HOY EN… EL MIRADOR… CUANDO LA LANGOSTA ASOLABA LOS CAMPOS DE NUESTRA REGIÓN

Fue por las décadas del ’40 y ’50. El fenómeno generó enorme desasosiego por la acción destructora. El operativo para desterrar tucuras y langostas estuvo a cargo de los “langosteros”. La historia

Hoy existe una alerta ante la reaparición de la langosta en algunas provincias argentinas, como Chaco y Santiago del Estero que además amenazan con extenderse a otras cercanas, y preocupa porque ha sido uno de los más grandes flagelos que registra la historia, no sólo en nuestro país.

El hombre de campo siempre estuvo acosado por innumerables plagas que en muchos casos terminaban destruyendo todo lo que se sembraba, por lo que fue preciso luchar constantemente contra ellas. La tecnología permite en la actualidad contar con mayores y más efectivos recursos para ese combate.

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Manga de langostas sobre un campo

Sin ellos, décadas atrás obligaron al chacarero a recurrir hasta a elementales prácticas para defender sus cultivos ante la masividad del ataque del insecto, de tal proporción que estas “mangas”, como se las denomina, llegaban a oscurecer el día, porque hasta obstruían el paso de los rayos solares.

Trenque Lauquen y toda la región se vio sometida al mismo rigor, y allá por las décadas del ’40 y ’50 generaron enorme desasosiego por la acción destructora que conllevan langostas y tucuras. La principal diferencia entre una y otra, es que las primeras se desplazan cubriendo grandes distancias, en cambio las últimas, son más solitarias y permanecen en el lugar, aunque son igualmente depredadoras.

NI LA PLAZA DE MAYO SE SALVÓ
Una de las más elocuentes muestras de este fenómeno se registró en la mismísima Buenos Aires cuando en 1896, una manga de langostas dejó desnudos los árboles de la Plaza de Mayo, lo que determinó que los legisladores nacionales observaran en sus propias narices los peligros que representaba la langosta y comenzaran a tomarse medidas para proteger a la agricultura de semejante azote.

Fue el punto de partida para que hacia 1900 se creara en el ámbito del Ministerio de Agricultura y Ganadería, la Dirección Nacional de Defensa Agrícola y Sanidad Vegetal, y luego,dentro de esta, una división específica, la de Acridiología. orientada al combate de langostas y tucuras, síntoma manifiesto de la inquietud que estas generaban.

Mientras tanto, los agricultores debieron luchar a brazo partido contra esta plaga para poder salvar sus cosechas, con lo que tenían a mano, apelando, por ejemplo a chapas de zinc para rodear los cultivos, que oficiaban como una suerte de valla de contención.

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Parte de un lanzallamas

Paralelamente se usó otra arma casera en la tenaz pelea contra esta calamidad. Se trataba de un aparato lanza llamas, que funcionaba con algún combustible como el kerosene u otro, y que fue una herramienta esencial de todo agricultor para la destrucción de la langosta en su estado de mosquita o las saltonas que se amontonaban contra las barreras. Más adelante aparecieron empresas que se ocuparon de fabricarlos.

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Elaborando el cebo tóxico en una mezcladora

También se utilizó un cebo tóxico, que en principio la misma gente de campo podía prepararlos a base a afrecho, un subproducto del trigo, y otros componentes que podían adquirirse en los comercios.

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Apilan bolsas de cebo tóxico. Al lado, las máquinas esparcidoras

Pero se trataba de acciones individuales y la batalla contra langostas y tucuras exigía una respuesta más integral si se querían alcanzar resultados más exitosos, por lo que el gobierno decidió su elaboración masiva, y su aplicación en los campos mediante máquinas esparcidoras, que lo hacían abarcando una gran cantidad de hectáreas.

LOS “LANGOSTEROS”

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Marro en el centro, tercero de la izquierda

Por aquellos años, Trenque Lauquen tuvo una delegación del Ministerio de Agricultura y Ganadería, que algunos recordarán funcionaba en la esquina de Mitre y Dorrego – hoy se levanta allí un conjunto de departamentos en planta baja – y a esa sede fue destinado, luego de desempeñar funciones en otros puntos del país, Alcides José Marro, padre de nuestros convecinos Olga Marro de Larrubia y del ingeniero agrónomo Jorge Marro, quien dirigió junto a un equipo de colaboradores todo este operativo en la región contra los acridios, nombre genérico que reciben los insectos saltadores, como las langostas y tucuras.

Precisamente, quienes se ocuparon de esta tarea recibieron la denominación popular de “langosteros”.

Ahora sí, de aquellas épocas en la que muchos vieron malogrados los frutos de sus esfuerzos por no contarcon los elementos suficientes y apropiados para combatir la voraz plaga, se lograba un remedio más eficaz, que se completaría con la fumigación aérea, de la que participó un grupo de históricos pilotos trenquelauquenses, recordándose especialmente a Héctor “Paisano” Robles, Francisco Rinaldi, Jaime Simoni, y Raúl Goicochea.

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Montículo de langostas muertas

Hacia mediados de la década del ’50 prácticamente langostas y tucuras habían desaparecido, dejando de ser un riesgo grave para la agricultura, y una pesadilla para el hombre de campo.

 

 

DataTrenque agradece la colaboración con el aporte de datos y fotografías al Ing. Agr. Rubén Álvarez del INTA y a la familia Marro