Carlos Brighenti acaba de anunciar que le pone epílogo a su show luego de más de 60 años de trayectoria. El nombre no diría nada, si no entreviéramos que bajo el mismo se esconde el nombre del payaso “Papelito”, que a su vez denominó así, durante décadas, al más popular de los circos argentinos.

El mismo que pasó varias veces por Trenque Lauquen, 30 de Agosto, Beruti, y en infinidad de pueblos, especialmente los de la provincia de Buenos Aires, La Pampa, y Santa Fé.
Lo hizo mediante un escueto mensaje en el que expresa: “Quiero comunicarles a todos mis amigos que no presentaré más mi show de Papelito en clubes, cumpleaños y peñas. He decidido retirarme de la actuación. Seguiré solo haciendo mis programas radiales. Gracias a mi público por tanto cariño y mi corazón agradecido”.
Brighenti ya había vendido su circo a un uruguayo, que lo continuó con otro nombre, pero proseguía con sus shows personales, a los que ahora también decidió ponerles un final. A los 75 años, sólo mantendrá su programa radial.

Hoy, los circos, están dotados de otros segmentos de atracción, como las aguas danzantes o el globo de la muerte, un infernal cruce de motocicletas que impactan y estremecen al espectador, pero el de Papelito fue mucho más sencillo, capaz de conectar y entretener al público de todas edades con elementales recursos para provocar la hilaridad de la audiencia, como cuando anunciaba que iba a presentar al conjunto folklórico “Los Cantores del Alba”, y aparecían cuatro gallos.
La vieja cancha de Tres Yantas o la esquina de Sarmiento y Presidente Uriburu, fueron algunos de los lugares propicios para levantar su modesta carpa, que también tenía su prólogo: “La lona es vieja, pero los agujeros son nuevos”, solía repetir. Debajo de ella, se lucía con su vestimenta multicolor, su guitarra, su acordeón, y su famoso muñeco “Papelón”.

Nació en Norberto de la Riestra, una pequeña localidad del partido de 25 de Mayo, pero a los 12 años se fue de su casa, para incorporarse a los radioteatros de la compañía de Humberto Lopardo, conocido como “Pichirica”, lo que fue alimentando su veta artística.
En 1975, en Junín, con bolsas de arpillera y palos de acacia, armó su primer circo, donde la gente debía llevar su propia silla para presenciar la función, previamente promocionada en cada barrio, sólo con su bicicleta y un megáfono.
Con los años, el circo creció, y se convirtió en leyenda, al punto de ser rodado un documental que suele verse cada tanto en la plataforma “Cine.Ar”. Su fama llegó hasta el rock representada en una creación del grupo “Las Pastillas del Abuelo”. Una de las más tradicionales comparsas participantes de los renombrados carnavales de Gualeguaychú, lleva su nombre.

Solía pasar hasta un par de meses en cada ciudad, siempre a precios populares, y el que no tenía, entraba igual. Cuando en alguna ciudad lo sorprendían las fiestas de fin de año, con sus artistas se encargaban de repartir pan dulce y sidra entre las familias más necesitadas. También a ellas, le dejaba entradas para que concurrieran gratuitamente a las funciones.
“Papelito” ya es parte de la cultura argentina, ganador en el cariño del público, que esperaba con ansias la llegada de su circo, para disfrutar de ese show, mezcla de humor, magia y entretenimiento. Detrás de su huella queda un legado imborrable en el mundo del espectáculo popular. “Papelito” no fue un empresario. Apenas, y nada menos, que un artista de circo.