El fútbol constituye para los argentinos una irrefrenable pasión, de tal intensidad, que hasta ha permitido, según un informe reciente del gobierno porteño, la detención de 70 prófugos buscados por la justicia, acusados de los más diversos delitos.

Es decir, aún al precio de ser apresados, abandonaron su clandestinidad, sólo para acudir al llamado del fanatismo de sus colores y alentarlos desde la tribuna. Al pretender ingresar al estadio, fueron detectados por la policía, y de allí, detrás de las rejas.
Basta leer el fantástico cuento “Viejo con árbol” del imprescindible Roberto Fontanarrosa, para entender el significado del fútbol o apelar al fragmento de la película “El secreto de sus ojos”, ganadora en 2010 del Óscar a la mejor película extranjera, en la que el actor Guillermo Francella interpretando a su personaje lo define con precisión: “El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios. pero hay una cosa que no puede cambiar. No puede cambiar de pasión”

Persistiendo en esa lógica logra identificar al asesino que buscaba, localizándolo entre el público que colmaba las tribunas del estadio de Huracán durante el encuentro que disputaba el local con el Racing de Avellaneda, del cual era fervoroso hincha. El homicida podía sortear cualquier requisa policial, pero jamás renunciar a la fidelidad de su equipo favorito.
Pero esa pasión se traslada en sintonía al habla popular, demostrando la notable incidencia del fútbol a cualquier acontecimiento cotidiano, que viene desde muy lejos. Podría ubicarse en la expresión del cronista que cubrió en 1928 para el legendario diario “Crítica” la final entre Uruguay y Argentina, donde jugó como centrodelantero y capitán el trenquelauquense Manuel “Nolo” Ferreira.

El periodista, tras la victoria de los uruguayos, cerró su comentario, sintetizándolo con un explícito “tuvieron un tarro bárbaro”. Aludía al tarro de leche, y esta última palabra en lunfardo significa suerte.
Es muy común escuchar otros vocablos relacionadas con el juego por excelencia de los argentinos, por ejemplo “pegar en el palo”, que en nuestra vida cotidiana explica que lo que hicimos estuvo cerca de lograr su objetivo, o salvarse por azar.
O “no me dan pelota”, queriendo decir que no le hacen caso; “parar la pelota”, refiriéndose al hecho de frenar un impulso y recapacitar; “ser dueño de la pelota”, tener dominio absoluto de una situación; “dejarla picando”, admitir la apertura de un interrogante a la espera de una situación más favorable.

En igual sentido, “salir con los tapones de punta” decidido a todo; “colgar los botines”, retirarse o jubilarse de una actividad; “marcar de cerca”: vigilar a alguien, controlarlo; “quedar en orsai”, en situación difícil; “golazo”, alcanzar un gran logro; “gol de media cancha”, acertar con una decisión impensada; “sudar la camiseta”; hacer enormes esfuerzos para obtener algo; “a esta altura del partido”: a cierta edad de la vida; “embarrar la cancha”, crear obstáculos; “marcar la cancha”, fijar límites; y tal vez una de la más gráficas sea la que puntualizó un paciente después de haberse recuperado de un infarto::”esta vez sí que de chiripa la saqué al corner”