TRENQUE LAUQUEN Y BERUTI SE LLAMAN DOS CERROS UBICADOS EN LA ANTÁRTIDA

El coronel trenquelauquense Oscar Roberto Sosa, ya fallecido, bautizó a dos macizos de hielo ubicados en la Antártida con los nombres de su ciudad natal y de la cercana población del distrito, donde también pasó parte de su infancia. Ocurrió en 1962, cuando participó como jefe de un grupo de camaradas de una expedición al continente blanco. También denominó Trenque Lauquen, al vehículo que lo acompañó en la travesía

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El trenquelauquense Sosa en territorio antártico

Así como hace 144 años Conrado Villegas se encontraba en el desierto hostil de la pampa, hace 58, otro militar, por entonces el joven teniente primero Oscar Roberto Sosa – nacido en Trenque Lauquen en octubre de 1933 – acometía la inhóspita y desolada tierra blanca de la Antártida, más alejada y gélida que aquella que debió transitar con sus tropas el uruguayo de Tala fundador de nuestra ciudad.

 

Pero mientras este utilizó la caballería para trasladarse entre los fortines, Sosa, que residió en el último tramo de su vida en Bariloche donde falleció, ya con el grado de coronel, en agosto de 2011 a los 77 años, se las arregló con orugas, perros polares y trineos para ser hasta entonces de los primeros argentinos que se animaron a atravesar en dos ocasiones las enormes extensiones nevadas que conforman la superficie helada de ese territorio.

 

En estas excursiones, Sosa, además, designó a dos lugares montañosos del continente blanco con los nombres de Trenque Lauquen y Beruti, en homenaje a las dos poblaciones por cuyas calles caminó en el lejano tiempo de su infancia. Por entonces, ya portaba el apodo de “Pelusa”.

 

¿QUIÉN ERA SOSA?
Fue hijo de Florencio Sosa, que se desempeñaba como carnicero, además de dedicarse a la actividad agropecuaria, y de vestir durante algunas temporadas la camiseta verde del club Ferro Carril Oeste. Había formado su hogar con Balbina Luengo, y de ese matrimonio nació Oscar Roberto, que siguió el rumbo de su familia en la búsqueda de nuevos horizontes.

 

Así, cuando tenía sólo seis años se trasladó con sus padres a la zona rural de Beruti, y a los 10, ya estaba con ellos en la Capital Federal. A los 14, su vocación lo llevó a cursar el secundario en las aulas del Liceo Militar General San Martín, y culminado ese ciclo, se incorporó al Colegio Militar de la Nación, donde egresó como subteniente de la Promoción 85.

 

Con los años y sucesivos destinos en regimientos de montaña de Río Negro, Neuquén y Mendoza, fue parte del selecto grupo de hombres que orgullosamente se autodenominan “los antárticos”, tal como fue reconocido a su fallecimiento por el Ejército, que lo despidió en su participación fúnebre como “Expedicionario al Desierto Blanco”. También completó su formación como andinista y paracaidista, y en los ’80 se hallaba planificando una operación de lanzamiento de paracaidistas en la Antártida, de la que formaría parte, pero la Guerra de Malvinas, truncó el proyecto.

 

En esa calidad de expedicionario llegó, con un grupo de camaradas dos veces a la Antártida con la misión de hacer reconocimiento de lugares hasta entonces vírgenes, realizando un relevamiento topográfico de los mismos y recolectando valiosa información científica.

 

Allí, con sólo 29 años, encabezó en 1962 – luego regresó en 1966 – como Jefe del Grupo de Avanzada de la Primera Expedición Invernal en la Antártida que unió la base Esperanza con la del Ejército General San Martín, que se encuentra por debajo del Círculo Polar Antártico, una travesía de ida y regreso, la que demandó cubrir una distancia total de unos 2 mil kilómetros.

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La flecha en rojo indica la ubicación del cerro Trenque Lauquen

En ese trayecto aprovechó para denominar Trenque Lauquen a un cerro, que en medio de aquella soledad le recordaba sus juegos infantiles, rostros de amiguitos y sus primeros palotes, con el propósito de que el nombre de su ciudad natal quedara congelado en el tiempo allí, tal como esas nieves eternas.

 

Para ello eligió un punto elevado que servía de referencia permanente a la patrulla que guiaba para encontrar el rumbo en épocas de fríos extremos, temporales y escasa visibilidad. La designación de ese cerro fue luego convalidada por el Instituto Geográfico Militar – hoy Nacional – y así figura en los mapas de la región que agregan debajo “en recuerdo de la localidad bonaerense homónima”.

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El vehículo oruga con la inscripción Trenque Lauquen debajo del parabrisas

Pero Sosa fue aún más agradecido a su lugar de nacimiento, al que solía regresar cada tanto, y a uno de los vehículos – un tractor SnoCat, habitualmente conocidos como “orugas” – que servía para el desplazamiento en el hielo también llamó Trenque Lauquen, identificándolo con esa inscripción en su parte frontal.

 

Lamentablemente en una excursión ulterior quedaría soterrado para siempre en una profunda grieta, habituales trampas en tan irregular terreno.

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Uno de los vehículos caído en una grieta

Tampoco se olvidó de Beruti, donde compartió otro tramo de su infancia, y otra elevación, dentro del mismo cordón de montañas, por su iniciativa, lleva el nombre de la localidad vecina, parte de nuestro distrito.

 

 

TRAVESÍA PELIGROSA
En 1966 la expedición emprendió el estudio de la llamada Barrera de Hielos Filchner desde la Base Belgrano hasta la Caleta Jardín, y en su informe el coronel Sosa detalla las enormes vicisitudes y peligros en aquellas difíciles marchas con horizontes infinitos de hielo, acompañados de furiosos vientos e invariables temperaturas bajo cero, donde la “noche polar”, es decir, la falta absoluta de luz solar se prolonga unos cuatro meses, entre abril y agosto.

 

Menciona textualmente, por ejemplo, que “caímos 14 veces en grietas que indefectiblemente marcábamos con un cortaplumas en el volante del vehículo comando  “Trenque Lauquen”, pero en todos los casos sin tener que lamentar nada más que el susto y sin perder un solo vehículo”. Y añade con aflicción en otro testimonio posterior que “años después (1972) me enteré que este vehículo que nos fue tan útil, había desaparecido en una grieta, quedando sepultado un buen antártico, el Sargento Primero Kurtzman”.

 

La Antártida, de una extensión territorial de unos 14 millones de kilómetros cuadrados está considerada como la gran reserva del mundo, teniendo en cuenta que de acuerdo a estudios realizados se ha determinado la existencia de reservas de cobre, hierro, plata, oro, petróleo, carbón y uranio, lo que da una proximidad de su gravitación en el futuro de la economía del planeta.

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Mapa del IGN que señala los nombres de Trenque Lauquen y Beruti a sendas elevaciones

Allí el coronel trenquelauquense Oscar Roberto Sosa plantó banderas argentinas y para honrar sus orígenes denominó Trenque Lauquen y Beruti a sendas elevaciones de su cordón montañoso. De ese modo, la laguna redonda hoy también es un macizo de hielo en el lugar más austral del mundo.