VICENTIN: UNA GRIETA INNECESARIA

En un meduloso y agudo texto, el contador Alfredo Zambiasio, especialista en la materia, desmenuza las posibilidades e hipótesis del caso de relieve nacional desde un aspecto técnico, con precisión y detalle

alfredo zambiasioPor Alfredo Zambiasio
Contador Público

Es una verdad de Perogruyo que el mundo atraviesa una pandemia sanitaria cuyo fin nadie se atreve a predecir, menos aún sus consecuencias económicas con proyecciones que van desde el pesimismo hasta la catástrofe. Lógicamente, nuestro país queda inmerso en este sombrío panorama, agravado por una pesada deuda externa, hasta ahora difícil de conciliar con los acreedores.

Entiendo de sentido común que ante un cuadro de situación como el descripto, es imprescindible aunar esfuerzos, buscar consensos y evitar conflictos políticos innecesarios que bien pueden resolverse en una mesa de diálogo que se impone como condición necesaria para sacar al país de la crisis.

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En medio de este panorama, surge la decisión del Gobierno Nacional de intervenir Vicentín, empresa de relevante importancia en el mercado exportador de granos, y anticipar un proyecto de ley enderezado a su expropiación, pasivo mediante de U$S 1.500.000.000.

El sólo anuncio de estas dos medidas agitó y nuevamente dividió las aguas políticas entre quienes apoyan las medidas y aquellos que la resisten. Y la pregunta que me hago y por la cual invito a reflexionar es la siguiente: Era necesario? No existen otras alternativas?

Mi opinión es que el Gobierno Nacional pudo, y aún puede, alcanzar los objetivos que se propuso, con respeto a la ley y los procedimientos que expresamente autoriza la ley de concursos (Ley Nro 24.522 sancionada en 1995 y luego varias veces modificado por leyes posteriores que no han alterado su esencia para el caso en análisis).

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Paso a explicarme: Al momento de presentar su concurso preventivo, Vicentin denunció a quienes eran sus principales acreedores (doy por sentado que el Banco Nación encabeza la lista y, posiblemente, AFIP la integre también en los primeros lugares). Cuando el Juez adopta la decisión de abrir el concurso, de inmediato designa un síndico (en este caso una sindicatura colegiada dada la magnitud del proceso), a la par que ordena la formación de un Comité Provisorio de Acreedores (art. 14 inciso 13 de la ley); esto es, una mecánica de doble control sobre la administración empresaria, debiendo destacarse aquí que por aplicación del art. 15 de la misma ley concursal, Vicentin conserva la administración de sus bienes, bajo la vigilancia de los síndicos y del mencionado Comité Provisorio de Acreedores.

Ahora bien, si los integrantes del mencionado Comité (Banco Nación, entre ellos) ya habían advertido irregularidades en el manejo empresario, hipótesis para nada descartable a la luz de la historia económica criolla, podían (y pueden aún), pedir al Juez de la causa la separación de los actuales administradores y la designación de un interventor (art. 17 de la ley). Si bien esta norma es de interpretación restrictiva, resulta difícil suponer que un Juez pueda negarse a adoptarla cuando existen, prima facie, indicios de un vaciamiento financiero de la empresa al poco tiempo de obtener un crédito por un monto abultadísimo por parte del mismísimo Banco Nación.

Aquí entonces, el primer interrogante: Por qué el Gobierno apeló al recurso del DNU para designar un interventor, cuando siguiendo los pasos de la ley pudo llegar al mismo objetivo? Para no influir, dejo a criterio de cada lector la respuesta.

Pero el tema es aún más rico en posibilidades de análisis. Le sigue la temática de la expropiación. El mismo Presidente lo mencionó de manera pública, luego habló de salvataje y finalmente volvió a arremeter con la hipótesis expropiatoria, mencionando que es vital que una empresa de estas características no caiga en manos de multinacionales extranjeras, criterio este último con el cual coincido, dado el altísimo grado de concentración que evidencia el mercado exportador.

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Pero es necesaria la expropiación? Entiendo que no, y las razones se encuentran en la misma ley de concursos. En efecto, los concursos denominados “grandes” por la misma ley, y Vicentin claramente lo es, tienen una mecánica procesal distinta a la usualmente conocida. Paso a explicarme: si Vicentin no llegara a un acuerdo con sus acreedores en los términos de mayorías que la ley exige, no deriva automáticamente en la quiebra, como si sucede en los procesos identificados como “pequeños concursos”, sino que se abre una instancia denominada “cramdown” (art. 48 de la ley). Esta figura, introducida en la reforma del año 1995, reconoce su origen conceptual en la legislación estadounidense, y traducida al criollo, significa “salvataje”. En qué consiste, en la determinación de un plazo durante el cual diferentes interesados en adquirir la empresa (lease activos y pasivos) hace llegar sus ofertas al Juez del concurso para que éste resuelva cual es la más conveniente al interés de los acreedores en términos de porcentaje de la deuda a pagar, plazos, moneda, etc. Y ante esta posibilidad, bien puede el Estado Argentino, per se o través de algunas de sus empresas controladas (por caso YPF Agro) participar de esta suerte de licitación pública para quedarse con Vicentin en su integridad empresaria.

Y una vez más, la respuesta a este interrogante queda en manos del lector.

Y ya para finalizar, también es claro que hay una multitud de pequeños acreedores (productores agropecuarios, cooperativas, etc) que seguramente no pueden esperar los tiempos naturales de la justicia para un proceso de estas características. Pues bien, también aquí el Gobierno puede tener, si así lo desea y dispone, una activa participación en ayuda de ese conglomerado de dolientes. ¿Cómo hacerlo? Recurriendo a la figura de la subrogación real, para expresarlo en términos más simples, comprando los créditos de los pequeños productores, desinteresándolos y ocupando su lugar en el proceso concursal.

Como síntesis final, no puedo menos que recurrir a la historia económica de nuestro país, la que me demuestra que cada vez que un gobierno, del signo que sea y tal vez con las mejores intenciones, metió sus narices en la actividad empresaria, por cierto no nos ha ido para nada bien.