EL INCENDIO DE LA FINACO, UN RECUERDO QUE SIEMPRE VUELVE

El recuerdo de un momento de suma tensión para la comunidad donde se contabilizaron pérdidas que nunca pudieron repararse. Y un dicho que quedó para siempre como parte del folclore autóctono

Las dantescas imágenes de incendios descontrolados que ya arrasaron miles de hectáreas llegadas desde la provincia de Córdoba, se suman a las que en los últimos tiempos se han producido en otros puntos del país, con la misma carga de considerables pérdidas de cosechas, animales, viviendas, infraestructura turística, evacuados y hasta humanas, las más sensibles.

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Imagen de los devastadores incendios en Córdoba

En Trenque Lauquen, también se recuerdan incendios de magnitud, como el que afectó, a principios de los ’50, a la empresa “Copamaco” que había llegado a la ciudad para realizar la pavimentación de varias cuadras, y que naturalmente para cumplir con esa tarea manejaba material altamente inflamable.

El mismo había sido alojado en un depósito ubicado en la esquina de Belgrano y Rivadavia, donde estalló el fuego, que no fue fácil de dominar por la incipiente dotación de bomberos voluntarios locales, cuerpo nacido en 1946, y que por lo tanto no contaba todavía con los elementos más adecuados para combatir las llamas, sobre todo con la vital provisión de agua, que era arrimada por los camiones regadores municipales.

Otro de los que la memoria registra siempre tuvo lugar exactamente el 23 de junio de 1952 en otro depósito de grandes dimensiones perteneciente a la empresa láctea “Finaco”, una importante industria que producía esencialmente leche en polvo y chocolatada, parte de la cual era exportada, además de ser una significativa fuente laboral para la ciudad.

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Vista aérea de lo que fue la planta de Finaco

Había construido su planta en unos amplios terrenos sobre la calle Blandengues casi Foster, y aledaña a las vías del ferrocarril, lo que le facilitaba la carga de mercaderías para su distribución y llegada a Buenos Aires.

El lugar, hoy se halla en estado de total abandono. La firma, originaria de Cañuelas, como tantas otras de la época, cuando Trenque Lauquen asomaba con convertirse en un gran polo industrial, cerró tiempo después del incendio. Parte de esas instalaciones fueron ocupadas más adelante por un supermercado, y en la continuidad del tiempo por una guardería infantil e instalaciones municipales.

UNA NOCHE DE FUEGO
Todo comenzó a arder en las últimas horas de la tarde, coincidentemente con la celebración de San Juan, cuando en todos los barrios se encendían fogatas acompañando el festejo, costumbre muy difundida entonces, con gran júbilo de los chicos encargados de acopiar desde días anteriores ramas secas y otros materiales para la combustión.

Nuevamente la situación sobrepasaba al novel cuerpo de bomberos. En mayo de 1946, el entonces Comisionado Municipal, Orestes Casano, había conformado una comisión a fin de crearlo, que presidió el sacerdote Juan Caroll, un descendiente de irlandeses, de fuerte carácter, en permanente polémica con el periodista Bartolomé González, propietario del semanario “Tribuna Radical”. Este lo criticaba en sus columnas sabatinas y el cura se las replicaba en sus sermones dominicales. Con los años, se supo que Caroll había abandonado los hábitos.

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“La Abuela”, primera autobomba que tuvo Bomberos

Por entonces, Bomberos, que alquilaba un local en Roca 580, al lado de la comisaría, sólo contaba con un camión usado, un Chevrolet modelo 1947, por lo que cada vez que se producía un incendio, debían acudir en auxilio los cuatro regadores de la Municipalidad para el abastecimiento de agua. Recién en febrero de 1953 tuvo su primera autobomba, un Ford V8, modelo 1937, que después de ser dado de baja, se conserva con el cariñoso mote de “La Abuela”.

Con esa precariedad – todavía sin uniformes, cascos y botas, que llegaron al año siguiente – y aún sumados numerosos vecinos que se acercaban con baldes de agua, el siniestro parecía estar lejos de ser controlado, por lo que se solicitó asistencia de otras ciudades, incluso no tan vecinas, como la de los bomberos de 9 de Julio, que arribaron entrada la madrugada.

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Estado de abandono de las viejas instalaciones de Finaco

Y tras empecinadas horas de lucha, el fuego recién cesó a mitad de mañana del día siguiente, aunque la destrucción del enorme depósito fue total, consumiendo toda la existencia de productos y envases, pero el resto de la fábrica, pudo ser circunscripta y resultó indemne.

Durante años, el incendio alimentó un dicho, que nacía cuando alguien preguntaba algo que desconocía y lo acompañaba con la expresión ¿Qué pasó con la Finaco?…