ALGUNAS RAMBLAS DE LA CIUDAD “TIENEN ESE NO SÉ QUÉ… ¿VISTE?…”

Un recorrido por sectores característicos repasando algunas historias y gestas de la propia comunidad. Los diseños más típicos y algunas controversias de nuestro propio trazado

La palabra “rambla” viene del árabe, y la define como suelo arenoso. El diccionario de la Real Academia le asigna dos significados. En uno la detalla como cauce natural que forman las corrientes de agua de lluvia cuando caen abundantemente, y en otro como calle ancha con una vereda y árboles en el centro

Pero en general, rambla es un término que se utiliza para designar a aquellos espacios urbanos que se caracterizan por sus amplias superficies. Históricos lugares en el mundo reciben ese nombre, como la principal arteria española de Barcelona denominada así, o en nuestro país la muy famosa de Mar del Plata.

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De las pérgolas de calle Pasteur

Trenque Lauquen fue diseñada inicialmente con una generosa disposición del espacio público, medido en anchas avenidas, amplias veredas, y los carriles de ida y vuelta, separados por lo que habitual e históricamente conocemos como rambla, un lujo del que pocas ciudades pueden hace gala.

Fue la concepción inicial del general Conrado Villegas, el fundador de la ciudad en 1876, que dispuso que entre las manzanas primitivamente delimitadas quedaran 30 metros para calle, previendo que las tropas pudieran avanzar sin dificultades ante un posible ataque indígena.

EL TRAZADO PERDIDO

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Pérgola de una esquina de Pasteur

Desafortunadamente en algunos sectores, y vaya a saber por qué razones, ese vistoso trazado fue abandonado, produciendo un verdadero dislate, siendo quizá el más significativo el de la calle Arrastúa  – homenaje a Felipe Arrastúa, quien fuera alumno de Almafuerte y ex intendente municipal – con su sinuosa trayectoria, que de pronto, luce ramblas, que luego desaparecen para transformarse en un calle estrecha, que con vehículos estacionados enfrente en ambas manos, impiden a un tercero circular por ahí.

Tampoco ha sido congruente que se haya homenajeado al ingeniero militar polaco, luego nacionalizado argentino, Jordan Wysocki, autor del primer plano de la ciudad, con el nombre de una arteria sin rambla en el sector noreste, cuando su idea era de una mayor amplitud para una calle.

En esos ejemplos bien podríamos parafrasear al poeta Horacio Ferrer en su memorable “Balada para un loco” cuando recita refiriéndose a las calles de Buenos Aires que “tienen ese no sé qué ¿viste?”. Y aquí, a veces, calles y ramblas tienen también “ese no sé qué”, teniendo en cuenta sus desiguales variantes.

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Pérgola con glicinas a pleno en calle San Martín

Dentro de ellas, y que hacen a su costado positivo, aunque tampoco respondieran a una planificación oficial, es bueno recordar algunos movimientos que se dieron hacia finales de la década del 50, y que constituidos en comisiones vecinales, decidieron hermosear sus ramblas, al menos y casi en simultaneidad en tres calles: Roca, San Martín y Pasteur, con el sólo propósito de ver mejorados sus barrios.

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El “copón” sobreviviente de San Martín

Y además con otra virtud importante: todo saldría del esfuerzo de los vecinos, sin apelar a la remanida costumbre de pedirle al Estado, en este caso al municipio, que de sus arcas salgan los fondos para financiar la propuesta. Ellos mismos, se encargaron de recaudar, a través de distintas vías, todo aquello que fue necesario para la compra de pérgolas, bancos, forestación, ornamentación e iluminación, entre los elementos que se introdujeron para embellecer el paisaje de cada una de estas ramblas.

Son breves las de la calle Pasteur, apenas dos cuadras entre San Martín y Roca, donde se colocaron pérgolas con su correspondiente vegetación a mitad de ramblas, y otras, con un diseño más artístico, que incluía una suerte de banco en forma de “u” en su parte inferior, en ambos extremos. Una de ellas, en su encuentro con la avenida Villegas, fue parcialmente destruida hace unos años, cuando un automóvil descontrolado, tras un choque en esa esquina, fue a terminar su carrera allí, con el consiguiente destrozo, pero luego de un tiempo, se la restauró.

La “intervención” – tal como se denominan estos cometidos en la actualidad, no así entonces – en la calle San Martín, se extiende siete cuadras desde Rivadavia – Cuello hasta Alem – Paso.

Los promotores, que habitualmente se reunían en el otrora histórico restorán del Hotel Trenque Lauquen dispusieron también para esas ramblas, dos juegos de pérgolas por cuadra y diferentes especies florales para vestirlas de color, especialmente con la llegada de la primavera, que hoy estalla en las violáceas glicinas.

Inicialmente también se las dotó de una suerte de “copones”, también para ser cubiertos de plantines a mitad del trayecto entre una y otra pérgola, pero sufrieron el deterioro del tiempo, siendo retirados. Apenas sobrevive uno, en una pequeña rotonda, frente a la plaza San Martín.

CASI UNA CALLE A LA ITALIANA

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Iluminación original de la calle Roca

En cuando a las de la calle Roca, el proyecto no contempló pérgolas como las otras dos calles, sino iluminación en una primera etapa, cuatro columnas de dos farolas por cuadra. Luminarias entonces de avanzada, hoy sustituidas por los modernos leds. Sin embargo, el primer esbozo fue más ambicioso, ya que la idea era reemplazar las ramblas por una sucesión de pequeñas rotondas o islas donde serían emplazadas las columnas lumínicas, reproduciendo el modelo de la calle Garibaldi de Roma (Italia), que alguien en un viaje había observado y fotografiado, pero finalmente no prosperó. Después vendría la plantación de los pinos, hoy ya muy desarrollados.

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Primer proyecto de calle Roca. Igual a una calle italiana

En otras ramblas de la ciudad, también los vecinos han volcado sus mejoras, especialmente con la colocación de arbustos y plantas, o la de ejemplares autóctonos en las aledañas al Parque Municipal – bautizada como “rambla nativa” – “paseo botánico” – sobre la calle San Martín, ante la imponente vista de la reproducción de los murales del artista plástico Rodolfo Campodónico, exhibidos en el frente del Museo Histórico Regional.

No dejan de llamar la atención los homenajes en sendas esculturas a dos instrumentos musicales: a la guitarra, como símbolo de admiración a nuestros Indios Tacunau, que la inauguraron, frente al Bar Quique en 9 de Julio al 700, y al bandoneón, frente a la Casa de Buenas Noches Tango, en Mariano Moreno al 400. 

Mención aparte para las del Boulevard Villegas, en este caso, obra del municipio durante una de las gestiones del doctor Jorge Alberto Barracchia, y otras céntricas, más la que da al frente de la Terminal de Ómnibus, sobre Pereyra Rozas, recortadas para dar paso a dársenas que permitan el estacionamiento de vehículos y motos.

Para una mayor nostalgia, lejos en el tiempo han quedado las ramblas que habitualmente utilizaban los chicos para jugar algún picado de fútbol, como también el recuerdo de aquellos primeros vecinos que por la suyas decidieron darles un toque de distinción a sus ramblas. Si en aquella ocasión no requirieron el auxilio del municipio, ahora sí, no vendría mal su asistencia para que esos ornamentos sean abastecidos de un sencillo mantenimiento, algún toque de pintura especialmente.