HOY EN… EL MIRADOR… MUCHOS LO IDENTIFICABAN CON TRISTÁN, PERO EN EL SUR, KIRCHNER ERA “LÚPIN”

Los sobrenombres que se asignan a algunas personas suelen venir, a veces desde su mismo nacimiento, y otras de la infancia, de la adolescencia, del colegio, de los amigos, de algún rasgo físico, o de algún hecho puntual que los haya caracterizado, entre otras razones

Esto se debe, sin dudas, a que los alias representan una de las formas más extendidas del ingenio nacional, según lo explica el sociólogo Julio Mafud en su ensayo “Psicología de la Viveza Criolla” dónde resalta que “los motes, la viveza y la cachada son la creación más peculiar del arte popular argentino”.

No han quedado exceptuados los hombres de la política, en todos los tiempos. A Domingo Faustino Sarmiento le decían “el loco”, por su fuerte temperamento y decisiones intempestivas; Julio Argentino Roca era “el zorro”, por su astucia política y militar; Hipólito Yrigoyen “el peludo”, por su carácter taciturno; Juan Domingo Perón “pocho”, por la marca de la gorra que solía utilizar; Eduardo Duhalde “cabezón”, aludiendo al tamaño de su cabeza; “chupete” era Fernando De la Rúa y “gato” Mauricio Macri.

Cuando el ex presidente Néstor Kirchner se hizo más conocido en el ámbito político y más aún al acceder a la Presidencia de la Nación el 25 de mayo de 2003, mayoritariamente el público lo identificó con Tristán, por su semejanza con el actor cómico, sobre todo en el detalle del ojo desviado, aunque él a veces se motejaba como “pingüino”, por su procedencia patagónica.

Precisamente, poco antes de fenecer su mandato lo utilizó para sembrar en un acto el misterio respecto de quien sería el candidato de su espacio de modo enigmático: “Será pingüino o pingüina”. Fue finalmente pingüina.

PERSONAJE DE HISTORIETA
Sin embargo, ya desde Santa Cruz arrastraba otro apelativo que le habían asignado sus amigos de la adolescencia. Para ellos siempre fue, según donde decidieran poner el acento, Lúpin o Lupín o Lupo como tercera alternativa.

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Guerrero de gran parecido a Kirchner, con su avión

El apodo nació del personaje de una historieta de esas con las que crecieron generaciones, idea del dibujante Guillermo Guerrero, a su vez de notable parecido con Kirchner, y corresponde a la autocaricatura del propio Guerrero. De ahí que el sobrenombre del ex presidente le cayó por el parecido con el protagonista de la historieta.

Lúpin cobró vida en octubre de 1959, en las páginas de la revista Capicúa, donde trabajaba Guerrero, a quien se le solicitó que concibiera un nuevo personaje. Inmediatamente, como el dibujante era además piloto civil, lo imaginó aviador.

Pensó que el nombre podría ser el correspondiente a una de las partes que componen el avión o en su defecto el de alguna maniobra de vuelo, inclinándose por la segunda alternativa. Eligió para ello una de las piruetas en la que están entrenados los pilotos acrobáticos que se denomina con el vocablo inglés “looping”, que devino en el castellanizado “lúpin”, como sería su pronunciación. Esta arriesgada práctica aérea se produce cuando el avión describe un círculo completo en sentido vertical.

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Guerrero explicaba así a Lúpin: “Es un aviador que da instrucción, hace vuelos de bautismo, toma difíciles misiones y se entrevera en aventuras. Sin duda es un buen tipo, intrépido, que suele meterse en líos y logra salir airoso”.

Cuando se enteró de que ese era el mote del santacruceño le escucharon decir: “Le voy a hacer un dibujo en colores con la banda presidencial y se lo voy a mandar a la Rosada”, y aunque cumplió, nunca tuvo respuesta.

Tal era el peso del apelativo que en Río Gallegos cuando Carlos Menem se baja de la segunda vuelta en el 2003 consagrando automáticamente a Kirchner como presidente, las calles se atestaron al grito de “¡Vamos Lúpin!” “¡Lúpin presidente!” e hicieron trascender al país el verdadero sobrenombre.

Desde su Santa Cruz natal soñaban con imponer su apodo a nivel nacional. Nada de Néstor o Kirchner. Simplemente “Lúpin”. Para eso, los asesores de campaña del ex presidente mandaron a componer un jingle que impulsara el sobrenombre. Pero la inesperada muerte del ex mandatario mandó al archivo a la canción.

CON RITMO DE CUMBIA
Se trata de una cumbia que arranca: “Porque la gente necesita continuar con el proyecto / por el campo, por los jóvenes, por los niños y los abuelos”. La voz suma entre triángulos y pianitos: “Hay un hombre que quiere ayudar al pueblo / la gente lo conoce y quiere tenerlo” y a partir de ahí repetidamente “Lúpin, Lúpin, pueblo, pueblo / Lúpin, Lúpin, votaremos”. Y finaliza: “Porque la cumbia es pueblo y el pueblo quiere a Lúpin”.

Esta no era la primera vez que los asesores de campaña apelaban a la cumbia para un tema de campaña. En 2009, los publicitarios convocaron a la agrupación “Los Perucas”, encabezada por Agustina, la hija del ex secretario de Medios José “Pepe” Albistur para que le pusieran ritmo a un tema, y con el cerraron la campaña a las legislativas de 2009.

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Néstor y Cristina en su juventud

En La Plata, en cuya Universidad Kirchner se graduó de abogado, y allí conoció a la también ex presidenta y actual vice Cristina Fernández, sus amigos nunca se enteraron de su apelativo sureño. Era Néstor, para todos. Lo pintaban como un “flaco desgarbado, de pelo largo, de personalidad muy enérgica, al que le encantaba hablar de política”, y le añadían dos cualidades: “tomador de mate y fumador de cigarrillos negros”.

Con Cristina se casó también en la capital bonaerense, pero sólo por civil, en el Registro de City Bell, a pasos de La Plata, y después lo celebraron con una modesta fiesta, donde en algún momento, los amigos de ambos comenzaron a cantar “La Marcha Peronista”, con gran disgusto del padre de la novia, que se identificaba con el radicalismo, y dentro de él, con la corriente balbinista.

Después ambos se radicarían en Río Gallegos. En el sur, Néstor volvería a ser “Lúpin”.