HOY EN… EL MIRADOR… “BALLENAS EN TRENQUE LAUQUEN”

Como cada fin de semana, y por segundo domingo consecutivo, invitamos a nuestros lectores y seguidores a zambullirse a una lectura distendida que recuerda hechos locales a partir de datos de plena actualidad… Hoy: Trenque Lauquen, aunque mueva al asombro, también tuvo su ballena. Aquí las dos historias

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El azote del coronavirus afectó este año seriamente el turismo. Uno de ellos, el disfrute de las ballenas en aguas de la Península Valdés en excursiones embarcadas que parten hacia alta mar desde Puerto Pirámides a 100 kilómetros de Puerto Madryn u observadas desde la costa misma, a pocos metros, en El Doradillo, muy cerca de esta última ciudad.

La cuarentena, sin embargo, no detuvo el trabajo de un grupo de investigadores que continúan vigilando atentamente el comportamiento de los cetáceos en el mar con el resultado de extraordinarios hallazgos. Trenque Lauquen, aunque mueva al asombro, también tuvo su ballena. Aquí las dos historias.

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Le pusieron de nombre Espuma por el color de su lomo: mitad gris oscuro y mitad blanco. Fue vista por primera vez en esas aguas del sur en 1994, junto a su madre, y otra vez en 1995.

Después de ese tiempo, no se supo nada de ella, hasta hace unos días, cuando una investigadora del Instituto de Conservación de Ballenas, se puso a analizar un interminable catálogo de fotos que posee el organismo. Así confirmaron que se trataba efectivamente de Espuma, la ballena que hacía más de 20 años no veían en el mar de la Península Valdés.

El hallazgo fue celebrado con gritos y hasta lágrimas por parte de los expertos, no sólo porque la pesquisa requiere un agotador trabajo, por lo minucioso y preciso que debe ser, sino al constatar que el mamífero marino que registraron hace más de un par de décadas, continuaba con vida.

Espuma es un ejemplar de la llamada ballena franca austral que cada año, en número de unas 4 mil, de abril a diciembre, invaden la Península Valdés, ya que allí machos y hembras encuentran el hábitat ideal para el apareamiento y reproducción de la especie.

Todo un espectáculo que genera una extraordinaria corriente turística, incluso con la llegada de cruceros internacionales, que le aportan significativos ingresos a la economía de la provincia de Chubut, que este año quedó reducida a la nada como consecuencia de la inesperada aparición de la pandemia del coronavirus.

billete 3

Y mientras se discute si los billetes deben llevar como imagen próceres o animales, el de 200 pesos, diseñado de manera vertical, está dedicado a la ballena franca austral, siendo distinguido en 2018 como el mejor de Latinoamérica.

LEJOS DEL MAR
A mil kilómetros de distancia de Madryn, aquí en Trenque Lauquen, a mediados de la década del ’50, una ballena hacía su aparición en la ciudad, sin necesidad de rodearse de agua, provocando durante días un singular atractivo e interés en la población.

Se trataba, claro está, de un ejemplar muerto que se conservaba con apariencia de vivo por la aplicación de una técnica de disecado realizada seguramente por un diestro taxidermista, de modo tal que permanecía resguardada su estructura ósea y la piel que la recubría. Era lo único que quedaba de esa ballena, vacía en su interior, ya que sus vísceras habían sido extraídas.

Esto permitía que la ávida concurrencia, que formaba cola para ingresar, pudiese caminar dentro del gigante marino, que según la especie de que se trate, su longitud puede variar hasta los 20 metros o más en el caso de la ballena azul.

Antes de la exhibición una versión avejentada de un trailer transportando la ballena se había detenido a mitad de la calle 9 de Julio, entre Villegas y San Martín, enfrente del actual edificio de Tribunales. El lugar, ocupado hoy por un conjunto de locales, departamentos y cocheras al fondo, era un extenso baldío donde Luis Quintín Odriozola, un histórico martillero de la época, realizaba sus periódicos remates de todo tipo de enseres, subastas que tenían como característica ser anunciadas sus comienzos con el disparo de bombas de estruendo que estallaban en el aire despedidas desde un mortero.

Allí se instaló una carpa, y debajo de ella en exposición el imponente animal, que para una mayor motivación publicitaria se la presentaba como una suerte de Moby Dick, una ballena blanca de ficción creada por el novelista Herman Melville, perseguida por los mares del mundo por un barco que intenta cazarla, y que por entonces, ya se había convertido también en una exitosa película.

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La muestra itinerante, al cabo de unas cuantos días, muy visitada por la curiosidad de los trenquelauquenses, partió hacia un nuevo destino. La ballena, que nace, desarrolla toda su existencia y muere en el mar, ahora, ya sin vida, viajaba fuera del agua en un desvencijado carromato.