ENTRE LOS ’60 Y ’70 LA FIEBRE DE LOS LOTEOS INUNDÓ DE BARRIOS LA CIUDAD DE TRENQUE LAUQUEN

En partes de las décadas del ’60, y ’70, en Trenque Lauquen se dio un fenómeno clave para su expansión. Sería la puerta a través de la cual accedió a una etapa de progreso y crecimiento insospechado, ampliando sus fronteras urbanas.

Fue un estallido que se prolongó geométricamente hacia cada uno de los costados de la ciudad dibujando otro mapa, producto de parir barrios enteros, con su consecuente apertura de nuevas calles. Como el tejido de una telaraña, numerosas quintas devinieron en esos años en incontables manzanas, por obra de la subdivisión, multiplicando parcelas, propietarios, y nuevas edificaciones.

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Odriozola remata. Detrás la pizarra con los terrenos a subastar

Y fue así por obra de la reiteración de gigantescos loteos, que tuvo fundamentalmente como impulsores a dos históricos martilleros, ya fallecidos: Luis Quintín “Bocha” Odriozola y Héctor Antonio Achaerandio. Una generosa publicidad radial y de afiches y volantes que se distribuían en la vía pública y comercios, acercaba la nueva propuesta inmobiliaria de ambos “rematadores” – como también solía identificárselos – a una ávida población dispuesta a mejorar sustancialmente su futuro, con su inevitable implicancia en el porvenir de la ciudad.

PUBLICIDAD SEDUCTORA
La seducción venía envuelta en enunciados como “barrio de activo progreso”; “compre para sus hijos”; “abierto al progreso de la pujante ciudad”; “para usted que tiene visión de futuro”; “un presente iluminado para un futuro luminoso”; “continuamos anunciando progreso”, y otras de atractivo estilo.

En general las mismas eran de la autoría de los propios Odriozola y Achaerandio, que no fueron hombres nada más que detenidos en la comodidad del golpear el martillo durante esos domingos de remates multitudinarios, sino que además ambos dejaron su impronta en significativos aportes volcados al desarrollo de la comunidad.

También se ocuparon de crear los ingeniosos eslóganes que distinguieron a cada uno: “Entre por la O de Odriozola Inmobiliaria”, refería uno, y “Héctor A. Achaerandio, el camino más corto hacia su casa propia”, mencionaba el otro. Este último, además, inauguraría un jingle radial, el primero que se grabó en Trenque Lauquen y que tuvo una feliz originalidad, ya que la “o” final del apellido de martillero se prolongaba a modo de eco.

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Costado del acceso García Salinas, todavía virgen. Obsérvese el arco de ingreso detrás

José María Desvard, entonces joven locutor de LU11, fue la voz de aquella particular publicidad, a quien acompañó Mabel Ciotti, otra garganta privilegiada de nuestra radiofonía. Con casi nula tecnología, la grabación fue muy artesanal y demandó varios intentos hasta alcanzar la satisfacción de ambos. Desvard se iba alejando progresivamente del micrófono extendiendo la “o”, y así se logró el efecto del eco.

QUINTAS POR LOTES
Como si fuera un chico en crecimiento, aquellos remates, y sus consecuencias inmediatas, constituyeron el gran “estirón” urbanístico de la ciudad, que por aquellos años tenía a sus quintas de los alrededores como una suerte de dique de contención a sus aspiraciones de evolucionar ediliciamente. Sus propietarios, tal cual un efecto cascada, comienzan a desprenderse de ellas, para ser subdivididas.

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Vista panorámica previa a una masiva subasta

Ese fue el comienzo de la fiebre del loteo, coincidentemente favorecido por un contexto económico propicio para la ciudad, que albergaba a prósperas industrias y empresas, que daban trabajo seguro y bien remunerado a una franja considerable de la población.

Esos trabajadores fueron los primeros compradores de las parcelas, con la ambición de construir allí su casita familiar propia. Era común ver, a los pocos días del remate, en muchos de los terrenos vendidos, ladrillos apilados, cimientos ya abiertos, y albañiles trabajando. Ese sólo indicio ya le estaba dando un valor económico superior a esa zona, de modo tal que las parcelas enseguida adquirían un precio más elevado al del remate.

