Una parte significativa de la comunidad educativa perteneciente al establecimiento conocido como el Colegio de Hermanas, de la calle Derqui, frente a la Plaza Británica, no cesa en sus reclamos, por la restitución de la docente Alejandra Zanollo en el cargo de directora del nivel secundario, del cual fue despedida a principios de enero pasado, sin que hasta ahora se haya dado a conocer el motivo que impulsó la medida.

Ayer por la tarde, y después de numerosas manifestaciones de disconformidad precedentes, tuvo lugar una pintada callejera sobre el asfalto de la cuadra donde funciona el colegio, de la que dan cuenta las fotos que ilustran esta nota.
No obstante, y lo que parece ser cosa juzgada, se sabe que el Instituto religioso, que regentea la Congregación de las Hermanas Rosarinas, ha designado a Sandra Sesto, procedente de Olavarría para reemplazar a la cesanteada Zanollo.
El establecimiento, ya de vida centenaria, cuenta con un fuerte arraigo en la comunidad, actualmente empañado por el sorpresivo despido sin causa de la directora del nivel secundario.

Quienes integran el grupo de resistencia a esta última decisión, ya han anunciado nuevas protestas, entre ellas, el envío de una nota a la DIEGEP (Dirección de Educación Privada), que incluye material fotográfico donde constan algunos espacios interiores del colegio de manifiesto deterioro edilicio, y solicitar por ello su intervención para que se revisen en qué condiciones se halla la infraestructura del establecimiento.
La institución escolar ha atravesado por diversas etapas, en las que contó con un amplio apoyo de la comunidad para su mejoramiento, como el acontecido en la década del ’50, cuando a través de una comisión, se la dotó de un cambio sustancial en su frente, que tiene vigencia hasta la actualidad.

Se reemplazaron aberturas exteriores, y se proveyó de una nueva estética a su fachada con la colocación de piedras artísticas, además del embaldosamiento total de sus veredas, hasta entonces de tierra, entre otras obras.
Un personaje singular de la época fue una monja conocida como “la Hermana Marcela”, muy activa a la hora de solicitar ayuda para cubrir necesidades del colegio. A tal fin, recorría comercios y domicilios, golpeando sus puertas, donde nunca se iba con las manos vacías. Su diligente tarea fue tan popular que engendró el dicho, cuando alguien insistía a otro con un pedido:”pero,sos como la Hermana Marcela”.