“GENARO”: EL PETISO MÁS GRANDE (HISTORIA DE VIDA DEL HOMBRE QUE REVOLUCIONÓ NUESTRO FÚTBOL)

Futbolista, DT y seleccionador, amante de la pelota, de perfil aporteñado y arrabalero, y entusiasta del tango, Omar Antonio Gennarini falleció a los 83 años en la ciudad que lo vio consagrarse y a la que arribó para revolucionar al deporte más popular de todos los tiempos

Su llegada a Trenque Lauquen desde el barrio porteño de Floresta transformó el fútbol local y regional. Sumó títulos, formó jugadores que luego serían formadores de otros jugadores y multiplicó apodos inventados y anécdotas plagadas de picardía.

Genaro tenía varias “máximas”, y se podría escribir un libro de cómo combinar elegancia y éxito en el fútbol solo con citarlas. Una: para armar un equipo campeón se regía por afianzar la mentada columna 1-2-5-9. Consolidarlo dentro y fuera de la cancha, como un grupo de grandes compañeros con un objetivo en común.

Por eso, cada uno de sus dirigidos tendrá para siempre en su retina alguna anécdota para contar que perdurará por siempre en los vestuarios de las canchas del fútbol local, como susurros lejanos de aquellos gritos “pelados” del Petiso al borde de la línea de cal. Y serán instantáneas eternas, las fotos de aquellas reuniones que tanto pregonaba para consolidar relaciones en el grupo humano, tan valioso para él como su relación con el balón.

“El fútbol es discriminatorio”, repetía. Era una de sus maneras de decirle a un jugador que no lo iba a tener en cuenta. Eso también le costó algunos desencuentros. Apasionado de la pelota, cualidad que le permitió ganar y festejar. Pero también le impidió completar más de un partido. Tan ganador como temperamental.

Se crió en el barrio porteño de Floresta. Un tío -con contactos entre la dirigencia- lo llevó a los 14 años a Vélez Sárfield (1951). Luego de pasar por varias divisiones, recaló en la primera división. Jugó un solo partido, el 4 de noviembre de 1956, en la derrota de su equipo ante Chacarita Juniors, por 1 a 0 (ver en nuestras redes sociales una nota de 1997 en la que “Genaro”, uno de sus sobrenombres, cuenta esa experiencia).

Luego pasó a Argentinos Juniors. Siempre sonreía socarronamente cuando se lo consultaba si era cierto o no la historia tejida sobre un incidente con un línea (hoy llamado árbitro asistente). “Son todos tocuen”, respondía fiel al estilo aporteñado y tanguero, otra de sus pasiones (así lo plasmaría en un vinilo pegado en su último auto).

Pasó por Rivadavia pero no se afincó. Ferro Carril Oeste de Trenque Lauquen apresuró los trámites para ponerlo en cancha en el inicio de la Liga Trenquelauquense de Fútbol, en 1959. Antes de fallecer “el Petiso” -otro de sus apodos-, ya eran leyenda los dos goles en su debut, en cancha de Atlético Trenque Lauquen. Enseguida se empezó a hablar de su juego, su panorama, y su pegada (sobre todo del chanfle o la comba). Fue la revolución. El fútbol ya no sería lo mismo. Y hasta los más grandes jugadores de nuestro fútbol chacarero, que debaten siempre a los ídolos y suben y bajan de podios, en esto no tienen discusión. Con Genaro en la cancha, ya nada sería igual. Y eso se revela en su vitrina personal, y en la de los clubes por donde pasó.

GENARO VERDE

Fue partícipe indiscutido de los títulos en primera de Ferro de la década del ’60 y algunos de la del ’70 (hasta el último en 1977), porque en el medio vistió brevemente la camiseta de Progreso de Juan José Paso (1974-75). Y en ese período, siempre se destacó su labor en la Selección Roja (el combinado de la Liga Trenquelauquense) y su inolvidable campaña del ‘69/’70 (subcampeones del torneo Buenos Aires-La Pampa).

Tras su retiro como futbolista, Gennarini continuó como entrenador. Fue campeón de primera y de una gran cantidad de certámenes de divisiones inferiores. Promovió futbolistas, y a otros tantos los acomodó en otros puestos para sacarles mayor rendimiento. En la máxima categoría como DT sumó nueve títulos. Con Ferro en el ’81. ’84, 2007 y 2008. Con Atlético Pellegrini en 1980. Con Barrio Alegre en el ’91, ’94, ’95 y 2003.

No llegó a ser parte de la exitosa campaña de Ferro del Regional ’85/’86 porque previo al inicio tuvo desavenencias con los dirigentes y dejó el cargo.

Si los títulos cotizaran en dólares, Gennarini hubiera sido multimillonario. Pero esa riqueza no la tenía en el bolsillo, la llevaba en su pecho, inflado de tanto éxito.

GENARO TAPA

Se jubiló de la Policía de la provincia de Buenos Aires. Unió el fútbol y el tango en un programa radial en la emisora FM Tiempo. Alguna vez atendió la cantina de Ferro. Se casó y tuvo dos hijos: Alejandro y Marcelo. Dirigió a su nieto Franco, y hasta fueron campeones juntos. Lujos que se dio en vida.

Los últimos meses los transitó con su salud deteriorada. Hasta que un día la pelota dejó de rodar.

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