“¿Nadie da más?, entonces vendo… y vendí”, cerraba el rematador al tiempo que caía el martillo e iluminaba de alegría el rostro del flamante comprador, que momentos antes había agitado nerviosamente su mano para hacer la oferta definitiva, no sin tener previamente que lidiar con otros competidores por la misma parcela.

BAUTIZANDO BARRIOS

Esa podría ser la escena calcada de cualquiera de los remates que emprendieron tanto Achaerandio como Odriozola, que en principio tuvieron el apellido del propietario de la quinta que dio nacimiento al loteo, como la de Zabala, frente a la ex fábrica láctea Finaco. En otros casos, Vargas, Arango o Castelao, encerrada ésta entre las cuatro manzanas de las calles Orellana-Hernández, Vicente López, Sargento Cabral-Alvear y Wilde.

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Afiche promocionando el futuro Barrio Elelín

Más tarde adquirieron otras denominaciones, según la zona, como el loteo de “El Faro”, de 62 parcelas, por el hotel que ya se hallaba en construcción, o por la proximidad con alguna industria, como el designado “Elelín”, de 50 lotes en la continuidad de las calles San Martín y Belgrano, en cercanía de la fábrica de amortiguadores de Alfredo Robles.

Otros ya adoptaron desde el inicio el nombre de barrios como el Norte, ubicado entre las calles Uribarri, Antonio Díaz, Sargento Cabral y Pacheco, “49 lotes triples, terrenos altos y muy parejos, con corriente eléctrica al pie del loteo”, tentaba el afiche. En otros la propaganda aludía al “agua de primera calidad”, al arbolado existente o a los cordones ya pagos.

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Afiche del Barrio Trenqueluz

También se agregaron las 27 parcelas del Barrio Oeste, las 64 del Barrio Sur, las 60 del Barrio Trenqueluz – entre San Lorenzo, Lagos, Sargento Cabral y Ameghino – llamado así porque contaba con 24 columnas con iluminación a gas de mercurio, y las 120 del Barrio Almafuerte, nombre que además tenía su explicación en la publicidad desplegada “en homenaje a un visionario, que, en la educación, base de los pueblos, soñó con una gran ciudad, pujante y culta como es la nuestra”.

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Achaerandio en el remate de la vieja cancha de Argentino, con su histórica tribuna de madera


En 1967, el viejo campo de deportes del club Argentino se convirtió en 58 terrenos, desde Monferrand a Vignau, y de Cuello a Mariano Moreno, abriendo Paredes en el centro. De igual modo, la antigua cancha de Tres Llantas, pasaría junto a otras manzanas a ser Villa Industrial donde se unen Derqui, Pellegrini, Llambías y Marconi. Y como si algo faltara, hasta el historiador José “Pepe” Mayo sugirió nombres relacionados con la lengua indígena como el de “Tunquelén” (lugar de reposo) para lo que era la quinta de Castelao. Con el correr de los años, algunos de estos nombres se perdieron o mutaron por otros.

CITA DE MULTITUDES
Como era costumbre entonces, el comienzo de estas subastas, que se realizaban los domingos por la mañana – en un par de horas se liquidaba la totalidad de las parcelas – eran precedidas por una seguidilla de bombas de estruendo lanzadas desde un mortero.

Las fotos de la época dan fe de las multitudinarias convocatorias de vecinos que generaban estos remates, que además contaban con un atractivo adicional: uno o dos lotes eran sorteados como regalo entre el público, o destinados a alguna institución benéfica, o asignado al mayor precio pagado, y hasta en alguna ocasión se obsequió “un Rolex automático”, según se leía textualmente en el afiche pertinente.

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Una muestra de las multitudinarias convocatorias

Las condiciones de venta, por otro lado, eran también muy ventajosas, donde los plazos de pago se extendían hasta en 120 cuotas mensuales, o sea 10 años, lo que permitía pagar cómodamente el lote, y favorecer una rápida construcción sobre la parcela. De tal modo, Trenque Lauquen se transformó en algo así como un pulpo abriendo sus brazos hacia todos sus puntos cardinales, y lo que eran aquellos “alrededores” se incorporaron como parte vital de la ciudad.

Contemporáneamente nuevos barrios, incluida la Ampliación Urbana, se han ido incorporando al trazado de la ciudad, pero mayoritariamente con el aporte de fondos gremiales y estatales, no desde la gestión privada incubada en aquellos masivos y populares remates domingueros que sellaron un capítulo irrepetible en la historia de la comunidad.