RAMÓN COHEN SOUZA, EL PRIMER PEDIATRA DE TRENQUE LAUQUEN, CUMPLE HOY 99 AÑOS, RODEADO DE AMOR Y GRATITUD

Una reseña sobre su vida y sus sentimientos. Los momentos difíciles y los más felices. Los logros personales que siempre fueron logros para la comunidad. En una carta abierta escrita por una de sus hijas, Caly

“Hijita, mi vida tuvo sus vueltas, como la de tantos, pero nunca me faltó amor y eso hizo la diferencia de quien pude ser”, repetía Ramón Cohen Souza, el primer pediatra que tuvo Trenque Lauquen y quien supo, con humildad, resumir el espíritu de la historia local: pasión, servicio, amor, esfuerzo y visión de crecimiento.

Pinceladas de su vida y su forma de ser y sentir quedaron plasmadas en la pluma de una de sus hijas, en una carta abierta. El texto completo de la periodista Caly Cohen…

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Con su madre Adilia Souza, su Abuela Beatriz Flores (Beacha), y dos de sus hermanas. Ana y Edith. Eran 7 hermanos

“Tantas veces hablé con papá de sus historias de infancia, tratando de saber de su madre, mi abuela Adilia, a quien perdió siendo un niño, de sus viajes por el Amazonas, a orillas del cual nació en la ciudad de Iquitos -República del Perú- hace hoy 99 años, un 31 de agosto de 1921.

Infinitos relatos que hizo a sus hijos, nietos, sobrinos, amigos y a sus pequeños pacientes a quienes enamoraba con sus cuentos de la selva, esa que lleva aún en su alma y a la cual viaja seguido. Se acuerda del Rio Muyui, la Hacienda La Victoria donde vivía su abuelita Beacha con quien se crió una vez muerta su madre. Recuerdos de un tiempo feliz, más allá de dolores y pérdidas.

Fue maestro de escuela con pocos años en un caserío a donde llegó con su tío Daniel una vez terminada la primaria. Y entonces se convirtió en docente de padres e hijos que anhelaban  aprender a leer y a escribir. Pasado un tiempo, su hermano mayor lo regresó obligado a la vida de ciudad en Iquitos. Allí volvió a estudiar la secundaria para luego trasladarse a Lima a iniciar sus estudios en la Universidad de San Marcos.  Ese cambio de rumbo abrió el camino de la vocación, que despertó en él un profesor del colegio, y que gestó el deseo ferviente de estudiar medicina y poder curar a los niños más desposeídos, aquellos que quedan fuera del sistema.

Partió en los ‘50 a ese país que ofrecía una educación pública y gratuita, aquella tierra que aunque lejana, se sentía amigable y que trazaría en su vida la posibilidad de alcanzar el sueño de ser pediatra. Así vinieron tiempos intensos donde debió trabajar indefectiblemente para costear sus estudios. Primero asistiendo a la Universidad de Buenos Aires, para luego trasladarse a la Universidad Nacional de La Plata donde se recibió finalmente.

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Al recibir el título profesional

La ciudad de los tilos y las diagonales fue un escenario de infinitos amigos, que se transformaron en la familia argentina cuando los años pasaban y regresar a su patria era demasiado lejano e imposible. Fue un tiempo de aventuras, las más, y donde los desasosiegos quedaron en el olvido.

Si hay algo que él siempre rescata, es recordar lo mejor y ser agradecido. Incapaz de dejar la sonrisa aún ante la adversidad. Esa serena bonhomía que creo, es parte de su presente.

Se acercaba el final de su residencia en el Hospital de Niños de La Plata, todavía no era Sor María Ludovica, porque como recuerda, la hermana superiora recorría en aquellos tiempos los patios internos del centro de salud.

Y llegó el encuentro. Jamás olvida ese preciso instante en que un pequeño niño, a quien debía canalizar para poner una vía, actuó de cupido. Entonces acudió una joven doctora, de cabellos rubios, piel muy blanca y ojos verdes. Su vida cambiaría para siempre. Su Elsa Victoria, el amor de su vida, mi madre, entraba en escena. Mientras canalizaba la diminuta venita de ese bebé, iniciaban una historia de amor, un camino que los unirían por 55 años.

Aquel hombre, es el mismo que con absoluta entrega, hoy la recuerda y le promete un pronto reencuentro, aunque nadie quiere que nos deje. Mientras, la vida nos sigue regalando momentos que atesoraremos por siempre.

Un 10 de septiembre de 1960 Ramón y Elsa se casaron. Primero estuvieron un tiempo en Salta trabajando en el Hospital San Bernardo, pero a mamá le hacía mal la altura. Posiblemente también extrañaba a la familia.

Entonces decidieron radicarse en Trenque Lauquen, convirtiéndose en los primeros Pediatras de la comunidad.

Al principio no fue fácil. Ser especialista en niños, hablar de prevención, de vacunas, de puericultura. Vinieron los viajes por la zona. Pellegrini, Treinta de Agosto, Berutti, la Estancia Nueva Castilla, atendiendo cientos de niños, dedicando su tiempo y entrega a ellos y a sus padres. Luego el primer consultorio en la ciudad de Trenque Lauquen. El Materno Infantil emplazado frente al monumento a la madre que él siempre tiene presente. El hospital municipal del cual fue Director y Jefe fundador del Servicio de Pediatría. El tribunal de menores desde 1972 donde ejerció el cargo de Perito Médico hasta el momento de su jubilación.

Es intrínsecamente bueno y sabio, incluso para aceptar con serenidad cuando murió su compañera exactamente el día de su aniversario número 55.

Pensamos que le sería difícil, acostumbrado a transitar tantos años junto a esa mujer que admiró y amo, y que lo refleja cuando habla de ella. Sin embargo, ha sabido enseñarnos a hijos y nietos, que cuando hay amor, todo es más fácil. Que la familia, aunque lejos, es el pilar fundamental para transitar la vida. Incluso en los peores momentos, es ahí donde debemos refugiarnos.

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Con su familia, en la actualidad

Gratitud, eso es lo que siempre inspira este hombre que hoy cumple 99 años, que asegura superará esta Pandemia y festejará el siglo en 2021, Son muchos los que prometen estar presentes para compartir un grato momento y escuchar esa cumbia que con las dificultades propias de quien tiene su edad, intenta bailar.

Ama a su equipo de fútbol, San Lorenzo.

Si bien su memoria se esfuma en algunos instantes, tiene la lucidez de anotar con su letra de receta médica, llena de u, a veces ininteligibles, nombres y palabras en pequeños papelitos que le sirven de auto ayuda a la hora de enlazar retazos de una memoria; que hace girones en el alma de un hombre de bien, con cierta inocencia de niño y corazón de gigante, al que tengo la fortuna de decirle junto a Marta, Luis y Marcela.. papá”.

Escrito por Caly Cohen, hija de Ramón