UN AÑO MÁS

Escribe Hernán Sotullo

Llega otro fin de año, un día qué, según la costumbre, invita más a la diversión que a la reflexión. No obstante, si apuntamos al retrovisor, se visibilizarán logros y pérdidas. Pesan eternas las físicas; sólo por un rato la de aquellos que alguna vez se vistieron de amigos, y al final no lo eran, anudando inventivas que conjeturaron.

Como buen gardeliano que soy, replico lo que cantó El Zorzal en la letra de “Un año más”: “Adiós a los amargos, adiós los desengaños”. Felizmente, una de las funciones del cerebro guarda la capacidad del olvido, pero al mismo tiempo, abre la hendidura para renovar esperanzas, y es a ella a la que debemos apostar como una huella inextinguible.

Cada uno lo apreciará, pero el reconocimiento es ineludible para aquellos que, con desinterés, fidelidad, y generoso desprendimiento, caminaron a nuestro lado, circunstancia que es muy sencillo medir si la materializamos en cada abrazo leal que nos envuelve.

Familia, amigos, y seres, que de pronto aparecieron en nuestras vidas como un regalo, tan inesperado como genuino, ayudándonos a restañar heridas y tropiezos, como del disfrute conjunto de algún regocijo. Siempre se aprende del que actúa de buena fe.

Incrédulo de los horóscopos, ignoro que nos traerán los días del nuevo año, aunque sabedor de que como en todos los anteriores, nos escaparemos a aciertos y obstáculos. Lo que sí debemos tener claro es en discernir los bastones que nos sostienen. Que todos sientan el mismo acompañamiento.

Comenzar un año es como abrir la puerta a oportunidades aún vírgenes, no claudicando en el deseo de construir sobre ellas para que prevalezca la importancia de valorar lo esencial. Elevemos las copas y brindemos por un mundo más justo y empático. ¡Salud!