “palabra autorizada”.
Su última aparición pública, en una entrevista concedida el 27 de julio pasado a NOTICIAS 12, sirvió para que el comité radical de Trenque Lauquen comenzara a cerrar una grieta histórica entre líneas enfrentadas y para impulsar la presencia de los jóvenes entre los lugares de toma de decisiones. Esas declaraciones acercaron a su hermano “Pepe” a otras agrupaciones que terminaron formando una lista multisectorial de amplio espectro que buscará alcanzar el legado de “Carlitos”: un radicalismo auténtico y renovado.
Juan Carlos Font fue dos veces intendente de Trenque Lauquen: asumió como interino en 2001 a raíz de la licencia por salud de Jorge Alberto Barracchia y en 2003 fue electo por el voto popular hasta 2007.
Se solía decir que era “EL” hombre detrás de Barracchia, ya que su labor a la par del entonces intendente fue la clave para el crecimiento exponencial de Trenque Lauquen. Muchas veces discutieron, incluso siendo Font jefe de la bancada radical y el “Gordo” intendente por ese partido político estuvieron 3 meses sin dialogar: se mandaban mensajes por fax, en la época que no había celulares, claro.
También fue 4 veces concejal, presidente del comité del distrito en una oportunidad y su carrera política dio inicio en los albores de la democracia ocupando un cargo en el gobierno de Horacio Arrastúa, un área símil a la que hoy es “Espacios Verdes”. Además, fue miembro fundador del Codenoba, un corredor de intendentes que se reunían para debatir temas regionales y concretar acciones en conjunto.
Como jefe comunal se ocupó de resolver problemas históricos como las inundaciones en la calle Uruguay que resolvió con un canal pluvial bajo tierra. También impulsó planes de vivienda con fondos del Tesoro Municipal y el último que inauguró fue el barrio Aramendi. También realizó la obra del Geriátrico “Hogar Castella”, y el Centro Cívico “La Primera”, todo un emblema de su era.
Font construyó un Trenque Lauquen inclusivo y tuvo que gobernar en la peor crisis económica que recuerde la modernidad nacional en 2001 en la época en que se pagaban los sueldos con “patacones” y la gente intercambiaba mercadería en forma de trueque para llegar a fin de mes.
Además, se enfrentó políticamente a Néstor Kirchner y participó activamente de las movilizaciones en contra de la Resolución 125 apoyando al sector agrario, siendo él miembro de Federación Agraria.
Tras su alejamiento de la función pública se dedicó a un emprendimiento familiar en su campo de la zona de Martín Fierro con Haras “El Chiapill”, y junto a uno de sus hijos se dedicó a criar caballos de carrera.
“A mi me gustan los caballos, pero mi pasión es la política”, solía repetir incluso adelante de su familia, que lo supo entender y acompañar en cada paso. Pero también dedicó hermosas palabras para Patricia Urizar, su esposa y compañera: “es el amor de mi vida”, dijo emocionado en un reportaje íntimo realizado para el programa Desayuno, que se emite por Canal 12.
Nunca estuvo alejado, siempre leyó la realidad de una manera particular y sus agudos análisis sirvieron para formar dirigentes que mañana serán funcionarios importantes.
Fiel a sus ideas, honesto, leal, de mirada sagaz y aguda, fue ejemplo de lo que un dirigente político le tiene que entregar a la función pública para que su comunidad crezca sin rencores ni divisiones.