DÍA DEL PADRE: LA CUESTIONADA FIGURA PATERNA EN LA VIDA PÚBLICA ARGENTINA

La mirada sobre personajes de nuestra historia y nuestra actualidad. Sus relaciones familiares y el recuerdo de las enseñanzas de los padres

HERNAN SOTULLOPOR Hernán Sotullo

Periodista y Escritor

ALFONSIN

Hay una tendencia a calificar rápidamente de padres a cuanto personaje trascienda con mayor intensidad a la vida pública, independientemente si se lo merece o no. Así, José de San Martín, será el Padre de la Patria, como Raúl Alfonsín, el Padre de la Democracia, tal cual ha sido consagrado tras su fallecimiento. A su vez, Andrés Chazarreta, el de la Zamba de Vargas, se lo reconoce como el padre del folclore y Ángel Villoldo, es el padre del tango, aunque el nacimiento de este género es mucho más complejo como para atribuirle la paternidad a una sola persona.

Cualquiera de ellos, humanos al fin, podría merecer algunos reproches, pero otros no resistirían la menor inspección, porque también padre se les dice a los sacerdotes católicos, y uno no se imagina en ese papel a Julio Grassi, como tampoco físico norte americano Robert Oppenheimer, llamado el padre de la bomba atómica, que en agosto de 1945 redujo instantáneamente a carbón a más de 200 mil japoneses, convirtió en escombros a 60 mil edificios y la contaminación radiactiva se cobró con el tiempo otras miles de víctimas.

GARDEL Y BORGES

Personajes claves de la canción popular, la política y la literatura, como Carlos Gardel, Juan Domingo Perón y Jorge Luis Borges no tuvieron hijos, de tal manera que esa consagración paterna, que de algún modo encarnaron dentro del ámbito y la pasión en que sus vidas transcurrieron, quedó trunca.

Si de encumbrados protagonistas públicos hablamos, nuestro país muestra una complicada relación con la figura paterna. Vayan algunos ejemplos. Se sospecha que Dominguito fue el hijo biológico de Domingo Faustino Sarmiento, y no el adoptivo. Es sabido que el padre de la educación mantenía una relación extramatrimonial con Benita Martínez Pastoriza, de quien luego se separa conflictivamente a tal punto que la mujer le embarga su sueldo de gobernador de San Juan para asegurase una suma de alimentos. El episodio genera el definitivo distanciamiento con Dominguito que le escribe “Usted nos esta haciendo morir de hambre”.

El muchacho muere en la guerra del Paraguay lo que a Sarmiento le acarreó un gran dolor, sacudido por un profundo cargo de conciencia. Escribe “Vida de Dominguito”, y visita a congojado su tumba por las noches. El historiador José Ignacio García Hamilton – que acaba de fallecer arriesga la hipótesis de que se va a morir a Paraguay para hacerlo en el mismo país que su hijo, biológico o adoptivo, había dejado la vida.

Hipólito Yrigoyen es el primer presidente elegido por el voto universal y secreto en 1916, y a su vez, el primero que es desalojado del poder por un golpe militar en 1930. Su vida sentimental fue diametralmente opuesta a sus indudables méritos políticos, con relaciones clandestinas y varios hijos que no sólo no reconoció, sino que les negó afecto, y humillo a que demostraron su filiación en los tribunales, después de su fallecimiento. También es difícil imaginar la relación de Justo José de Urquiza, en el primer presidente constitucional, con sus hijos, que según algunos historiadores llegaban al centenar.

Historias más recientes se ocupan del ex presidente Carlos Menem y el largo calvario de su hijo Carlos Nair, quien debió recurrir a la justicia durante varios años, en medio de chicanas y dilaciones, para lograr finalmente su reconocimiento. Había nacido de su relación con Martha Messa cuando el riojano estuvo confinado durante la última dictadura militar en Las Lomitas, en la provincia de Formosa. La mujer no lo alcanzó a ver. Antes decidió quitarse la vida envenenándose con un insecticida.

SAN MARTIN

La lista es más extensa, pero valen apenas estos ejemplos para evidenciar los escenarios difíciles en los que zigzaguean las relaciones humanas. Lo deseable, sin embargo, es que estos desencuentros de padres e hijos circularan por carriles menos procelosos. Vale, entonces, este día del Padre.

Es una buena oportunidad, la que aprovecho siempre para estar con el mío, el escribano Tito Livio Sotullo, que me acercó al mundo del conocimiento, cuanto todavía de pantalones cortos me regaló aquel libro de Emilio Salgari que contaba las increíbles aventuras marineras de Sandokán, el Tigre de la Malasia, que despertó mi primera curiosidad por la lectura. Esta fecha, pese a su connotación comercial, renueva la certeza de que sigue siendo mi maestro de toda enseñanza, más allá de estos iniciales asuntos de la literatura.

*Publicada el 21 de junio de 2009 en el diario La Opinión.-