UNA APUESTA QUE TERMINÓ CON LA COMPRA DE TERRENOS EN EL CORAZÓN DE LAS SIERRAS CORDOBESAS

La historia de hoy nos remonta a los años 50. Cuando un grupo de vecinos entusiasmados por un prestigioso martillero viajó a una zona turística para adquirir terrenos. Esa zona hoy está en las tapas de los diarios nacionales por la usurpación ilegal de terrenos

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En el marco de la generalizada toma de tierras producida especialmente en el ámbito territorial bonaerense, pero también en otras provincias, llamó la atención la registrada en la villa cordobesa de Los Reartes, precisamente por tratarse de un lugar de características eminentemente turísticas, que hace varias décadas – mediados de los años ’50 – estuvo ligada a un grupo de vecinos trenquelauquenses, que llegaron para adquirir algunos lotes, como inversión, o con la módica esperanza de instalar al paraje como destino de sus futuras vacaciones.

La historia bien podría comenzar mencionando a una de las grandes empresas de la época: “El Emporio de la Loza”, un mítico bazar, ya desaparecido, al que acudieron generaciones de argentinos para comprar la casi infinita gama, tanto nacional como importada, de porcelana, cristalería, platería, cubiertos, y vajilla con precios al alcance de todos los bolsillos.
Inicialmente emplazada en Corrientes y Esmeralda de la Capital Federal, su éxito comercial se desplazó a otras esquinas estratégicas de la ciudad como Santa Fe y Callao, más otras sucursales que se extendieron a diversos puntos del Gran Buenos Aires y del país.

Su eslogan “Yo me casaría hoy mismo si me compraras todo en El Emporio de la Loza”, expresado por una mujer a su novio, incentivó la confección innumerable de listas de matrimonio, siendo principio de la multiplicación de las ventas, y soporte de la fama del lugar.

Dicha empresa llegó, en su momento de esplendor, a auspiciar un programa de televisión llamado “¡Qué Plato!”, que relacionaba naturalmente la clásica expresión que exterioriza un momento divertido con la mercadería que expendía el comercio. Participaron de él un joven Carlitos Balá, junto a los cómicos Jorge Marchesini y Alberto Locatti. También utilizó para un jingle publicitario el tema de Palito Ortega “Decí por que no querés”, en auge entonces.

Su dueño, en pocos años acumuló una gran fortuna, y decidió emprender otras inversiones, entre ellas la adquisición de tierras. Con gran visión, pensando que en el futuro se convertirían en importantes centros turísticos, y harían muy redituable su negocio, decidió comprar una significativa proporción de hectáreas en territorio cordobés, eligiendo dentro del mismo a la citada Los Reartes y a Carlos Paz, por entonces ambas de incipiente desarrollo.

EN EL VALLE DE CALAMUCHITA
Particularmente, la primera se halla ubicada en el Valle de Calamuchita, uno de los más pintorescos paisajes de la provincia mediterránea, sobre la ruta provincial 5, en el tramo que une Río Cuarto con la capital Córdoba, y rodeada de un entorno privilegiado como que a 36 kilómetros se halla el Embalse de Río III, mientras que a 15 se erige el Dique Los Molinos.

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A apenas 5 kilómetros se encuentra la Villa General Belgrano, una colonia alemana, donde todos los años se realiza la Fiesta Nacional de la Cerveza, y que fue hogar de un grupo de marineros del acorazado alemán “Graf Spee”, que decidieron quedarse en la Argentina luego que el poderoso barco fue autohundido en el Río de la Plata para no ser capturado por tres naves inglesas que lo perseguían a comienzos de la Segunda Guerra Mundial. Y separada a 90 kilómetros de Córdoba.

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En aquellos años de los ’50, Los Reartes contaba – aún hoy – con un imponente arco de ingreso, que invitaba a conocerla. Una sola hostería con una enorme pileta totalmente azulejada, un detalle que llamaba la atención, una antiquísima capilla que veneraba a su patrona, la Inmaculada Concepción, y algunas edificaciones dispersas en manzanas casi desiertas completaban su ejido urbano que se desplazaba al serpenteante y rocoso río Los Reartes, de aguas mansas, cristalinas y escasa profundidad, a cuyas orillas se alza una exuberante vegetación. Todo eso conformaba por entonces el atractivo de la villa.

Es aquí, donde el lugar se entremezcla con la historia local. Luis Odriozola, inquieto martillero trenquelauquense, de múltiples iniciativas, y cuya inmobiliaria continúa hoy su nieto de igual nombre, había trabado amistad con el dueño del “Emporio de la Loza”, quien en uno de esos encuentros le comenta de su inversión cordobesa.

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Odriozola, vio también su oportunidad, y se ofrece a venderle algunos lotes entre sus clientes, con gran incredulidad del empresario, que hasta estalló en una carcajada, pensando que se trataba de una broma.

Su idea era seducir con esos terrenos, sobre todo, a los cordobeses residentes en la capital para que allí construyeran sus casas de fin de semana o para sus vacaciones, dada la cercanía geográfica, nunca para compradores que vivían a 600 kilómetros.Y aun cuando vio quela propuesta era seria, continuó con su duda, tanto que le apostó una cantidad importante de su mercadería si Odriozola cumplía con su promesa; caso contrario este debería pagarle el equivalente en dinero.

ENTRE EL MAR Y LAS SIERRAS
El turismo ya se orientaba mayoritariamente hacia Mar del Plata, pero Odriozola apostaba ala novedosa opción de las sierras. Las distancias eran casi las mismas, unos 600 kilómetros desde Trenque Lauquen hacia uno y otro destino. También las dificultades para llegar eran paralelas.

Para trasladarse hasta La Feliz había que transitar enormes trechos de tierra, ya que las rutas 5 y 226 estaban incompletas y recién se subía al pavimento a la altura de Azul, mientras que rumbo a Los Reartes, también era escaso el asfalto, con el aditamento del ripio en el último tramo, de curvas y contracurvas en plena sierra, aunque entregaba la contemplación de la naturaleza en su plenitud, una sucesión de cerros, vegetación, y manantiales de agua, y al arribo, tranquilidad y descanso. Mar del Plata, en tanto, ofrecía un ritmo más febril, un desarrollado comercio,sus playas y la tentación de su casino.

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Odriozola contrató un colectivo de la época guiado por Oscar Ressia, su propietario. Por supuesto, que no eran tiempos de butacas reclinables ni aire acondicionado, pero esto no incomodó al casi medio centenar de trenquelauquenses – también algunos vecinos de Treinta de Agosto y Beruti – que aceptaron la invitación del martillero, que dispuso dos viajes separados de un período de tiempo.

La mayoría se entusiasmó, y el cálculo es que habrían adquirido entre 40 y 50 parcelas, algunos más de una. El tiempo pasó, pero ninguno volvió para construir algo. Fueron revendidas o echadas al olvido, porlo que en definitiva, confirmó el pronóstico del propietario del “Emporio de la Loza”, que eran tierras para el aprovechamiento de los cordobeses.
En la actualidad, la villa ha crecido en infraestructura edilicia de casas de fin de semana, o veraneo y hotelera, con posadas, cabañas, y campings, afianzando su peculiaridad como destino turístico, que amagó hace más de seis décadas con ponerle algún barniz trenquelauquense.

Las fotos que ilustran esta nota muestran a uno de los grupos viajeros compuesto de los apellidos Cayzac, López, Orellana, Villaro, Andrades, Ferreyra, Musolino, Cumba, Ramos, Speranza, Fernández, De Lellis, Vargas, Beltramo, entre otros.