SIQUEIROS Y SU INFLUENCIA CENTRAL EN EL INICIO DE LA ESCUELA MURALISTA DE NUESTRO PAÍS

Trenque Lauquen, y poblaciones del distrito, han tapizado de murales sus espacios públicos, obra de artistas locales y foráneos, cuyo número se incrementa al realizarse hacia fines de cada año el clásico Encuentro Nacional. Por esa razón, la legislatura bonaerense la ha distinguido como “Capital Provincial de los Murales”.

Es significativo entonces vincular todo este movimiento a la recordación de los 50 años de la muerte del pintor mexicano David Alfaro Siqueiros, fallecido un 6 de enero de 1974. Este notable artista sólo dejó una obra en Argentina, suficiente para que sea considerada como el inicio de la escuela muralista en nuestro país, además de ser juzgada por los críticos como la experimentación más importante del muralismo del siglo XX.

La obra, ejecutada durante tres meses de 1933 fue denominada Ejercicio Plástico, y Siqueiros contó con la colaboración de otros grandes de la pictórica argentina: Antonio Berni, Lino Enea Spilimbergo y Juan Carlos Castagnino, y tuvo sus entretelones, y conflictos posteriores, incluso con derivaciones judiciales durante años entre quienes se adjudicaban su pertenencia. Finalmente hubo acuerdo, y hoy se la puede apreciar en el Museo del Bicentenario de la Casa Rosada.

La primera curiosidad es que se realizó en el sótano oscuro alumbrado de una luz mortecina de la quinta Los Granados, en Don Torcuato, propiedad del empresario Natalio Botana, fundador del diario Crítica, que revolucionó al periodismo de la época, y que llegó a tener seis ediciones diarias. Botana utilizaba ese lugar, aislado del ruido externo, para jugar al póquer con sus amigos.

Siqueiros, que era de filiación marxista, y por ello sufrió persecución y cárcel, se alejó llamativamente en esta pintura de la temática que utilizaba fundada en la crítica al sistema y la denuncia política, quizá porque el país transitaba en medio de la llamada Década Infame, y hacerla, además en un lugar oculto, lo ponía a salvo de posibles represalias. El resultado es que se trató del más apolítico de sus murales.

El mexicano, junto a sus ilustres ayudantes, pintó las paredes, la bóveda y el piso del recinto semicilíndrico de unos 150 metros cuadrados y representa un imaginario mundo submarino, de movimientos envolventes. 

Ejercicio plástico, se centró en un cuerpo femenino, sus formas, posturas, imágenes distorsionadas y el movimiento ondulante de las mismas. Se especula, que esos desnudos representan a su mujer, Blanca Luz Brum, una bella escritora izquierdista, con la que mantuvo una tormentosa relación finalizada con la separación de la pareja. Es más, ante la evidencia de todos, Brum sostenía una relación paralela con Botana.

A la muerte del empresario periodístico, su familia se desprendió de la quinta, sucediéndose distintos propietarios, además de ser refugio de linyeras cuando quedó abandonada, por lo que el deterioro de la obra fue manifiesto, hasta que a alguien se le ocurrió recuperarla.

Para ello, se fue demoliendo la edificación para llegar al sótano, y se la separó en seis partes, paredes incluidas, guardadas luego en contenedores, donde permanecieron durante casi 20 años mientras se sustanciaban los procesos judiciales que se suscitaron. Finalmente quedó en poder del Estado nacional, que la restauró, y hoy la notable e histórica pintura se exhibe en el Museo del Bicentenario de la Casa Rosada.